Cuando Mendoza ladra

La percepción y realidad de lugares y personas pueden cambiar salvajemente. No todo es lo que parece.

Nota del editor: El siguiente relato contiene imágenes literarias fuertes que pueden herir la susceptibilidad de algunas personas.

Nuestros sentidos hacen que la realidad nos parezca muy real.
Tocas algo y pensás, esto es sólido.
Y SI EN REALIDAD no lo es.
Nuestra realidad podría ser un tejido frágil de ilusiones.
Ilusiones sobre nosotros mismos sobre la realidad y los otros…
La realidad estaba por golpear a mi puerta.
Y hacerme ver que mi realidad no es la única verdad.
Existen muchas y esta historia es una de ellas.

Paseaba a mi perro por la pista de calle Perú de ciudad, que nace en el zanjón de los Ciruelos y desemboca en el Parque Central. Era un caniche muy amistoso. Y había tomado el hábito de pasearlo a diario. Siempre me gustaron mucho las mascotas. De niño tuve y mientras estuve casado a mis hijos les regalé todo tipo de mascotas. Una tarde como tantas otras, paseando la vi por primera vez. Paseaba un enorme perro gran danés.

Ella lo llevaba de una correa. Pasó a mi lado y alcé mi pequeño ante el temor que ese gigante lo dañara. Ella me miró y me dijo, mientras me sonrió: -Tranquilo «Chico » es un perro puro corazón es incapaz de dañar a nadie.
Sonreí y contesté que gracioso que le hayas puesto ese nombre siendo q su raza es de los más grandes dentro del reino de los perros…Devolviendo la sonrisa. -Replicó
Veo q sabes de perros y además él te acepta. Lo sé por cómo se te acercó y apoyó su cuerpo en el tuyo como expresando su aceptación. Seguramente percibió en vos un alma pura. De esas ya no hay.
Él lo sabe y yo también. Empecé a sentirme emocionado porque la charla comenzó a fluir sin esfuerzo alguno. Una suerte de conexión que te cuesta interpretar al principio y te confunde.

  • ¿Cómo te llamas? – pregunté
  • Carolina, pero podés decirme Caro, ¿y vos?
  • Horacio. ¿Y podés decirme hora? -sonreí
    Me miró y dijo: -lo tuyo no es el humor jaja.

Sentados en banco todo fluía como nunca me había ocurrido. Ella tenía un pelo entre castaño y rojizo. Su piel era blanca como si nunca hubiese estado expuesta al sol. Sus labios hermosos rosados como con vida propia. Y su cuerpo como de una amazona salvaje de las películas: Super atractiva.

Me contó que era abogada de un estudio que había fundado su padre.

  • Me tengo que ir Horacio. Tengo audiencia en unas horas. Me encantó la charla.
    Y se fue. Yo no atiné a pedirle su número. Sentí que era demasiada hermosa para mí y que estaba fuera de mi alcance. Después de todo yo era un hombre del montón. Pasaron días que yo paseaba mi perro y de pronto la vi venir. A lo lejos sentí su belleza.

Se detuvo y sonrió con su espléndida boca y su dentadura. Perdoná que el otro día tuve que irme repentinamente. Estuve pensando en vos – dijo con una voz suave

  • ¿En mí? No puedo imaginar qué pensabas. Soy un tipo ordinario, común …
  • ¿Eso pensás? Estás equivocado. En vos hay una belleza que solo veo en pocos y generalmente son perros.
  • Jajaja. Nunca me compararon con uno.
  • No malinterpretes. Me refiero a que te ves auténtico, puro. Y siento que aún conservás cosas que la sociedad no pudo robarte.
    Sonreí. En lo que ella me dijo: -Me encantaría invitarte a cenar a casa, si así lo querés. Vivo cerca. Emilio Civit, casi los portones. ¿Vienes?
  • Me encantaría -respondí con incredulidad
  • Si te aviso que soy vegana. Te espero mañana sábado 21 hs. No me vayas a fallar.
    Intercambiamos números y se fue. Tras varios días de ansiedad de mi parte llegó el sábado. Golpea la puerta. Era un caserón enorme de esos que se construyeron cuando se fundó Mendoza.
    Y abrió. Se ató el pelo con un rodete, tenía pantalón deportivo, una remera, zapatillas y oído con ropa de vestir pensando que sería algo más formal.
    Me hizo entrar y enseguida noté que tenía un montón de perros, gatos y un par de loros. Me miró y me dijo:
  • ¿No te molesta los animales verdad?
  • No, Caro. Para nada. Perdóname que te estoy informando, pero vivo vestida de traje para las audiencias y como quería pasarlo bien con vos quería sentirme cómoda. Si querés tengo ropa de mi hermano porque no te cambias y también estás cómodo.
  • Bueno -le dije.

Me sirvió una copa de vino y comenzamos a cenar. La mesa era enorme y mientras comíamos los gatos caminaban por la mesa. Incluso el loro.
Me contó que había fundado muchas sociedades de ayuda a los animales que había heredado una gran fortuna y que casi todos los destinaba a esas fundaciones
Mil temas surgieron y en todos coincidíamos.
A cada instante me sentía más atraído. Y notaba que ella también. Se hicieron alrededor de las 5 am y le dije q me iba. En lo q Replicó con enojo:

  • Vos te quedas a dormir conmigo…
    Asentí con la cabeza y subí la escalera de su mano
    Ya en su enorme habitación me besó y empezó a quitarme la ropa incluso rompiéndola y lo mismo me pedía. Cuando vi su cuerpo de increíble belleza tuve una elección dolorosa. Empecé a lamerle los pechos. Eran perfectos.
    Sus pezones no eran oscuros, eran de un rosado radiante. Su tamaño perfecto. El resto de su cuerpo era de una belleza, para mí desconocida.
    Me bajó la cabeza a su vagina y la vez me practicaban sexo oral como una suerte de 69.
    De golpe se detuvo y saco un cinturón del placard. Y me dijo: “azótame, ahórcame. Mordeme. Trátame como tu perra esclava.”
    Admito que me sentí excitado y raro.
    Nunca había experimentado. Si había visto porno así, pero como no seguirle el juego si era hermosa. Cuando todo terminó me levanté y le pregunté por el baño. Ella me indicó y de repente vi a «Chico”. Imaginen el susto yo. Desnudo y semejante bestia. Me congeló. Ella río y me dijo no te va hacer nada.
    Y así pasó el tiempo y nuestra relación iba muy bien. Yo la acompañaba a sus instituciones de protección de animales. Éramos muy compañeros. Pasaron los meses y un día me dijo: te voy a dar una llave de casa. Así cuando venís no me esperás afuera. Lo mismo hice. Así que a veces en mi casa y a veces en la de ella …
    Mi realidad era como nunca. Perfecta.
    Una tarde la llamo y no respondía. Esperé unas horas hasta que mi preocupación me hizo ir a su casa. Entré con la llave y empecé a llamarla. ¡Caro! ¡Caro!
    No respondía. Hasta que sentí el impulso de subir a su habitación. A medida que me acercaba empecé a sentir sus gemidos de placer entre mezclados con otros que no pude identificar
    Pensé: me está engañando.
    Fui a su cuarto y entré. Abrí la puerta. Lo que vi destruyó mi realidad y me mostró otra Hasta el momento desconocida. Me embargó el espanto, el terror y el asco
    Estaba Caro practicándolo. Sexo oral a «Chico » y al instante la penetró salvajemente y sus gemidos confundían aún más mi mente
    Mi pene estuvo dentro de ella, mi lengua en su boca. Y ahora esto. -pensé
    Bajé las escaleras corriendo, tratando de entender. De crear una nueva realidad. Créanme que me llevó muchos años. Y créanme que cuando un perro ladra Yo no puedo quitar esa imagen…
    Mendoza ladra
    La realidad puede cambiar en un instante.
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