Todos sabemos lo que significa el cráneo con los huesos en cruz. No es una calavera cualquiera, sino la Calavera de Sidón. La imagen tiene una historia oscura que, en principio, no significaba peligro sino el recordatorio que las tradiciones iniciáticas tomaron como la mayor de las certezas: «Memento mori» (Recuerda que morirás).

La elección del cráneo con las tibias cruzadas no fue al azar. Hay una historia de clara necrofilia que resulta inquietante y, a su vez, nos plantea un interrogante (como menos) respecto al sentido de la sexualidad a través de la cultura desde el principio de los tiempos.
La leyenda
Cuenta la historia que una joven llamada Maraclea, oriunda de Séforis, amada por un caballero Templario, Señor de Sidón, había muerto joven. Atormentado por el dolor de perder a su amada, en la noche del entierro él se arrastró hasta la sepultura, abrió la tumba y profanó sexualmente el cuerpo sin vida de la joven. Luego del hecho, una voz le indicó regresar a los nueve meses a buscar a su hijo.
El caballero volvió al cabo de ese tiempo, volvió a desenterrar el cuerpo y halló, sobre las caderas de la joven, la pequeña calavera con las tibias cruzadas. El esqueleto fetal aparecía frente a él como fruto de la profanación.
La voz se hizo escuchar nuevamente para decirle que debía llevarlo con él y cuidarlo, pues sería dador de todo bien. El caballero obedeció y el cráneo con los huesos en cruz se convirtieron no sólo en su protección sino en la señal de victoria, pues tan solo con mostrarlo podía derrotar a sus enemigos.
Sidón
La ciudad de Sidón queda cerca de Tiro, ciudad fenicia, en el actual Líbano. Los sidonios eran cananeos y su principal culto se centraba en el dios Baal, que tenía potestad sobre los cielos, las cosechas y la fertilidad. Sus prácticas religiosas implicaban especialmente ritos sexuales.
Las prostitutas y prostitutos eran considerados sagrados y las cópulas sexuales tenían una connotación de estimulación a Baal para que él fecundara a la tierra y a la naturaleza para que, así, las cosechas prosperaran (Y también creciera el pueblo).
Sidón era una ciudad muy comercial, armada, y se la vincula con el nacimiento de las hordas de piratas. El autor César Imbellone, en el libro “Templarios hijos del Sol”, documenta el nacimiento de la Orden Templaria en Fenicia. Según Imbellone, los piratas de Sidón serían Caballeros Templarios que no robaban los cargamentos completos sino que los diezmaban; es decir, les quitaban el diez por ciento ciento para la Orden. Una especie de peaje marítimo.
En el marco de estas descripciones de Sidón, el relato sobre la profanación del cuerpo de Maraclea podría entenderse como uno de los rituales que se practicaban en el culto a Baal. Y cuando se habla de Caballero Templario podría entenderse que se trataba de un sirviente de los templos en Sidón.
Maraclea de Séforis
La joven Maraclea, sería, según las Crónicas de Alfonso XI de Castilla, la hija de un rabino de Séforis. La joven, desesperada durante la invasión del sultán Qalawun, fue encontrada muerta con el cuerpo tendido en un rosal, con un dedo apuntando hacia Jerusalén y el otro hacia Damasco. Según estas crónicas, la joven ya estaba embarazada cuando fue muerta.

Según el Manuscrito de Palmira, conocido como Tadmir y encontrado en el antiguo Teatro Romano en 1894, Maraclea de Séforis sigue viva y que es posible encontrarla recorriendo el desierto y que la calavera narra historias en verso.
No es difícil vincular esta teoría con la llegada del cráneo con huesos (o su leyenda) a las costas mexicanas. La historia de La Huesera (la mujer que canta sobre los huesos de loba para volverlos a la vida convertidos en mujeres) y la leyenda de las Katrinas en el día de muertos tendrían también este sentido escondido.
El culto a Baal y la sexualidad sagrada
La sexualidad no era un tema tabú en la antigüedad. Pero tampoco era entendida como hoy, en occidente. La sexualidad es algo natural, presente en todas las especies, el origen de toda vida. Por eso no sólo se la consideraba sagrada sino necesaria para la prosperidad.

Cuando refiero a la sexualidad como sagrada digo que las antiguas tradiciones veían al universo como una constante copulación de energías. Seguían los movimientos del Sol y de la Luna como una danza permanente que permitía la continuidad de los climas, las siembras, las cosechas.
Según estas cosmovisiones, la sexualidad y la riqueza estaban vinculadas. Pues cuando había sequía o las cosechas eran pobres, consideraban que la naturaleza no estaba siendo estimulada.
Y, de acuerdo con el famoso principio hermético «Como es arriba, es abajo y como es abajo, es arriba», la sexualidad aparecía como el acto necesario que estimulaba las fuerzas de la naturaleza a generar la vida en todas sus formas.
Probablemente de ahí, el dicho popular de que los hijos vienen «con el pan debajo del brazo». No, no era una forma de procreación indiscriminada, era sabiduría ancestral.
Los ritos sexuales en el Templo de Baal no eran simples orgías. Se trataba de rituales completos realizados por sacerdotes y sacerdotisas, en los cuales se ofrecía el acto y el placer derivado de él. Tenían relaciones sexuales de manera ritual, la seducción se entendía como una forma de estímulo a la creación.
El ambiente de los rituales se preparaba. Todos los creyentes participaban, cada uno en su lugar. Porque tampoco era una cuestión de todos con todos, todo el tiempo. Había preparación, había momentos, había acceso a conocimientos, había jerarquías, había límites. La pureza ritual aseguraba la riqueza.
Volver a la vida lo muerto
La acción del Caballero de Sidón con el cadáver de la joven Maraclea aparece entonces como un ritual. De ese ritual hay un fruto: otro cadáver.
Por eso se tomó la parte textual de la leyenda y, pasado por el filtro de la hegemonía cristiana de occidente, se transformó en el símbolo de la muerte y no de la vida.
Ahora, la parte que no gusta. La cruz sobre la cual murió Jesucristo fue clavada sobre el monte Gólgota (que significa calavera). Numerosas representaciones artísticas muestran la calavera debajo de la cruz https://es.wikipedia.org/wiki/Cristo_en_la_cruz_%28Vel%C3%A1zquez%29 . Jesucristo, según la tradición occidental, resucitó; y esto se interpreta como una victoria sobre la muerte.

Dicen las escrituras que, en el momento de su muerte, se oscureció el cielo y se rasgó la cortina del Templo. Esa cortina es la del velo cósmico, la Oscuridad Visible que nos oculta y, al mismo tiempo, nos revela el futuro. Para acceder a la oscuridad visible hay que volver al principio: al útero.
Si para ir al principio hay que ir adentro, si adentro hay una tumba, adentro de la tumba un cadáver; profanar ese cadáver sería equivalente a correr el velo de la muerte. La Oscuridad Visible de la calavera en las caderas nos revela la sabiduría de ser conscientes de que nuestro camino a la muerte empieza en el útero, que el orgasmo es la herramienta que corre el velo y que la sexualidad es el oficio sagrado de la creación.
Esto es muy distinto a considerar al útero como una tumba, a la sangre como peligrosa y a la mujer como origen del pecado que conduce a la muerte eterna.
María Magdalena
No resulta casual que María Magdalena también sea venerada como una calavera. https://www.historyhit.com/the-mystery-of-mary-magdalenes-skull-and-relics/ .

El arquetipo creador de «lo femenino» fue denostado desde el capítulo 2 de El Génesis. Que Eva, que la Serpiente, que la manzana, que el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Nada real, todo figurativo.
La serpiente es símbolo de transformación, Eva es símbolo de energía femenina, y la manzana es símbolo de vinculación entre lo humano y lo divino. Sí, sólo el conocimiento libera del dogma de un creador al que se obedece de forma ciega para no morir.
Todos vamos a morir. Pero la Calavera de Sidón no representa el final de la vida, sino el fractal de la copulación eterna de energías y de un eterno retorno al punto de partida. Quizá por eso todos los que dicen haber vuelto de la muerte hablan de una sensación de paz exquisita. No se me ocurre mejor comparación con un orgasmo.

1 comentario en “LA CALAVERA DE SIDÓN”
Hermoso texto.