En el Génesis 11:1-9 se habla de cuando la humanidad tenía un solo idioma, entonces se le ocurrió construir una torre que llegara al cielo, La Torre de Babel. A Dios eso no le gustó nada y confundió, con un abracadabra, sus lenguas para impedir que se entendieran. Al no poder comunicarse, la construcción se detuvo y las personas se dispersaron por toda la Tierra, dando origen a la diversidad de naciones e idiomas.
El lenguaje es la posibilidad de comunicarse con el resto del mundo a través de diferentes sistemas, por ejemplo la escritura o el sonido. También son válidos los grafitis subversivos, las señales de humo invisible, una caricia que se convierte en una cachetada, una mariposa en llamas, la respiración cavernosa y cavernaria del rinoceronte que vive bajo mi cama, el pulsar de una civilización durmiendo en mi pecho, el sudor de los insectos, los gritos del amor, entre otras cosas. Todo eso también es lenguaje, todo se expresa.
El pensamiento es un virus, no sé si del espacio exterior o del magma mismo, entonces el lenguaje se manifiesta como la fiebre y en ella se tienen alucinaciones. Cae del cielo como un barrilete alcanzado por un misil tierra-aire Patriot, atraviesa una nube de neón y se estrella contra el piso. No hay sobrevivientes.
Es amarillo, porque tiene azafrán y un poquito de tomillo. Es invisible, como el pensamiento, aunque está ahí, como el sol en la noche. Está en las manchas infinitas de la piel de un jaguar, en el código Morse del silencio, en el código binario, en las gotas de agua que se repiten y en el ADN de las moscas kamikazes.
El lenguaje es un glitch en la maraña de mentes del millón de personas que me rodean. Todos desconocidos, todos amorosamente indiferentes.
Es una boca que oficia de lanzallamas, no confundir con un dragón. Probablemente en el espacio exterior el lenguaje tenga la posibilidad de ser un virus altamente contagioso, que propaga una enfermedad cuyos síntomas son el hedonismo extremo y la maturbación crónica.

El lenguaje se tira desde la punta de la lengua, usándola como trampolín. Se estrella en el suelo a falta de una piscina. Dice mamá y tiene Edipo, también tiene hipo. De alguna manera es lenguaje una tortilla de papas, un pez muriendo fuera del agua, un ángel cortándose las venas. Es efímeramente eterno, es un pollo corriendo sin cabeza dejando un reguero de sangre verde.
El lenguaje es puro bla bla.
A veces, a pesar de hablar el mismo idioma, no nos entendemos, aunque nos hablemos a los gritos.

