¿Qué raro es el sentimiento de orfandad cuando alguien a quien no conociste se muere, ¿no?
A muchos de ustedes, Glen Hansard puede no sonarles ni un poquito, pero para eso vine hoy acá.
El señor que cantaba las heridas nació en Irlanda el mismo día (21 de abril) que quien les escribe, pero de 1970. A los 13 le dijo «no nos vemos» a la escuela y se metió de lleno a tocar música en la calle. Algo que terminó formando parte fundamental de su manera de ver, sentir e interpretar el arte.
Veinte años exactos después fundó The Frames y ahí fue donde llegó esta humilde servidora a deleitarse con los sonidos de la Irlanda alternativa. Bueno, no exactamente en 1990, sino un par de años después.
Una década y media tuvo que pasar para que, una noche random, llegara a mis descargas de uTorrent Once. Como buena melómana, le presto atención a cada soundtrack de cada cosa que veo. Algunos me parecen «meh», otros «bien» y otros, simplemente, te atraviesan.
No sabía de qué se trataba, no sabía quiénes la protagonizaban y, de repente, me encontré con un irlandés de rulos, paradito en la calle, guitarra en mano, cantando desoladamente «Say It to Me Now». Y lloré. Así, sin mediar contexto ni motivo alguno, lloré.
Entonces comprendí el poder de quien había escuchado años atrás y a quien no le había prestado la atención suficiente. El poder de hacer sentir al otro con una simpleza, tan simple como difícil de lograr,emociones que atravesaban la pantalla de una forma mucho más visceral.
Y así, cantando, contó el amor, el desamor, la esperanza y la manera de vincularnos a través de las pequeñas cosas.
Háganse el favor de verla y de escuchar, con el corazón permeable, el maravilloso soundtrack que compuso junto a Markéta Irglová (la otra protagonista). Tan maravilloso que «Falling Slowly» ganó el Oscar a Mejor Canción Original. De una vereda de Dublín al estrellato.
El señor que le cantaba a las heridas
¿Por qué le digo así?
Porque Glen Hansard escribía sin demasiadas metáforas ni grandes adornos. Escribía sobre temas cotidianos y existenciales con la pluma de quien le cuenta a un amigo lo que le está pasando, lo que ve, lo que siente, lo que cree que es justo, lo que le está haciendo jirones el alma y lo que lo impulsa a seguir.
A eso se le sumaban interpretaciones que pasaban del susurro de una nana al desgarrador grito de «esto me está partiendo el pecho en 48.000 pedacitos». Y créanme que es imposible permanecer inmune ante la contemplación de ese don interpretativo.
Dicen que uno siempre vuelve a los lugares donde fue feliz. Él siempre volvió a la calle como escenario. La prefirió por encima de la parafernalia de los grandes conciertos y las puestas en escena.
La imagen del irlandés de rulitos, solo con su guitarra con agujeros de tantos rasgueos, que aparece en la primera escena de Once, es la misma imagen de sus conciertos. Un frontman sin necesidad de ropa extravagante, luces ni bailes; un artista que atraía, cual flautista de Hamelín, solo por ser un hipnótico trovador. Honesto, íntimo, pasional. Un símbolo del nexo entre la tradición del folk irlandés y las nuevas generaciones.
Hoy lo lloran, lo celebran y le rinden homenaje músicos, actores y personas del mundo de las artes.
Hoy muchos sienten ese sentimiento de orfandad del que les hablaba al principio, con la repentina ausencia del «músico de los músicos». Porque sí, es difícil.
Es difícil no sentir una cierta tristeza cuando quien parte es el que le cantó a las despedidas.
Es difícil no sentir una cosita en el corazón cuando quien parte es quien, justamente, nos enseñó que estamos acá para conmovernos. Porque, si no, ¿para qué?
Nota: La película no está disponible de forma permanente en las plataformas de streaming, así que hay que salir a buscarla. Sus discos con The Frames, The Swell Season y como solista están disponibles en prácticamente cualquier plataforma musical.
2 comentarios en “El músico que nos enseñó a conmovernos”
«El señor que le cantaba a las heridas»…Muy bueno
Excelente ni me sonaba ??