Me arruinó el día, pero todavía no la vida.

Colapso maternal. El momento clave entre callar o expresar lo que realmente sienten las mamás en el punto más alto del cansancio.

Sí, puedo con todo (pero ¿a qué costo?)
Estas vacaciones pasé tanto tiempo con mi hijo ( y falta una semana ) que llegué a una conclusión científica: sí, las madres podemos con todo. Pero el tema es a qué costo.

A ver, existe una grieta entre las mamás que no debería haber ( pero la hay) esas que pintan las vacaciones perfectas. La realidad es que para el final del día, después de procesar tanta sobreestimulación, berrinches y gritos a lo youtuber, te agarra esa angustia que te dan ganas de llorar en el baño. Explotás vos, explota la criatura y explota la paz de toda la familia.

El ejemplo perfecto fue ayer. Salimos. La pasamos re bien, hermoso todo… pero a mí me costó diez años de vida y la mitad del sueldo. Porque esa es otra: son unas máquinas de gastar plata. La comida, los viáticos los juguetes y el pororó donde sea ( que terminan en el piso).

Pero lo peor es la previa. Para salir, la logística de una madre en vacaciones de invierno es más dificil que encontrar una suegra que te quiera. Es una locura:

  • Tenés que prever la muda de ropa por si se ensucia (o por si se vuelca el jugo que le compraste).
  • El bolso con los pañales, los pañuelitos, el agua.
  • El juguete preferido actual.
  • Y EL juguete que tenía justo en la mano dos minutos antes de cruzar la puerta, porque si se lo dejás en la mesa, te arriesgás a un atentado terrorista en forma de berrinche en medio de la calle.

Cargás con todo eso en la cabeza. ¿Y los padres en general? Ellos se bañan, se cambian, se ponen perfume y salen. Corta. Frescos como una lechuga. Toda esa carga mental invisible de prever el Apocalipsis la llevamos nosotras en la espalda. Pero bueno, no me quiero desviar: de la paternidad relajada y de la famosa frase de Maru Botana que estuvo dando vueltas sobre cómo ellos a veces ni se enteran de lo que pasa, vamos a hablar en profundidad en la próxima nota. Guardate la indignación que se viene picante. YO AVISO.

Volviendo a ayer: en un momento de la salida, entre el berrinche número quince, los gritos y los tirones, colapsé por dentro, lo miré y le dije con el alma: «¡Basta, por favor te lo pido! ¿No ves que me estás arruinando el día?».

Ah, sí… capaz que alguna «mami perfecta» de Instagram se agarra la cabeza al leer esto. Pero, ¿saben qué? Está perfecto decirlo. Hay que remarcarlo. Si te guardás esa frustración y la dejás adentro, es peor, te va arruinando por dentro de verdad. Explotar y decir «me estás arruinando el día» en ese momento exacto es salud, porque es lo que sentías y lo que necesitabas sacar para afuera. No te hace menos madre; te hace real.

A la noche, cuando el terremoto por fin se duerme, te sentás a tomar algo en silencio, mirás el techo y reflexionás con el living detonado de fondo. Lo mirás ahí durmiendo, tan angelical, y pensás: «Y… sí, hoy me arruinaste el día. Pero bueno… por suerte todavía no me arruinaste la vida»….

NOTA DE LA AUTORA: gracias a todas esas mamis que me saludan cuando me ven con la bendi en algún evento. Si me ven llorando por favor abracenme con una ramita o lancenme un chocolate y se me pasa.

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1 comentario en “Me arruinó el día, pero todavía no la vida.”

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