Hermano Inaco. La vida masónica de San Martín

La pertenencia masónica de San Martín es uno de los temas que más divide a nuestros historiadores. ¿La Logia Lautaro era masónica o política?

La vida masónica de San Martín constituye uno de los enigmas que, siglos después, sigue despertando interés. Pocas figuras de la historia argentina están tan rodeadas de símbolos, silencios y controversias.

El viernes 14 de agosto estuvo en Mendoza Pablo Lázaro, el Gran Maestre de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones. Fue recibido en la Cámara de Diputados de la Provincia para disertar sobre el pensamiento, los valores y la dimensión histórica de José de San Martín. (https://www.masoneria-argentina.org.ar/agenda-institucional-y-conmemorativa-en-la-provincia-de-mendoza/).

Esto abrió nuevamente el debate respecto a la figura masónica del Libertador de América.  

La masonería europea

La masonería es antiquísima. No obstante, la masonería moderna surge con la fundación de la Gran Logia de Londres, en 1717. En 1723 se publicaron las reglas, escritas por James Anderson, que definieron los principios morales y filosóficos de la Orden, que se siguen sosteniendo: Libertad, Igualdad y Fraternidad bajo el lema de Ciencia, Trabajo, Justicia y Virtud.

En los tiempos en los que San Martín desembarcó en Europa (1784), existían tres grandes monarquías: Francia, Inglaterra y España. Las tres se disputaban la hegemonía marítima y de las tierras americanas. Europa no sólo era un revoltijo de nobles, sacerdotes y espías, sino que las intrigas palaciegas se habían extendido a los grupos políticos, religiosos y militares.

Tan intenso era el tema de las intrigas, que los masones de entonces usaban seudónimos sólo conocidos por los integrantes del mismo grupo o Logia. ¿Por qué las Logias eran secretas? Porque, ante el combate hegemónico al libre pensamiento, había que garantizar bajo juramento ritual que nada de lo que se hablaba allí sería divulgado.  

Organizarse, en tiempos de absolutismo monárquico, era complejo y la Revolución Francesa abrió un panorama que blindó las monarquías y el sostén de la Iglesia. Eran tiempos difíciles y no sólo se jugaban la vida, sino también el honor y la carrera.

Cuando estos hombres volvieron a las colonias americanas, también trajeron el secretismo bajo el cual se organizaban los grupos que querían la libertad principalmente de los Reyes Católicos. La pertenencia masónica ofrecía la protección más leal y los vehículos más seguros de correspondencia; lo que garantizó la operatividad revolucionaria.

Este «secreto» (de los ritos, de las formas, de los integrantes), es lo que despierta toda clase de suposiciones respecto de la vida masónica de San Martín y las Logias a las que pudo pertenecer. Pero no es sólo cuestión de revisionismo histórico y de atender a la documentación disponible. Las sociedades iniciáticas secretas se reconocían a través de sus formas de hablar y de actuar y, dadas las características de su necesario hermetismo, no podían estar documentando todo sin lugar a dudas o trabajando abiertamente sin cuidados.

El trabajo histórico, tratándose de sociedades secretas, nunca tendrá suficiente documentación. Esta ausencia de certezas definitivas permite la creación de todo tipo de mitos y, también a la inversa, la minimización de hechos reales.

Logia Lautaro ¿masónica o política?

La tradición masónica argentina (que se remonta a las reuniones secretas en la jabonería de Vieytes y en la casa de Miguel de Azcuénaga) sostiene que la Logia Lautaro fue de carácter masónico y que San Martín perteneció a ella con el nombre iniciático de INACO.

Esto también está presente en la monumental Historia de San Martín escrita por Bartolomé Mitre. Pero este último hace una distinción: una cosa es decir que una organización utilizaba formas masónicas para su organización y otra muy diferente es afirmar que se trataba de una logia regular.

Una logia regular debe estar inscripta y tener un “permiso” que dice que está autorizada a funcionar bajo determinada autoridad masónica. Este permiso se denomina “Carta patente” y es como el DNI de la Logia, su personería jurídica dentro de la Orden. Pero en Argentina recién en 1852 estuvieron dadas las condiciones institucionales para que se reconocieran formalmente las primeras logias regulares. Entonces tampoco se puede negar que con anterioridad a esa fecha las haya habido, aunque no hayan estado reconocidas regularmente.

En criollo: los masones pueden formar organizaciones que funcionan masónicamente pero eso no significa que en sus reuniones realicen rituales masónicos. Esta es una de las discrepancias históricas: qué se hacía en las reuniones de la Logia Lautaro.  

Sus integrantes se reconocían como “Hermanos”, existían grados de incorporación, había secreto respecto a los objetivos superiores y se sostenían los mecanismos masónicos de disciplina interna. Su finalidad declarada era trabajar por la independencia y la felicidad de América, procediendo con honor y justicia.

Existen testimonios y tradiciones que sostienen que San Martín fue iniciado en España, específicamente en la Logia Integridad (o Caballeros Racionales Nº3), una Logia de Cádiz que nucleaba a los militares y liberales opositores al absolutismo, alcanzando allí el grado de Maestro Masón. No hay un acta de iniciación que permita cerrar definitivamente la cuestión. Es probable, de todos modos, que se haya iniciado bajo un nombre iniciático, atendiendo al contexto de la época.

En 1811 San Martín confluyó en Londres con otros americanos en la Logia «Flor de los Americanos» o filial de Los Caballeros Racionales Nº7. Allí entabló contacto con redes de apoyo político y financiero y con proyectos geopolíticos globales de emancipación sudamericana.

El historiador Carlos Campana señalo que, en informes recuperados, el nombre de San Martín en la Logia Lautaro era Inaco. Y que en comunicaciones de círculos masónicos peruanos, trataban a San Martín como Venerable Hermano Inaco. Esta afirmación aparece repetida en numerosas fuentes, publicaciones y correspondencia. (https://www.infobae.com/cultura/2023/10/26/la-vida-masonica-de-san-martin-un-aspecto-poco-conocido-en-la-vida-del-padre-de-la-patria/?outputType=amp-type&utm_source=chatgpt.com).

Existe una carta dirigida al Gral. Guillermo Miller, inglés con quien San Martín tenía comunicación fluida, en la que el Libertador se mostró extremadamente reservado cuando el general inglés quiso obtener información sobre las Logias de Buenos Aires.

A pesar de la confianza mutua y la admiración que se profesaban, la respuesta de San Martín fue que no consideraba prudente hablar de ellas porque “eran asuntos privados y habían tenido una gran influencia en los acontecimientos revolucionarios, pero revelar esos secretos implicaría faltar a compromisos que consideraba sagrados”.

El Libertador no admitió pertenencia explícita, no negó la existencia de las Logias, no explicó su funcionamiento, sólo guardó silencio. Tan extraordinaria reserva no solo atiende a la particular personalidad de un líder indiscutido, sino que hace gala de la sutil discreción requerida en los círculos iniciáticos a los que, de no pertenecer, no tendría por qué proteger.

Más allá de la discusión institucional, hay algo que resulta históricamente indiscutible: San Martín estuvo profundamente vinculado a personas, estructuras y formas de organización provenientes del universo de las sociedades masónicas de su época.

El Ejército de Los Andes

San Martín llegó a Mendoza en 1814 para asumir como Gobernador Intendente de Cuyo. Aquí encontró las condiciones necesarias para transformar una idea estratégica en una empresa militar concreta: la organización del Ejército de Los Andes.

La construcción del ejército, la fabricación de armas, la obtención de los recursos, la disciplina de las tropas, la preparación de la campaña hacia Chile, requirieron no sólo una gran capacidad de organización sino de una red estratégica de contactos.

San Martín no trabajaba aislado. Existía una trama de militares, políticos, comerciantes, intelectuales y patriotas que compartían el proyecto independentista de la Logia Lautaro. No obstante, el liderazgo sanmartiniano nunca fue pacífico. Austero, inflexible con la disciplina y ajeno a las intrigas políticas del Río de la Plata, despertó admiración, pero también resentimientos. Algunos oficiales lo consideraban distante; otros, demasiado poderoso. En ese clima cargado, durante 1816 salió a la luz un episodio casi borrado de la historia oficial: un complot para asesinarlo antes de que el Ejército de los Andes cruzara la cordillera.

La versión más aceptada señala que el plan fue descubierto a tiempo gracias a «confidencias internas» y que San Martín fue alertado antes de que pudiera ejecutarse. Hubo sumario militar, declaraciones cruzadas y un silencio posterior que no fue casual. El Libertador ordenó frenar la investigación. Temía que, profundizarla, fracturara el Ejército en el momento más delicado de la causa.

El expediente dejó una sombra incómoda: el nombre de Juan Gregorio de Las Heras apareció mencionado, aunque nunca se logró probar su participación y San Martín decidió no dar crédito al rumor. El nombre de Manuel Dorrego también apareció vinculado a la conspiración y fue apartado del Ejército por orden de San Martín.

Lejos de terminar en Cuyo, las amenazas reaparecieron en Perú, en donde nuevamente aparece Las Heras vinculado. El plan, de existir, fracasó porque no contó con el apoyo de la oficialidad ni de la tropa. Los soldados eran tenían un gran respeto a San Martín.

Bartolomé Mitre sostuvo que Las Heras le confirmó la existencia de ese complot durante una conversación en Chile, en 1849. No es verificable, lo que obliga a tomarlo con cautela. Mitre, como historiador, no está exento de sesgos.

La tradición masónica ha interpretado la acción sanmartiniana como parte de una fraternidad continental que conectaba Europa, Buenos Aires, Chile y Perú. Por el norte, Simón Bolívar y Francisco de Miranda hacían lo propio, respondiendo también al mismo esquema organizativo y tampoco exentos de complots internos.

La historiografía académica sigue siendo prudente: reconoce la existencia de esas redes y la pertenencia de José de San Martín a ellas, pero no las califica como masónicas.

El secreto como herramienta política

Hoy asociamos la masonería con una tradición filosófica e iniciática. Pero a comienzos del S XIX, las sociedades secretas podían cumplir también una función política muy concreta. Y en un territorio colonial sometido a una monarquía católica, el secreto era una herramienta de supervivencia para los grupos independentistas.

Compartir determinada información, siempre codificada, solamente con quienes habían demostrado compromiso y jurado lealtad permitió organizar movimientos revolucionarios sin exponer toda la estructura. Las batallas americanas por la libertad no fueron solo una guerra de ejércitos; fueron principalmente batallas de ideas y proyectos políticos.

La masonería argentina reivindica a San Martín como uno de sus grandes hombres y vincula su figura a la hermandad masónica. Lo que enciende la discusión no es la pertenencia masónica de San Martín, sino hasta qué punto el lenguaje, la organización y los valores masónicos influyeron en la manera en la que San Martín y los independentistas concibieron la emancipación americana. Este es el núcleo de la negación.

Quienes niegan la pertenencia masónica de San Martín atienden al peso de la ausencia documental y van más allá. Según esta corriente, cuando San Martín murió no hubo homenajes masónicos, ni discursos, ni símbolos, ni apropiación de su figura por parte de la masonería rioplatense. La construcción de la figura masónica del Libertador apareció para legitimar la genealogía histórica del liberalismo.

A esto se suma la sí documentada profesión de fe y práctica católica del General, que fue promovida y practicada en el Ejército. Si bien la Masonería promueve el pensamiento libre de dogmas y el ejercicio de la duda filosófica, no impide a sus iniciados profesar una fe, ni combate ninguna práctica religiosa porque eso sería contrario a la Libertad.

Sin embargo, la Iglesia sí tiene numerosos documentos que condenan a la Masonería por considerar sus prácticas y creencias incompatibles con la fe católica. En esos documentos, las prácticas y creencias masónicas consideradas peligrosas son: el secreto de sus reuniones, el naturalismo, la indiferencia religiosa, la promoción de la enseñanza pública y laica, y la soberanía del pueblo como gobernante que delega el poder en sus representantes, los cuales no son elegidos directamente por Dios.

Que San Martín se opusiera al absolutismo monárquico no lo convertía en un liberal anti-clerical; pero su fe religiosa tampoco es contraria a la promoción de la libertad como un instrumento concreto que garantiza la independencia de los pueblos y de la educación como herramienta para combatir la tiranía.

Negar la pertenencia masónica del General fundando razones de fe e imposiciones clericales, en épocas en donde la Iglesia gerenciaba las monarquías corruptas y viceversa, es reducir la claridad de su inteligencia y el temple de su carácter.

El Libertador y el iniciado

Más allá de todas las especulaciones que rodean a la Masonería, el masón es un ser que se trabaja a sí mismo como un elemento útil a la construcción de un proyecto colectivo. Ese trabajo íntimo y personal requiere una o varias renuncias en las que el iniciado va dejando atrás los vicios mediante el desarrollo de virtudes.

Cada transformación implica nuevos desafíos, los cuales llevarán necesariamente a mayores esfuerzos para el desarrollo de un ser virtuoso. La vida del Libertador estuvo en constante movimiento y cada una de las responsabilidades que adquiría estaba asociada a un nivel superior de aptitud y mayor reconocimiento entre iguales y subalternos. Su liderazgo no se contruyó a partir de imposiciones sino del respeto y la admiración a su calidad humana y a su genialidad política.

En Guayaquil se dio la prueba de fuego. La reunión fue a puertas cerradas porque había secretos que sólo ellos conocían, había un lazo que los unía más allá de lo que la historia diría.(https://www.laizquierdadiario.com/El-encuentro-de-San-Martin-y-Bolivar-en-Guayaquil). El retiro de San Martín, posterior a la reunión con Bolívar, tiene un valor incuestionable desde la mirada masónica.

Dos hombres, dos proyectos, dos trayectorias que llegan a un mismo punto. Uno se retira, abandona el poder, decide no enfrentarse.

No fue cobardía, no fue estrategia, no fue negociación. Fue el testimonio impecable de cómo opera la Fraternidad en la esfera masónica.

Más allá de las redes, los secretos, las conspiraciones inglesas contra el poder español y la expansión de las ideas de la Revolución Francesa, según las propias palabras del Libertador: “Si hay victoria en vencer al enemigo, la hay mayor cuando el hombre se vence a sí mismo”.

Por eso es que aunque la historia pueda seguir discutiendo la pertenencia masónica de San Martín, la Masonería lo rescata como una de sus figuras emblemáticas.

El hombre, en la cima del poder, decide retirarse antes de que dos pueblos hermanos con un enemigo común se atraviesen en armas por la falta de acuerdo de sus generales. Esa renuncia histórica engrandece su figura. Porque entendió la Libertad como bien superior, la Fraternidad como deber para el progreso moral y la Igualdad como dignidad suprema.

Detrás del Libertador hay un hombre que supo ver que las grandes transformaciones de la historia no siempre se plasman en un papel, sino que se trazan geométricamente en la arquitectura del tiempo y se firman con un apretón de manos que se honra hasta el final.

El silencio puede enaltecer el misterio y la duda, dejar en el plano del mito lo que podría ser certeza. Pero los hechos dicen más que las palabras y los documentos; y la verdadera grandeza siempre estará en la construcción de la Obra, en el Legado, en la inmortalidad de quien, como los grandes héroes de todos los tiempos, se trascendió a sí mismo en cada victoria como en cada renuncia.

Quien tenga ojos para ver, que vea. Quien tenga oídos para oír, que oiga.

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2 comentarios en “Hermano Inaco. La vida masónica de San Martín”

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