Sueños de revolución: la última revolución del viñedo

Hacen vinos rescatando viñedos centenarios que sobreviven al avance inmobiliario. Una revolución agronómica contra la topadora.

Hay cosas que uno cree que van a estar para siempre en Mendoza, la Cordillera, las acequias, el zonda… La discusión sobre si el Malbec va con madera o sin madera, y las fincas. Bueno… Las fincas no.
Porque mientras seguimos vendiendo al Mundo la postal de Mendoza como “Tierra del Malbec”, puertas adentro cada vez más viñedos terminan debajo de una topadora para convertirse en lotes, calles internas y barrios privados con nombres de árboles que ya no existen.
Y ahí aparece una contradicción bastante mendocina: queremos conservar el paisaje, pero también queremos construir arriba de él.
Mariana Rodríguez Rolfi y Pablo Caparrós, dos ingenieros agrónomos, los cuales conozco mucho, ella nacida en Santa Fe, con alma Uruguaya pero lujanina por elección, y él lujanino de pura cepa, decidieron hacer algo bastante poco rentable para los tiempos que corren: mirar una finca vieja y preguntarse “¿cuánto vale si sigue siendo una finca?”.
Así nació “Sueños de Revolución”.

Foto: Mariana y Pablo en Vendimia

En 2019 comenzaron recuperando un viñedo centenario abandonado en Chacras de Coria, después llegaron otros. Viñedos históricos, algunos con plantas centenarias, que sobreviven en lugares donde el avance inmobiliario ya les está respirando en la nuca.
Y sí… Hacen vinos, pero el vino es casi la consecuencia. Trabajan en pequeñas escalas, con uvas provenientes de esos viñedos que, en muchos casos, están dando sus últimos años productivos. Recuperan plantas, cuidan el suelo, trabajan con agricultura regenerativa y rescatan una forma de producir que tiene mucho más valor que el que aparece en una escritura.
Encima, los vinos andan muy bien, algunos fueron premiados y llegaron a excelentes puntajes. O sea que resulta que una planta vieja todavía puede tener algo para decir. Después de décadas arrancando cosas porque eran “viejas”, ahora estamos descubriendo que algunas cosas viejas eran justamente las que había que cuidar. Como dirían en El Eternauta: “Lo viejo funciona, Juan”. Y en Mendoza también.

EL PROBLEMA NO ES SOLO LA TOPADORA

Sería muy fácil escribir: “Los inmobiliarios destruyen las fincas”. Fin. Tres aplausos, cuatro corazoncitos en Instagram y todos contentos. Pero la realidad es bastante más incomoda. Porque si un productor lleva años trabajando una finca que cada vez deja menos plata, tiene costos que aumentan, problemas de agua, falta de mano de obra y una montaña de gastos, y de pronto aparece alguien dispuesto a pagarle una fortuna por la tierra, es difícil explicarle que no venda porque “hay que preservar el patrimonio”.
El productor también tiene que comer. El problema es que estamos enfrentando dos economías con tiempos completamente diferentes. La vid necesita años. El ladrillo necesita una retroexcavadora. La planta piensa en generaciones. El mercado piensa en el valor del metro cuadrado. Y cuando gana el metro cuadrado, no solo desaparecen las plantas, también lo hace el suelo agrícola, la biodiversidad, paisajes, acequias, conocimiento y una parte de la historia productiva de Mendoza, es decir, su cultura.

LA REVOLUCIÓN QUE NO NECESITA UNA TOPADORA

Lo interesante del Pablito y la Marian, es que no pretenden congelar Mendoza en 1905, no quieren convertir cada finca en un museo.
Quieren producir, y ahí está, para mí, la verdadera revolución. Demostrar que conservar puede tener valor económico, que una finca vieja puede producir y que una planta antigua puede tener una genética, una adaptación y una historia que no se compran en un vivero. Que todavía podemos hacer agricultura sin pensar que todo lo viejo es descartable. Y que quizás la solución no sea prohibir que se vendan las fincas, sino conseguir que venderlas deje de ser la única alternativa económicamente razonable.
Ahí entra la política, ordenamiento territorial de verdad, identificación de viñedos históricos. Incentivos fiscales para quienes los mantengan en producción. Financiamiento. Acceso al agua. Asistencia técnica. Y una planificación urbana que no consista en esperar que aparezca el próximo barrio privado y después preguntarnos como carajo llegó hasta ahí.
Porque si dejamos que el precio del metro cuadrado decida qué parte del oasis queda y cuál desaparece, no estamos haciendo planificación territorial. Estamos tercerizando la política agrícola a la inmobiliaria, y una inmobiliaria, por definición, no estudió Agronomía. Aunque algunos parecen bastante convencidos de que sí.

Foto: Ultimo día de cosecha en Familia


EL ÚLTIMO RESPIRO


Por eso el trabajo de ésta hermosa pareja, merece ser mirado más allá de las botellas. Están intentando rescatar el último respiro productivo de viñedos que quizás, sin ellos, ya estarían convertidos en calles con nombres como “La Cosecha”, “El Tinto” o simplemente “El Malbec”. Ironías del progreso, un barrio llamado “Los Viñedos”, donde no queda ni una viña.
Una provincia que se promociona con la imagen de una finca y después permite que la finca desaparezca. Y ahí está la pregunta que deberíamos hacernos. ¿Qué Mendoza queremos dentro de cincuenta años? Porque si queremos seguir siendo una tierra vitivinícola, no alcanza con producir buenos vinos. Hay que conservar los lugares donde esos vinos pueden seguir existiendo.
Mi consejo como agrónomo, la próxima vez que pasen frente a una finca vieja, no miren solamente cuánto vale el terreno. Miren las plantas, las acequias, el paisaje y piensen cuánto tardó todo eso en llegar hasta ahí. Y si no somos capaces de hacer que conservarla sea rentable, algún día vamos a tener que explicarles a nuestros hijos por qué el barrio “Los Viñedos” no tiene viñas. Y ahí, mendolotudos, no habrá vino que alcance para brindar por la decisión.
Gracias Pablo y Mariana, por hacer esta revolución silenciosa: por cuidar esas viñas de Mendoza que todavía algunos queremos seguir teniendo. Ojalá nunca falten locos que entiendan que salvar una finca también es salvar nuestro patrimonio.

Ing. Agr. Don Brote

Instagram: @donbroteingeniero

NOTA AUSPICIADA POR:

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4 comentarios en “Sueños de revolución: la última revolución del viñedo”

  1. Como siempre Don Brote sus artículos son excelentes además de informativos ; deja salir la luz que otros tratan de ocultar.
    Felicitaciones a Mariana y Pablo por tan lindo proyecto!

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