Gabriela Savietto considera que nuestro máximo prócer fue masón. Hoy resulta casi lógico, habiendo colocado un nuevo presidente de la masonería local una placa de agradecimiento a San Martín en el Cerro de la Gloria.
Mi opinión es totalmente contraria.
Pienso que los masones quieren sumar a su equipo sus méritos, hoy que están en declive, aunque, por desgracia, sus ideas prendieron en algunas malas leyes que el laicismo aprobó en varios países del mundo, incluyendo el nuestro, tales como el aborto, la ideología de género, la eutanasia… En fin.
Tuve que explicarle el año pasado a nuestra presidenta de Acción Católica provincial que la masonería no era buena y por qué, intuyendo que ya le habían ofrecido sumarse, tal vez por su reciente cargo.
«Solo uno es bueno», dijo Jesús, pensando quizás que lo habían descubierto, porque hasta el Hijo de Dios tuvo que medir sus palabras para llevar a cabo su obra, diciendo que ese Único Bueno es el Padre que está en el Cielo.
Pero, volviendo a nuestro admirado San Martín, numerosos investigadores ya descartaron la teoría de que fuera masón.
Rodolfo Terragno, el político que tanto lo investigó. La Sociedad Sanmartiniana, con toda su gente, entre cuyos libros editados al respecto existe uno titulado San Martín no fue masón, para no dejar dudas sobre de qué trata el libro.
Y tantos historiadores escrupulosos que, basados en estrictas pruebas documentales, lo sostienen.
Quienes dicen que fue masón aluden a la «Logia Lautaro», una sociedad secreta que fundó con O’Higgins al solo efecto de lograr la libertad de América, sin ritos gnósticos ni ideologías masónicas antiguas ni ansias de quedarse en el poder después. Una manera de organizar los secretos hasta llevar a cabo una obra militar que hoy todos conocemos sin fisuras.
Próceres como San Martín o Belgrano fueron católicos conscientes. La historia lo tiene documentado con detalles indiscutibles, sin los cuales no podríamos describir ni a San Martín ni a Belgrano.
Por ejemplo, sobre el fundador de la bandera se discute si lo inspiró el manto de la Virgen, como pensamos los católicos, mientras los laicistas dicen que fueron los colores del firmamento y otros progresistas dicen ahora que lo inspiró un ave venerada por los pueblos originarios, cuyo plumaje tenía los colores exactos de nuestro emblema argentino.
Pero ¿qué dijo él? Te dejo la inquietud.
Hoy, ni San Martín ni Belgrano están para explicar tales circunstancias, así que debemos tomar lo que ellos explicaron en vida, sin suponer tanto el resto.
Otro de nuestros próceres, que sí fue masón: Sarmiento… Exclamó, al ser elegido presidente, casi textualmente, que, si ser masón significaba combatir a la Iglesia católica, entonces ya no era masón.
Pillo el maestro, pues, si se decía enemigo de la Iglesia católica, no podía asumir la presidencia por requisito constitucional. Sin embargo, en sus últimos días, antes de morir, rechazó toda asistencia religiosa y funerales católicos, pidiendo otros homenajes políticos en cambio. Clarito.
El presidente Mitre, a diferencia suya, habiendo pertenecido también a la masonería, abjuró de la misma hacia el fin de sus días, se confesó ante un sacerdote, volviendo a la fe católica, y tuvo sus exequias religiosas.
Clarito también.
Y San Martín, con claridad histórica, no fue masón ni de a ratitos.
Y es preciso señalar que Belgrano tampoco, antes de que algún líder de una secta secreta, ayer u hoy, que busque una política común, quiera homenajearlo con una placa conmemorativa en el Monumento a la Bandera.
Pablo Rolando Marianetti
3 comentarios en “San Martín no fue masón”
Estimado Pablo, tu artículo omite hechos históricos, documentales y físicos fundamentales que contradicen por completo tu postura de que San Martín «no fue masón ni de a ratitos». Te comparto tres realidades contundentes que refutan tu análisis:
Evidencia bibliográfica e historiográfica: La vinculación de San Martín con las logias no es un intento moderno por «sumar méritos». Historiadores e investigadores de renombre lo confirman. Un ejemplo claro es el libro Masones argentinos de Mariano Hamilton, donde el Libertador ocupa un lugar tan indiscutible dentro de la organización que es la figura central de la mismísima portada.
Su extenso derrotero por múltiples logias: Reducir su actividad a una simple sociedad política temporal es desconocer los archivos históricos. San Martín fue iniciado en la Logia Integridad de Cádiz, formó parte de los Caballeros Racionales en Londres, fundó la Logia del Ejército de los Andes —donde fue nombrado Venerable Maestro— y su famosa entrevista con Simón Bolívar en Ecuador fue coordinada y preparada minuciosamente por la Logia Estrella de Guayaquil.
Negar su pertenencia es negar también por qué tantas logias masónicas oficiales en toda América Latina llevan con orgullo su nombre hoy en día.
El rechazo de la Iglesia de la época: Afirmás que fue un «católico consciente», pero la propia institución eclesiástica de su tiempo lo trató bajo las restricciones aplicadas a los masones.
Su mausoleo, custodiado por la llama eterna, no se encuentra dentro de la nave principal de la Catedral Metropolitana. Las autoridades religiosas de la época no permitían que un masón descansara en suelo sagrado tradicional, por lo que se construyó una capilla lateral anexa (fuera del plano original del templo) y su féretro debió ser ingresado de forma inclinada, con la cabeza hacia abajo.
Y así está hoy, custodiado por granaderos, con la llama eterna pero fuera del suelo sagrado y con la cabeza para abajo.
La arquitectura de la Catedral de Buenos Aires, los archivos históricos de Guayaquil y la propia historiografía demuestran que las tensiones entre el Libertador y la Iglesia católica eran reales, justamente por su activa y probada filiación masónica.
Te cito: «Hoy, ni San Martín ni Belgrano están para explicar tales circunstancias, así que debemos tomar lo que ellos explicaron en vida, sin suponer tanto el resto»
Y te corrijo: los próceres son próceres no por dar explicaciones, sino por el ejemplo que dejaron y las obras que hablan de ellos, incluso en estos tiempos…
La iglesia tampoco está muy de moda, y sigue vigente el pedido de Salvador del Carril, desde 1820: «Iglesia y estado, asunto separado»
Queda usted, debidamente notificado.
Señor Marianetti, agradezco la deferencia de haber leído mi nota y tomarse el trabajo de contestar por el mismo medio.
Celebro la pluralidad de voces de esta página.
Naturalmente difiero con usted, aunque, pero eso no invalida el hecho de que defienda su postura, lo cual me parece muy bien.
Agradezco también el respeto con el que ha tratado mi nota y que la misma haya sido lo suficientemente potente como para merecer una contestación de su parte.
Los grandes hombres de la historia nos provocan tanta admiración que es lógico que todos los grupos quieran considerar que esa altura moral proviene de compartir los mismos valores.
Le envío un gran saludo y quedo a su disposición por cualquier otro argumento que tenga al respecto.
saviettogf@gmail.com
Estimado Pablo, permitame diferir en su postura ya que la discusión sobre si San Martín perteneció formalmente a la masonería no está cerrada documentalmente. Sin embargo, afirmar que no existe ninguna fuente histórica que lo vincule con la masonería resulta incorrecto. Diversos historiadores, entre ellos Fabián Onsari, Augusto Barcia Trelles, Alcibíades Lappas, Enrique de Gandía y Emilio J. Corbière, sostuvieron esa vinculación, mientras que la propia Gran Logia de la Argentina afirma que San Martín fue iniciado en Cádiz y posteriormente integrado en los Caballeros Racionales.
Más allá de la discusión sobre su filiación masónica formal, existe evidencia histórica de su participación en sociedades secretas de carácter independentista. Bartolomé Mitre describe la organización creada por San Martín y Alvear como una institución secreta inspirada en las sociedades de Cádiz y Londres, estructurada mediante grados de iniciación y destinada a coordinar las fuerzas políticas de la revolución. La Logia Lautaro funcionó, en este sentido, como una red de articulación política fundamental para el proyecto independentista.
La afirmación que se realiza en este articulo es demasiado categórica para el estado de la evidencia histórica. Saludos