La sucesión de Alfredo Cornejo ya está en marcha. Luis Petri se mueve, Ulpiano Suárez blanqueó que se prepara para gobernar y dentro del radicalismo aparecen distintos nombres y sectores buscando quedarse con el sillón de San Martín. Mientras tanto, Cornejo intenta ordenar la alianza con La Libertad Avanza y, según trascendió, pretende tener el esquema electoral bastante definido antes de fin de año.
La elección de 2027 no se va a jugar solamente entre nombres. Se va a jugar entre dos modelos de Mendoza.
Uno es el de la Mendoza radical que conocemos: administración prolija (ponele), equilibrio fiscal (digamos), obra pública medida (demasiado), minería, petróleo, turismo, vino y una fuerte identidad provincial.
El otro modelo es el de la Mendoza que mira cada vez más hacia la Casa Rosada y acompaña el programa económico de Javier Milei: menos Estado, menos gasto, reformas estructurales, apertura a inversiones y una relación mucho más estrecha con Nación.
Cornejo está parado exactamente en el medio de esos dos mundos; viene acompañando buena parte del rumbo económico nacional, pero al mismo tiempo necesita conservar algo que Mendoza tiene desde hace años: autonomía política. No es una diferencia menor.
El problema es que Milei ya no está solamente en Buenos Aires
La política nacional se está metiendo hasta la cocina mendocina. El Gobierno nacional presentó el Presupuesto 2027 y el Congreso vuelve a ser escenario de una discusión central sobre el rumbo económico.
Al mismo tiempo, el oficialismo nacional está preparando su propia arquitectura electoral para 2027 y Mendoza necesita negociar con ese Gobierno. Necesita Nación para infraestructura, energía, inversiones y reglas económicas. Pero también defender sus propios intereses.
Mientras tanto, Mendoza saca la calculadora
Cornejo acaba de enviar a la Legislatura una nueva Ley de Hidrocarburos. El proyecto cambia el esquema de regalías, incorpora incentivos para recuperar producción y establece reglas específicas para desarrollar el petróleo no convencional de Vaca Muerta en Mendoza.
Esto no es un detalle técnico, es la Mendoza que viene. Si la provincia consigue convertir petróleo, minería y energía en nuevas fuentes de ingresos, puede cambiar su estructura económica durante décadas.
¿Qué hacemos con esa plata si algún día llega? Porque Mendoza ya tuvo épocas de vacas gordas y vacas flacas. Sabemos que sacar recursos del subsuelo no garantiza automáticamente que la plata termine transformándose en mejor calidad de vida.
Hace falta discutir qué se hace con las regalías, qué pasa con el agua, qué queda en los departamentos productores, qué infraestructura se construye, qué empleo se genera. Y, sobre todo, cómo se evita la de siempre: que el desarrollo termine siendo una fiesta para pocos y una cuenta para todos. Y algo todavía más complejo, cómo se evita que la avaricia política permita el desarrollo sólo en departamentos que se enamarcan dentro del mismo color y deje afuera los que no.
La billetera se digue achicando
A la gente, en verdad, le importa bastante poco quién continúe gobernando después de Cornejo. Lo que la gente quiere es saber hasta cuándo se le va a pedir el esfuerzo de seguir achicando el changuito y conseguirse changas para llegar a fin de mes sin reventar la tarjeta que le va a consumir la mitad del sueldo en el siguiente resumen.
El mendocino piensa qué va a hacer si el comercio o la empresa en la que trabaja, cierra; si puede garantizar que su hijo siga estudiando o consiga un buen empleo, si va a poder pagar el alquiler y ayudar a los padres con los remedios.
La economía nacional tuvo un primer semestre complicado en variables como inflación, salarios, empleo y actividad. En agosto, la inflación acumuló 20,3% en el año, aunque el registro mensual mostró una desaceleración respecto de meses anteriores.
Y esa realidad nacional termina entrando por la acequia, cuesta arriba, no hay frontera provincial que pueda detenerla.
¿Puede Mendoza construir un proyecto propio sin depender de los vaivenes nacionales?
Mendoza tiene identidad propia dada por el Paso internacional, su matriz agroexportadora y su industria vitivinícola. La discusión del 2027 debería ser bastante más grande que quién encabeza una lista, porque la importancia del votante está en poder sostener aquello de lo que vive. Si vamos a innovar, que sea sin perder los recursos y la identidad.
Los que sacamos cuentas todos los días, sabemos que eso pesa más que la ideología. En las elecciones todavía queda un poquito de la esperanza en que podemos dar vuelta la historia con un voto.
El balance que se mide en ese momento no es quién es el mejor, sino quien puede garantizar un mejor futuro sin hipotecar el presente.
Te la sigo el lunes que viene…