Hola, soy Charly, tengo 35 años y les juro que desde esa noche cambió mi vida.

Había encontrado trabajo en la ciudad, lejos de mis viejos que se quedaron allá en el campo; de vez en cuando nos escribimos y nos llamamos por teléfono, pero nada del otro mundo.

Me dispuse a buscar alquiler ya que la habitación donde me estaba quedando era muy chica y no entraban muchas cosas. Pasé por varios lugares, pero me llamó la atención una casa en particular porque el alquiler era demasiado barato; era justo para mí, ya que no contaba con mucho dinero y necesitaba un lugar para vivir.

La casa era una casa común, un poco alejada de la ciudad de San Luis, quedaba al fondo de la propiedad, rodeada de árboles frondosos y dos pimientos grandes en la entrada. Tenía dos habitaciones, un comedor pequeño pero confortable, demasiado bien para mí. Hicimos el papeleo para el alquiler mientras le preguntaba a Don Romero, el de la inmobiliaria, por qué llevaba mucho tiempo deshabitada siendo el pago tan accesible. «¡No te creas, eh! ¡Los últimos inquilinos se fueron hace unos meses!», me contestó.

Bien, mi vida empezó bastante tranquila: iba y venía de la casa al trabajo y viceversa. Un día tocó a mi puerta una vecina que decía llamarse Virginia. Solo se acercó a charlar, me dijo que vivía en el lote de al lado hace 20 años. Entre charla y charla me preguntó si sabía la historia de la casa, a lo que respondí que no. Me dijo: «Nene, esta es la casa de la familia Estévez, los que aparecieron muertos una noche de lluvia hace 10 años». Casi rompo la taza de café al escuchar eso. «¿Yo viviendo en una casa con muertos?», jajaja, ni loco me ponía a pensar eso.

«Desde esa noche nadie quiere quedarse, todos se marchan diciendo que algo los persigue», me esbozó mi vecina. «¡Cuídate, nene, que pronto anunciaron lluvia!». Le dije que si podía retirarse porque necesitaba hacer cosas de mi trabajo y se fue muy alegre diciendo que volvería por más café, mientras yo me quedé pensativo y esa noche me tomé toda la cafetera porque no pude dormir.

Mis días siguientes fueron tranquilos, algo de problemas en el trabajo pero nada que no tuviera solución. Una noche mi jefe me pidió que terminara unos papeles que necesitaba urgente y eso me demoró demasiado, hasta la medianoche, así que salí muy tarde y me tomé un taxi hasta mi casa mientras se estaba largando una tormenta. Me empapé mientras atravesaba la entrada, que era muy extensa. De pronto, un refulsilo, y les juro que me pareció ver a alguien colgado de uno de los pinos.

Pensé que era producto de la luz del relámpago y seguí corriendo hacia adentro. Cuando llegué estaba todo normal, un poco de olor a humedad por la lluvia. Me saqué la ropa mojada y encendí la estufa porque tenía frío, pero juro que me sentía raro y pensé que era por la intensa lluvia de afuera.

Me fui a la habitación, me saqué la ropa para prepararme para irme a dormir, ya que eran casi las dos de la mañana. Dejo el celu sobre la cama, de repente me suena el WhatsApp; lo tomé pensando que era uno de mis amigos desvelados y, cuando veo, era una foto que no recuerdo haber sacado: era de mi pieza, donde se veía la cama vacía… y al pie de la cama, parada una figura negra, sin cara, solo mirando a la cámara.

Me reí de los nervios, pensé que era un fake y que alguien me estaba haciendo una broma, y borré la foto.

A los 5 minutos me llega otra imagen a mi número: era mi misma habitación sacada hace 2 segundos; era yo sentado en mi cama mirando el celu y, al pie de la cama, la misma figura negra, pero esta vez un poco más cerca. El miedo tomó mi cuerpo y en ese momento se cortó la luz.

Corrí desesperado hacia el comedor, solo quería salir de ese lugar, cuando de repente, algo nervioso, sin querer saqué una foto y solo les diré que él no estaba ahí…

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