Día del Veterinario Argentino

El 6 de agosto se celebra en Argentina el Día del Veterinario, en conmemoración a la inauguración de la primera escuela de veterinaria del país, en la provincia de Buenos Aires el 6 de agosto de 1883. 

A la gran mayoría de mis colegas la idea de estudiar veterinaria, y dedicarse a eso les vino como una vocación de muy chicos, como el amor a primera vista, que yo, hasta ahora, nunca he experimentado. En mi caso fue un amor más intenso, pero que se fue dando con el tiempo, cuando mi curiosidad infantil se transformó en un querer saber todo de todo, y aprovechando que mi madre, y colega, también por ese entonces estaba estudiando veterinaria, empecé a leer libros de medicina, y a acompañarla a la facultad, la que fue mi niñera. 

Viví rodeada de animales, y quizá a la hora de pensar que quería estudiar, veterinaria no fue la primer opción, y mi madre jamás quiso obligarme a lo mismo. 

Si recuerdo tener una vocación de servicio hacia la medicina, así fue que entre perder un año de mi vida estudiando psicología, después seguí a mi intuición y me pregunté “¿Y si es veterinaria?»

Creo que nadie estudia veterinaria con la idea de transformarse en millonario, sino porque no te imaginás haciendo otra cosa. Cada materia, cada profesor, cada experiencia universitaria tiene dos caminos posibles: O te das cuenta que la veterinaria no es lo tuyo, y abandonás (que es lo que le pasa a la mayoría de la gente que ingresa en primer año), o seguís adelante, confirmando que es a lo que te querés dedicar el dia de mañana. 

Cuando finalmente se obtiene el título se  cierra una etapa hermosa (y muy difícil), pero a la vez se comienza una nueva: La de llamar “colegas” a quienes antes eran tus profesores. 

La realidad es que la mayoría de nosotros al egresar ya tenemos algún tipo de experiencia pre-profesional en el rubro. Ya sea por pasantías en clínicas privadas, en el hospital de la universidad, o en la familia. Y uno tiene que elegir en el último año que es lo que desea hacer, si animales grandes (atención de caballos, vacas, cabras, toda la matriz productiva agropecuaria), pequeños (atención médica de perros y gatos), no convencionales (aves, fauna nativa o extranjera) o salud pública (departamentos de zoonosis de los municipios, atención en frigoríficos, etc). Si, los veterinarios estamos en más lugares de los que la gente se imagina, y detrás de cada asado que compras en la carnicería hubo uno de nosotros revisando esa carne, inspeccionando cada detalle para brindar la tranquilidad de que la carne no te va a producir ningún tipo de enfermedad.

Hay un concepto muy interesante que nos enseñan en la materia de epidemiología que es el concepto de “Una salud” determinado por la Organización mundial de la salud, en conjunto con dos organismos internacionales de salud animal y salud agropecuaria, ¿Y qué explica? Que la salud de los animales, las personas y el medioambiente no son tres entes separados, sino que la modificación de uno, afecta a los otros, la salud es una sola. 

Yo, en particular, soy veterinaria clínica de perros y gatos, aunque tengo más atracción por estos últimos, y soy testigo, todos los días, del vínculo que une a humanos con sus mascotas. Estoy segura de que hay gente que no debería tener mascotas, y que los humanos podemos ser sumamente crueles con ellos. 

Una de las cosas más comunes que veo, y que sería para modificar es el de no dejar que los animales sean animales. Si bien, como veterinaria, prefiero que la gente ame a sus mascotas, me parece importante que los amen como son, no como quisieran que sean, osea, los humanizan. No hay cosa más cruel que transformar a un animal en algo que nunca va a ser, para llenar alguna especie de vacío enfermo, y con esto he visto de todo: Gente que les da de comer lo mismo que comen ellos, que los engordan porque “así se ven más bonitos”, que les ponen zapatillas, trajes de ropa completa, rutina de skin care y hasta los llevan en coches a todos lados. 

Una de las bases del amor sano es “dejar ser” al otro tal como es, y los animales no son la excepción. 

También veo mucho algo que se ve en las personas también, el no aprender a dejar ir. Gente que lleva los tratamientos y prácticas médicas hasta el extremo para que sus mascotas vivan más. La calidad de vida es un pilar en todo ser viviente, y a veces en cuadros terminales, instaurar tratamientos agresivos va en detrimento de la calidad de vida. No hay cosa más difícil de aceptar para mucha gente que el hecho de que tanto perros como gatos, tienen una experiencia de vida mucho menor a la nuestra (no más de 15 años en promedio), y que el mejor acto de amor que pueden hacer es dejar ir en paz, y con amor. A mi me pasó, porque si bien soy veterinaria, también soy un ser sintiente. Pero cuando le llegó la hora a mi viejito de 12 años, nadie mejor que yo supo leer lo que decían sus ojitos, y lo dejé ir en mis brazos. 

Hay una frase muy buena de Louis Pasteur que dice “La medicina cura al hombre y la medicina veterinaria cura a la humanidad” y cada día no podría estar más segura de ella. 

Estamos expuestos a mucho estrés diariamente y eso muchas veces nos puede jugar en contra, porque tratar con la gente es muy desgastante (cualquiera que trabaje en atención al público me va a dar la razón), y más cuando están involucrados los sentimientos. Gente, si llevan a sus mascotas a un veterinario y no les gusta, no lo escrachen, insulten o bardeen, sepan que somos personas como ustedes que también nos podemos equivocar, y así como hay médicos buenos y médicos malos, también los hay veterinarios buenos y malos. Buscar una segunda opinión no está mal tampoco. Lo que está mal es faltar el respeto frente a alguien que te intenta solucionar un problema, ayudar a tu mascota. 

Asi que colegas, Feliz dia! Todos los que ejercemos esta profesión tenemos la convicción de que hemos elegido bien, y de que si bien, no todo es un camino de rosas, estamos seguros que es un camino que vale la pena seguir recorriendo. Salud!

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