Halloween: ¿celebración o ritual diabólico?

Halloween yanqui, la cruz chacana de los incas, el día de muertos mexicano y el Samhain celta ¿Qué tienen que ver?

Desde hace siglos la noche de Halloween ha sido utilizada para entrar en contacto con entidades espirituales. El origen la fiesta del fin de verano (fin de la cosecha, en el hemisferio norte) es de origen celta y es llamada Samhain. La fecha mezcla celebraciones infantiles con rituales oscuros.

Con la cristianización, se impuso el 1º de noviembre como «Día de todos los Santos» y se impulsó un trabajo de reconversión de esta fiesta celta por considerala pagana. En México esta celebración tiene otros matices y se honra el espíritu de los familiares difuntos con diversos rituales. 

«Mi abuela siempre decía que a los muertos hay que dejarlos descansar en paz. Pero yo pienso que algunos no quieren descansar y que otros no están en paz. Quizá tampoco estén tan muertos». Este es el primer párrafo de mi libro, cuyo cuento La mosca en la tela de araña, publiqué en esta página hace unas semanas.

Mis experiencias con lo que excede el plano físico ha sido un camino de curiosidad y de inquietud frente a lo único seguro que tenemos desde que nacemos: vamos a morir.

La antropología tiene una enorme bibliografía dedicada a los rituales de muerte, sepultura y posterior vinculación de los vivos con sus muertos, en todas las culturas.

La fecha de fin de octubre y principio de noviembre no es casual. Hay un calendario ancestral que la marca.

La cruz Chacana de los Incas

El vocablo Chaca Hanac significa: el puente a lo alto. Es la denominación de la constelación de la Cruz del Sur y constituye la síntesis de la cosmovisión andina. Asimismo, es un concepto astronómico ligado a las estaciones del año. Se utiliza para dar sustento a la estirpe y es la historia viviente en un anagrama de símbolos que significan, cada uno, una concepción filosófica y científica de la cultura andina.

En esta cruz, sus extremos horizontales o “espacios sagrados” corresponden a los equinoccios, los cuales se consideraban uno masculino y otro femenino.

Los extremos verticales que corresponden a los solsticios, se dividían en la mitad de los “seres celestiales” y la otra mitad los “seres terrenales o subterráneos”.

Como se puede observar en la imagen, entre cada solsticio y equinoccio hay un punto medio que se observa también como fecha clave y en donde se realizan rituales vinculados al aspecto esotérico de las fechas solares.

Solsticios y equinoccios

Lo aprendimos en la primaria: los equinoccios son los momentos en los que la luz llega a su momento de exacta relación con la oscuridad. Misma cantidad de horas al día para cada una.

A medida que el calendario avanza hacia el próximo solsticio, dependiendo si se trata de junio o de diciembre, y también dependiendo del hemisferio, se van aumentando las horas de luz o de oscuridad hasta llegar al punto máximo de una de las dos.

Mientras más al sur o más al norte nos encontremos en las coordenadas geográficas, más extensa será la luz de un lado y la oscuridad del otro. Para las culturas antiguas esto era mucho más que un fenómeno solar, se trataba de una relación intrínseca con la vida y la muerte.

Los puntos medios

2 de mayo: día de la Chacana, entre el equinoccio de marzo y el solsticio de junio.

1 de agosto: celebración de la Pachamama, entre el solsticio de junio y el equinoccio de setiembre

2 de noviembre: día de difuntos, entre el equinoccio de setiembre y el solsticio de diciembre.

2 de febrero: bendición de los cultivos, entre el solsticio de diciembre y el equinoccio de marzo

El día de muertos: entre katrinas y mariposas

En la cultura mexicana, el día también se vincula a la cosmovisión solar de la cruz chacana en cuanto a “puente”.

Todas las culturas primitivas (previas a la llegada de las religiones monoteístas) veían a la muerte como un pasaje entre mundos. De esta manera el ciclo vida/muerte/vida era un continum semejante al de las siembras y las cosechas. Entendían a la naturaleza como un ciclo de regeneración constante.

Así, los antepasados se honraban como raíz, algo que el poeta José Luis Bernardez definiera con tanta belleza como “lo que el árbol tiene de florido, vive de lo que tiene sepultado”.

Así, en México, el altar del día de muertos se construye como portal físico y espiritual para que las almas regresen temporalmente del Mictlán (el inframundo) al plano de los vivos.

El Samhain celta

Mientras en el Hemisferio Sur la fecha se vincula a la mitad entre la primavera y el verano y la fecundidad de lo que está “bajo tierra” esperando salir a la luz, en el Hemisferio norte se celebra el final de la cosecha.

Esta celebración es de origen celta, pero este final de cosecha tenía también una implicación mística, pues como los días comenzaban a hacerse más cortos, el ritual implicaba una despedida a «Lugh» o dios Sol.

Los celtas celebraban en esta fecha su fin de año y la señal era la caída de las hojas como símbolo de final, de la muerte o iniciación de una nueva vida, de una transmutación espiritual. Y como se trata de paso, también se abre un portal energético.

Con ese objetivo hacían ofrendas de dulces y frutos (en agradecimiento por la cosecha) y encendían velas para que los difuntos encontraran el camino de la luz y el descanso junto a Lugh. 

De aquí se tomó el cristianismo para celebrar, la festividad de los Santos difuntos y al día siguiente, la de los Fieles difuntos. En el primer caso para honrar a los mártires anónimos y en el segundo, para elevar oraciones por las almas en proceso de purificación espiritual.

Como el cristianismo consideraba que Samhain era una fiesta pagana, con la celebración de los días de Santos y Fieles difuntos se pretendía «contrarrestar» la movilización de fuerzas «oscuras».

Halloween

La palabra Halloween es de raíz anglosajona y proviene de la contracción de All Hallow´Eve, que en castellano se traduce como «Víspera de todos los Santos».

Las calabazas

El origen semítico de la palabra calabaza se vincula a la raíz “CRA”, que significa “cortar”. De la raíz “cra” deriva la palabra cráneo. Pero hay más. En los evangelios se habla del monte Gólgota (donde se crucificó a Jesús), literalmente, como el “lugar de la calavera”.

En las culturas antiguas, a los enemigos se les cortaba la cabeza y se las exhibía como trofeos de guerra. Los mayas las utilizaban para jugar su “juego de pelota”.

Hay una idea ancestral de “cortar la cabeza del enemigo” como símbolo de victoria sobre el mal. Y el hecho de la crucifixión en el Gólgota tiene esta simbología de triunfo de la vida sobre la muerte (porque Jesús resucitó, si no, no tendría sentido).

Una calabaza iluminada equivale, esotéricamente, a un cráneo en el que hay conciencia. Y una luz en la oscuridad equivale a un punto de atención para quien desea esa luz porque la ha perdido.

Por tanto, la calabaza iluminada es un símbolo que a los vivos les recuerda la muerte y a los muertos, según Samhain, les indica el camino hacia la luz.

Máscaras y disfraces

Cuando hablamos de disfraces, en general, las celebraciones tienen como objetivo la diversión independientemente de quien es quien.

El disfraz tiene connotaciones de ocultamiento y también de revelación; porque uno lo elige en relación al deseo de pertenencia, con la participación de un alter ego en comunidad. El yo se diluye en la máscara social.

Utilizar disfraces y máscaras en un momento en el que las culturas ancestrales consideraban abierto un portal entre el mundo de los vivos y de los muertos, es neutralizar la posible distinción en el aspecto de unos y otros.

Ustedes me dirán: yo sé que estoy vivo. Y los muertos que han quedado en el plano intermedio sin encontrar el camino hacia la luz, dirán lo mismo.

El problemita esotérico

El hecho de que las celebraciones de Samhain y del día de Santos se junten crea una fricción energética entre el mundo de la materia y el mundo espiritual, que facilita la interacción entre ambos.

Entre rituales esotéricos y religiosos se hace un rejunte de conceptos que parecen los mismo pero no lo son. Esa confusión aparentemente inofensiva es lo que genera la potencia del egregor que se forma.

Todos, absolutamente todos los grupos energéticos trabajan en Samhain. Ya sea con energías luminosas o de las otras. Cuando digo «las otras» me refiero a los grupos que trabajan con el “bajo astral”, el limbo en el cual se encuentran los espíritus desorientados, los que murieron en negación, trágicamente, con cuentas pendientes que no les permiten seguir el camino. Sí, espiritismo.

La noche del 31 de octubre es un punto ciego que produce confusión y lleva a personas que desconocen el verdadero poder de las energías a hacer rituales que las exponen a desequilibrios en su campo electromagnético personal y crean fisuras por donde ingresan las energías que no son adecuadas para una correcta alineación. 

Dicho de otra manera: si llamás a tus muertos, vienen; si les indicás el camino, lo siguen. Si les pedís algo, intentan realizarlo.

¿Y entonces qué hacemos?

Cada uno es libre de realizar el ritual, oración o práctica que crea conveniente. Desde lo personal no recomiendo el encendido de velas, ni danzas a la luz de la Luna, ni limpiezas energéticas de piedras o talismanes.

Si vas a hacer altar para tus muertos, que sea en el exterior de la casa. Si te vas a disfrazar, no te emborraches. Si te vas a emborrachar, no deambules por la calle. Si te vas a pintar como las katrinas, que sea con la conciencia del memento mori: recuerda que morirás.

Hay que estar muy bien alineado con la energía y saber protegerse de las influencias a las que nos exponemos si abrimos nuestro campo electromagnético en estos momentos. 

Y aunque no hagamos ninguna de estas actividades, ser concientes de que incluso la meditación puede resultar peligrosa si la persona no protege su campo aúrico porque las energías luminosas y oscuras están en un momento de “lucha” entre portales.

Recordar a los muertos no es malo, honrarlos con alegría y nostalgia es una muestra de amor y de reconocimiento al origen de la vida.

Plantar un árbol, cantar una canción, juntarse en familia y desear su buen tránsito hacia el otro plano son actividades más acordes a nuestra cultura y es parte de lo más noble que podemos hacer en su memoria.

Hay que dejar que el portal cierre y que no quede aquí nada de lo que debe estar allá o, de lo contrario, el caos energético se volverá más intenso en su precipitación física y material. 

Comprender la oscuridad es la antesala de la luz, aceptar la muerte como parte del ciclo es lo que permite la regeneración. Dejar partir a los muertos es el reconocimiento de que todo final puede ser un nuevo comienzo.

Este espacio es auspiciado por:

COMPARTIR

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *