“cuídate de mí, amor mío
cuídate de la silenciosa en el desierto
de la viajera con el vaso vacío
y de la sombra de su sombra.”
Alejandra Pizarnik, Árbol de Diana, “Sólo la sed”
Venus tiene una forma espectacular de moverse en el cielo. Tiene ciclos muy definidos temporalmente que permiten establecer sincronicidades fabulosas y una geometría cósmica que parece de novela.
Preparate para un artículo profundo, porque hablar de Venus en Escorpio desde la superficialidad de retornos amorosos es un fraude. Así que si querés saber qué onda con el ex, pasá de largo, esta nota no es para vos. Si querés entender por qué va y vuelve, seguí.
Astrológicamente, Venus está asociada con el deseo, el amor, el placer, el valor que damos a las cosas y nuestra manera de vincularnos. Cuando retrograda, la interpretación astrológica tradicional propone una revisión de aquello que creemos querer y valorar, pero se trata de algo mucho más profundo.
En 2026, el movimiento es en Escorpio (igual que en 2010 y 2018), signo asociado simbólicamente con la intensidad emocional, la pérdida, la intimidad, los celos, el poder y aquello que permanece oculto. Hay algo particularmente escorpiano en “el vaso vacío” de Pizarnik, por eso elegí esos versos para empezar. El vaso vacío conserva simbólicamente la forma de aquello que alguna vez contuvo. Es decir: el amor ya no está, pero el cuerpo del deseo permanece (vacío de significado).
Si te da fiaca leer, le pedí a la IA que hiciera un podcast con este contenido para que puedas escucharlo. Igual, guardá este artículo para volver aquí, porque vas a necesitar esta información:
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Un poco de tecnicismo astral
Los primeros que lograron entender el ciclo de Venus fueron los babilonios y dejaron sus conocimientos plasmados en La tablilla de Venus de Ammisaduqa (1650 a.C), un diario de observación de 21 años. Del otro lado del mundo, los mayas descubrieron el mismo ciclo. No hubo contacto entre ambas civilizaciones, que observaron el mismo cielo y llegaron a la misma conclusión.
Los ciclos de Venus tienen ocho años y se miden entre cada Venus Star Point (el momento en el que, visualmente, Venus se junta con el Sol en un mismo grado visual). Estos encuentros son de dos tipos: superior e inferior. El superior es cuando el encuentro se produce con Venus en posición directa y no la vemos, porque está detrás del Sol. Es inferior cuando Venus está por delante del Sol y sucede cuando Venus está retrógrada. Es decir, en este caso.
Venus Star Point
Los encuentros de Venus y el Sol suceden cada nueve meses en diferentes signos y cada 8 años en el mismo. Sí, hay una gestación entre cada encuentro. Entonces podríamos hablar de que en un Venus Star Point inferior hay un reseteo interno, un repensar lo que realmente deseamos de un vínculo, una pausa. Y en un Venus Star Point superior hay una toma de decisiones respecto a la revisión que inició nueve meses antes.
Los Venus Star Point sucesivos, van formando una flor de cinco pétalos en el cielo y, cada ocho años, se juntan en el final de una flor que es el comienzo de otra. Estamos en ese punto, que comenzó hace ocho años. Sí, lo que estaría retornando ahora empezó en 2018.
Venus comenzó su retrogradación el 3 de octubre (el sábado) en 8° de Escorpio, se encuentra con el Sol el 24 de octubre y vuelve hacia Libra el día siguiente para volver a ponerse directa en el grado 8º de escorpio, donde empezó a retrogradar, recién el 14 de noviembre. Así que es un mes y medio de duelo porque con este tránsito aparece la Venus que queda después de la muerte de Adonis. No la amante triunfante, ni la mujer que posee al amado. Está la mujer del deseo después de la pérdida: sed, vacío, sombra, silencio.
Leer más sobre la flor de Venus: https://www.geogebra.org/m/z9hzphwd
¿Quién es Adonis?
A Venus la conocemos bastante, quizá no se sepa que nació del esperma derramado de Urano sobre el mar para el fastidio de Saturno, que quería evitar la descendencia de sus hermanos y quedarse con el trono de los cielos. Esta pelea la resolvió Júpiter, pero eso es otro tema.
Ahora bien, ¿quién es Adonis? No se trata de un dios, es un mortal de extraordinaria belleza, fascinado por la naturaleza y el mundo salvaje, tanto así que tenía dos amantes: Venus y Perséfone. Por decisión de Zeus, estaría una parte del año con una, otra parte del año con la otra y una tercera parte, con quién él quisiera.
Su nombre tiene una etimología exquisita y asombrosa. Los griegos tomaron el nombre “Adonis” de la palabra cananea Adón, que significa “Señor”. Mitológicamente, representa el arquetipo de la vegetación y, como ella, muere en otoño y renace en primavera. Aquí vemos una correspondencia con los ciclos inferior y superior de Venus.
Pero atención, porque la palabra Adonai (uno de los nombres hebreos de Dios) también deriva del Adón cananeo y se vincula con el Adonis griego. No quiero decir que Adonis es Dios, porque los griegos eran politeístas y Adonis era un mortal. Quiero decir que la palabra Adonai con la que el mundo judeocristiano identifica a Dios no es “el Creador” sino La Naturaleza. Esto lo dijo el filósofo Baruj Spinozza y semejante afirmación le costó la expulsión de la comunidad judía y su posterior persecución.
Venus y Adonis: el amor que termina mal
El mito de Venus y Adonis parece escrito para este tránsito. Venus se enamora de Adonis, pero Adonis no vive el amor de la misma manera. Ella intenta protegerlo de los animales salvajes que a él le encantaba cazar y le advierte sobre los animales peligrosos. Él no escucha. Sale a cazar un jabalí y muere corneado. La diosa llega tarde.
Este mito, en la versión de Ovidio, termina con la sangre de Adonis convertida en flor de anémona (la flor que Venus dibuja en el cielo). La diosa del amor no consigue conservar al amado; solamente consigue conservar su recuerdo. Es una diferencia enorme.
El amor no obtiene aquello que quería. Obtiene un símbolo. Una flor. Un ritual. Una memoria. Un duelo. Y cuando esta película se proyecta en Escorpio, se trata del territorio simbólico donde Venus tiene que enfrentarse con aquello que no puede poseer. La historia de Adonis tiene esa dimensión escorpiana: el amante pertenece simultáneamente al mundo de arriba y al mundo de abajo. Al mundo de los vivos y al de los muertos.
Por eso Adonis no es solamente el amante muerto. Es el amante que desaparece y regresa. El que está y no está. El que pertenece simultáneamente al deseo y a la muerte. Y esa es una de las grandes imágenes de Venus retrógrada en Escorpio: volver sobre una historia que aparentemente terminó para descubrir que todavía tiene algo que decirnos.
El ciclo de Venus retro en Escorpio
Más arriba comenté que los ciclos de Venus se cierran cada ocho años y que este tránsito está asociado con el mismo tránsito en 2018. Y, a su vez, el de 2018 está vinculado al de 2010 y el de 2026 al de 2034.
Momento: no hablamos aquí de que el mismo amante regresa cada ocho años, con Venus retrógrada en Escorpio, a complicar la existencia y hacernos revisar nuestro vínculo con el deseo y el amor. Terminantemente NO.
Acá estamos hablando de Venus retrógrado en Escorpio, es decir: Adonis muerto, en el inframundo con Perséfone y Venus convirtiendo la sangre del amado en una flor cósmica, en una estrella. Lo anterior fue una explicación para entender el simbolismo arquetípico del macrocosmos traducido a un microcosmos humano en el que cada energía del arriba tiene una correspondencia con las energías del abajo. Veamos
2010 – 2018 – 2026
Si atendemos a la geometría venusina, cada 8 años se completa una flor de 5 puntas. Estos puntos o vértices de la flor no son siempre en Escorpio. Escorpio es uno de los puntos. Entonces si tomamos el punto de Venus retro en Escorpio de 2010- 2018-2026, tenemos la siguiente frecuencia:
Flor del ciclo 2010 – 2018
2010 (28 de octubre – Escorpio) / 2012 (5 de junio – Géminis) / 2014 (11 de enero – Capricornio) / 2015 (15 de agosto – Leo) / 2017 (25 de marzo – Aries).
Flor del ciclo 2018 – 2026
2018 (25 de octubre – Escorpio) / 2020 (3 de junio – Géminis) / 2022 (8 de enero – Capricornio) / 2023 (13 de agosto – Leo) / 2025 (22 de marzo – Aries).
Flor del ciclo 2026 – 2034
2026 (24 de octubre – Escorpio) / 2028 (1 de junio – Géminis) / 2030 (6 de enero – Capricornio) / 2031 (11 de agosto – Leo) / 2033 (20 de marzo – Aries)
Esta geometría repetitiva de Escorpio – Géminis – Capricornio – Leo – Aries significa: muerte del amado – Pensamiento – Reestructuración – Ilusión de nuevo – Nacimiento de un proyecto – muerte del amado. Así de novelera y trágica es Venus, pero… el 21 de octubre de 2034 Venus retro en conjunción inferior al Sol ya no estará en Escorpio sino en Libra.
Porque el ciclo floral o estelar de Venus no es un círculo, es un espiral. La geometría se repite, pero se va desplazando. Sería algo así como que cada ocho años Venus vuelve a la tumba, al lugar de la muerte simbólica. No para recuperar lo perdido ni para revivir lo muerto, sino para ver qué hizo con ella la ausencia de aquello que perdió.
¿Vuelve o no vuelve?
Si alguien viniera a una consulta conmigo y me planteara en este momento la duda de: volvió mi ex, no sé qué hacer. Yo le preguntaría, ¿estabas con él/ella hace ocho años? ¿Y en el 2010? Porque en estos tránsitos las cuestiones regresan, no necesariamente para renovarse o para terminar definitivamente, sino para mostrarnos quiénes somos luego de ocho años, de dieciséis y quienes queremos ser dentro de ocho años hacia adelante, en los temas vinculares.
Quizá no se trate de la misma persona, quizá no volvió un ex, sino que conociste a alguien, igual que en 2010, que aquel vínculo se terminó en 2018 y ahora, en 2026 aparece de nuevo el personaje (no la persona) por la que te sentís atraído/a porque te recuerda el personaje que fuiste vos y que ya no sos. No es regreso, es nostalgia.
Por eso parece mágico, trascendente, especial. Pero Venus retro es Escorpio dice: no estás recuperando al amado, sólo su recuerdo, sólo estás viendo la flor renacer, el símbolo, el ritual y la tumba en perpendicular a la estrella sobre el punto alto del cielo.
Ahora, si la que me estuviera contando que volvió su ex es una amiga, no le haría un análisis astrológico, sólo le diría: ¿Y en serio pensás que esta vez se va a quedar?
Venus no repite la historia, repite la geometría. Pero el cielo no responde sólo a Venus y Venus es parte de un cielo que es siempre distinto.
24 de octubre: día clave del mes
El 24 de octubre es el día más crítico del mes, porque la narrativa estelar es una secuencia que empezó el 3 y que conduce a la desilusión final de la que hablaba más arriba y que viene con el arrastre de ocho años.
La Venus retro en Escorpio de 2018 se produjo en una tensión fuertísima con Marte y Urano. La combinación de Venus (quiero conservar esto) con Marte (quiero actuar) y Urano (quiero liberarme) fue directo a una ruptura de las expectativas respecto a la manera de vivir el deseo.
En 2026, cambia Urano, pero aparece Plutón (sí, Plutón en acuario hasta en la sopa). Si Urano (que también respondía a la regencia sobre Acuario) marcaba ruptura, sorpresa, liberación y cambio repentino, Plutón (que está en Acuario pero también responde a Escorpio) traza un plano diferente a partir de la transformación profunda, el poder, el ego, el apego, la pérdida del control, la muerte y la regeneración.
Pero el 24 de Octubre no es una fecha colgada, responde a un proceso.
La receta estelar de un final
El 18 de octubre, la luna (Perséfone) se junta con Plutón, es una luna creciente, así que viene de transformación plena y el pase de información desde el inframundo. Ese mismo día Venus retro en Escorpio hace sextil con Lilith en Capricornio, algo así como que hay una estructura obsoleta que se corta para terminar con lazos afectivos o emocionales carentes de sentido. Esto es implacablemente realista.
El 20 de octubre, apenas unos días antes de la conjunción Venus-Sol se produce una cuadratura perfecta entre Venus y Plutón. La secuencia es casi narrativa:
18 de octubre (Luna conjunción Plutón): se empieza a cavar la tumba.
Mientras Lilith sextil Venus: la agonía de lo que ya no puede sostenerse.
20 de octubre ( Venus cuadratura Plutón): muerte simbólica.
24 de octubre (Venus conjunción Sol): nuevo ciclo.
Con oposición a Kirón retro en Aries: empieza el duelo de la pérdida sin retorno.
Más conjunción Luna – Neptuno – Saturno en Aries: la certeza de la desilusión final.
¿Y Marte?
Ahhh, mirá qué interesante se pone todo. Te dije arriba que la Venus retro en Escorpio de 2018 estaba en cuadratura a Marte, el gran amante de Venus. En ese momento, Marte estaba en conjunción a Lilith, ambos en Acuario. Marte ahora está en conjunción a Júpiter en Leo y en oposición a Plutón que ahora cuadra a Venus y el Sol. Pero no es todo.
¿Te acordás que te dije en el eclipse que lo que se muere en el eclipse leonino del 12 de agosto no se ve el día del eclipse? Bueno, Marte y Júpiter están en el mismo grado del cielo en donde sucedió el eclipse del 12 de agosto, en oposición al Plutón acuariano que cuadra a Venus retro en Escorpio. Y pará, el Sol está en el mismo grado exacto en el que se encontraba el punto del infortunio en la carta del eclipse del 12 de agosto.
En conclusión: final de finales para modos vinculares que empezaron en octubre de 2010, tuvieron el punto de inflexión en octubre de 2018 y que el eclipse de sol del 12 de agosto de 2026 anunció.
¿Se termina una historia?, quizá. ¿Es el final de una forma de vínculo?, definitivamente. ¿Puede ser el inicio de algo nuevo? No, si se pretende sostener el mismo patrón, la misma geometría.
La desilusión final
¿Por qué algunos finales nos desilusionan tanto? Porque esperamos que el final justifique todo lo anterior. Creemos que una relación que fue intensa tendrá un final extraordinario, que después de tanto sufrimiento llegará la revelación, que el esfuerzo desembocará necesariamente en algo hermoso. Pero muchas veces no ocurre. La historia termina. Y punto.
No hay epílogo satisfactorio, ni explicación. Tampoco hay justicia poética. Eso es muy Venus–Adonis, porque Venus, después de haber amado, perseguido, advertido, deseado y sufrido, no consigue salvar a Adonis.
Sin embargo, Venus hace algo profundamente humano, para honrar el amor hacia un mortal: transforma la pérdida en significado. El cuerpo de Adonis desaparece, pero queda la flor, el recuerdo, el ritual. Ovidio presenta precisamente esa tensión: la transformación ofrece una forma de consuelo, pero la flor también es frágil y transitoria.
La lección de Venus retro
No se trata de que vuelva una persona. Vuelve una versión de nosotros mismos, aquella que amó, esperó, creyó, lloró una muerte e hizo un duelo. La pregunta incómoda en este último retorno es: ¿Estoy llorando por lo que terminó o por el final que nunca tuve?
Este final nos enseña que no volvemos a la historia, sino a la ilusión de la historia que creíamos que íbamos a tener. Y esa nueva muerte, trae la nueva desilusión.
Venus no se mata con Adonis, no desciende al inframundo a recuperarlo, no puede (ese es el territorio de Perséfone). Lo que hace Venus es darle otra forma a la pérdida. Convierte la sangre en flor, la muerte en ritual, la ausencia en memoria.
Los patrones regresan en su geometría cósmica no necesariamente para reunir lo disperso, continuar lo pausado o recuperar lo perdido. Regresan para que podamos comprender el pasado de otra manera, con la perspectiva del presente. Ahí está la diferencia entre esperar que algo vuelva y simplemente dejarlo ir.
Y esta vez, se va definitivamente. Por eso el final de estos ciclos es en Escorpio, porque no hay poder en retener, forzar o perseguir. El poder está en sentir, aceptar y liberar.
Ahí comienza la verdadera transformación escorpiana: cuando dejamos de preguntarnos ¿por qué terminó así? y empezamos a preguntarnos ¿qué nació en mí después de que aquello terminó?