150 años de olivo, 5 minutos de topadora

Mendoza y el olivo tienen una historia que se remonta a generaciones. Un vínculo construido entre sol, agua, tierra y productores que hicieron del oasis una tierra extraordinaria para producir.

Hay cosas que uno cree que van a durar para siempre: la Cordillera, el viento Zonda, las acequias, el mendocino puteando por el tránsito y los olivos. Bueno… los olivos parece que no.

Mendoza llegó a tener más de 20.000 hectáreas de olivos y fue durante años una de las grandes protagonistas de la olivicultura argentina. Hoy quedan alrededor de 5.000 hectáreas; y no fue porque los olivos se cansaron de Mendoza… Sino que los fuimos arrancando. Muchas veces para hacer algo que, aparentemente, produce mucho más que un olivar: un lote.

Un olivo necesita años para crecer y puede producir durante generaciones. Hay ejemplares de más de 500 años en distintos lugares del mundo y en Mendoza todavía existen árboles de 100, 150 años o más. Árboles que estaban ahí antes de que nosotros descubriéramos que una hectárea podía convertirse en 30 lotes.

Tenemos una finca con olivos. La miramos. Miramos el valor del metro cuadrado. Miramos nuevamente los olivos. Y alguien pregunta: «¿Y si loteamos?«. Y ahí empieza la tragedia, porque no estamos perdiendo solamente árboles. Estamos perdiendo suelo productivo, infraestructura de riego, paisaje, biodiversidad, trabajo y parte de una historia que hizo posible que Mendoza fuera lo que es… Y lo más contradictorio es que tenemos condiciones extraordinarias para producir aceite de oliva. Muchas horas de sol, baja humedad, noches frescas y una gran amplitud térmica. Todo eso favorece la calidad de la aceituna y permite obtener aceites con excelentes características y alto contenido de ácido oleico.

Mendoza todavía produce algunos de los mejores aceites de oliva de la Argentina. Pero mientras hablamos orgullosos de nuestra producción, seguimos haciendo desaparecer las fincas donde esa producción ocurre.

Nos gusta decir que somos tierra del sol, del vino, de los olivos y de la producción… Siempre que no haya una finca justo donde alguien quiera construir. Y no se trata de prohibir que Mendoza crezca. Las ciudades crecen. Las familias necesitan viviendas y las inversiones forman parte del desarrollo.

La pregunta es dónde. Porque una casa se puede construir en muchos lugares. Y una finca productiva que desaparece no vuelve porque plantemos tres olivos en la entrada de un barrio privado. «El olivo es bastante más que un árbol bonito que queda bien en la entrada del Barrio«.

Tal vez deberíamos empezar a mirar una finca antes de verla como un terreno vacío. Porque ahí no hay solamente tierra, hay árboles que alguien plantó hace un siglo, acequias, generaciones de productores, cultura, paisajes y una parte de Mendoza que no podemos reconstruir después con cemento.

Mi consejo de ingeniero agrónomo es que si algún día loteás tu finca, tratá de conservar los árboles. Porque en Mendoza tenemos la costumbre de arrancarlos para construir y después volver a plantarlos para vender «entorno natural».

Si hay olivos, dejalos. Ya hicieron gratis lo que después pagamos carísimo: sombra y paisaje.

Eso sí: finalmente inauguramos el barrio con un nombre como: “Olivares de los Andes – Barrio Privado”, en memoria de los olivos que fueron erradicados.

Total, los olivos ya no van a estar para protestar.

Ing. Agr. Don Brote

NOTA AUSPICIADA POR:

COMPARTIR

2 comentarios en “150 años de olivo, 5 minutos de topadora”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *