He visto jugar a la mejor selección del siglo y mi corazón no deja de rendirle homenaje a estos tipos maravillosos.
Usted, capitán, es y ha sido el mejor de todos los tiempos. Esa camiseta que ha transpirado hasta el último aliento ha sido su compañera de los momentos más felices y más amargos junto a una pelota. Nuestro sentir estaba en ahí, en la celeste y blanca, por eso sintió siempre el peso de vestirla; pero por eso también este país futbolero ha estado siempre cerca de su corazón.
Le queda la historia, incomparable, de un equipo que deja una huella gigante en la cancha, en nuestra memoria y en el alma. Quizá parezca ingrato el resultado de hoy, pero no lo es. Nos ha dado la vida, hemos gritado cada uno de sus goles. La remera con su nombre es la más querida. El número 10 le queda chico, ha hecho más de lo que jamás imaginamos. Nos devolvió la ilusión, la pasión y el respeto sobre el césped.
Agradezco cada partido en el que la magia de la celeste y blanca me ha desbordado la ilusión. Guardo para siempre la felicidad de esa tercera estrella que nos tatuaron en el pecho. Nos han enseñado con sudor y coraje las lecciones vitales esenciales: el partido se juega hasta el final, acá nadie se rinde, y las Malvinas son argentinas ¡Carajo! La emoción del “minuto 78” quedará en nosotros con la firma de este equipo que, con usted al frente, hicieron temblar estadios al ritmo de nuestros saltos y cantos.
En este último rincón del mundo, con el cielo nublado y el viento frío, mi corazón late con la sangre del “Dale campeón, dale campeón”, porque el oro es de ustedes y el orgullo de hacernos sentir así les pertenece.
Lloro con usted este último partido, siento en su lágrima el peso de la nostalgia, me duele que no sea eterno en esa zurda perfecta y en ese enojo argento hasta la médula.
Argentina está rendida a su gloria, agradecida de todo lo que es y ha sido para nuestra selección, con el corazón hecho un puño por la tristeza que podemos hacer carne al verlo despedirse.
Ojalá, y en esto hay casi un ruego, me equivoque y no sea el último partido. Pero es injusto pedirle más. Lo ha dado todo, como el gigante que es. Cuelgue los botines tranquilo, capitán, su trabajo está cumplido y sobradamente merecido tiene todo lo que ganó para usted y para nosotros.
Gracias es la palabra más pequeña que existe para rendirle un merecido respeto a su genio, a su fútbol, a la poesía de sus pies. Sean eternos los laureles que supieron conseguir.
Hasta siempre, capitán. Nunca lo olvidaremos.
1 comentario en “EL ÚLTIMO PARTIDO”
Agradezco a Dios ser contemporáneo del mejor jugador de todos los tiempos.