Seamos sinceros: se romantiza demasiado el término «sanar». Lo pintan como un viaje, un hobbie nuevo, un “sé vos mismo” con frases de calendario.
Pero la realidad es otra. Sanar no es lineal, no es lindo, no es un paseo.Sanar es crudo, incómodo despiadado.
Es enfrentarte con lo que te rompe, con lo que te pesa, con lo que te arrastra. Es mirarte al espejo y bancar lo que ves, aunque no te guste. Aceptar que hay días que no levantan por ganas que le pongas, que hay golpes que no se olvidan fácil.Es también incomodar a los demás. Porque cuando empezás a soltar lo que te hace mal, no todos lo entienden, no todos lo celebran.
Es un proceso que te deja solo muchas veces, y ahí se mide la actitud: bancar la soledad, bancar el ruido interno, y seguir.No es negar lo áspero, sino atravesarlo. Porque solo al final, cuando te liberás de lo que te hace mal, aparece lo bueno. No antes. No con frases hechas. Sino después de la pelea, cuando el cuerpo queda marcado y la cabeza más fuerte.
Sanar no es un cuento romántico. Es un combate. Y como todo combate, deja cicatrices. De esas que te recuerdan que sobreviviste, que seguiste, que no aflojaste.Al final, lo que importa no es el proceso perfecto, sino la certeza de que lo enfrentaste que no evitaste nada y fuiste al frente. Y ahí, en esa crudeza, está la verdadera victoria y quizás ese final feliz que todos merecemos .
1 comentario en “Sanar sin cuentos”
Excelente amiguito