La Masa

En un día tormentoso, una masa de alta hidratación cobra vida.

Era una tarde de franco, de un día tormentoso. Después de haber doblado por quinta vez la masa para ciabatta y colocarla en la heladera, se sentó en el teclado para continuar con su otro pendiente. Bajar e instalar alguna de las I.A. 

No tenía intenciones complicadas. No buscaba expandir sus conocimientos, ni controlar nada. Solo le molestaba los cada vez menos ocasionales carteles de: no podemos hacer ese dibujo. O el más desesperante: la versión sin censura es paga. 

Los clicks del mouse se alternaban con el teclado mecánico. De fondo la lluvia y algún que otro trueno. No le gustaba la música cuando la concentración era absorbente. La obsesión impulsaba la claridad, y no admitía distracciones.

Tampoco se detenía a limpiar. Una de las ventajas de vivir solo. Podía focalizar sus acciones y dejar pendientes.

Digamos que el ambiente fue propicio. Una fermentación particular, un plegado eficiente y harina transgénica hicieron que las cadenas de Gluten fueran muy largas. 

La falta de higiene y el ambiente húmedo del día tendía puentes a través del aire y las cosas desde la cocina a la pc de escritorio.

El edificio era viejo. Partes del cableado eran nuevas, pero los caños eran de hierro. 

Un rayo impactó en algún pararrayos de la ciudad. La corriente fluyó entre las construcciones por culpa de la deficiente instalación. Y fue justo cuando oprimía la tecla enter del teclado.

Luego, un bajón de tensión.

Sintió un ruido en la cocina. Fue hacia allí. La masa se movía y había tirado la tapa de la olla donde fermentaba. Un pseudópodo había roto un paquete de harina. Su tamaño, a menos de una hora de la preparación superaba el doble del original. Y tenía un leve resplandor azul.

Mientras movía las cosas de la mesada, un pequeño zarcillo le tocó y sintió una voz en su cabeza: quiero más

…

Habían pasado veinticuatro horas y la masa se esparcía por sobre la mesada de la cocina, buscando alimento. Planificó como pudo la forma de expandir aquello. Por un lado que aumentara de tamaño y por otro, alguien debía tocarla.

Puso todos los paquetes de harina que su limitado presupuesto pudo conseguir en el lavarropas. Junto a el, la pileta serviría de espacio adicional.

Acomodó en la olla más grande la masa. Una pequeña hebra salía del recipiente y rodeaba su muñeca. En su cabeza junto a la obsesión que lo movía en aquella directiva, estaban las sensaciones de hambre y miedo. 

Volcó el contenido del recipiente en el lavarropas y el mazacote empezó a tomar el interior. En su cabeza sintió una sed imperiosa y no abrió la canilla, sino que tomó un bidón de veinte litros de agua y lo vació en la pileta. Una precaución egoísta mantenía cerradas las cañerías hacia el tanque principal del edificio. Aunque existía un límite, al no encontrar alimento para seguir creciendo ¿Pero, y si tocaba a alguien más?

A medida que la masa crecía, burbujeaba y abarcaba el lavadero empezó a entender y dejó de sentir. El mandato de alimentarla creció. Y la obsesión fue ocupando el cerebro.

Debía conseguir más harina, y más recipientes que la contuviera. Las ideas, lass sensaciones y las tareas se fueron esfumando. En medio de la claridad estaba el mandato. Expandirse.

Su mente era un paraíso. No existía el sobrepensar. Ni las ideas yendo y viniendo. Solo el hilo fundamental de la supervivencia. 

Miró sus pies, y los zarcillos se extendían por el piso. Caminó por el departamento y una finísima red cubría todas las superficies. 

Sintió somñolencia, y dolor corporal. Decidió acostarse.

La habitación olía a levadura, y la red rodeaba convergentemente la cama. Cayó sobre ella y se durmió muy rápido.

[continuará]

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