Va, pensiero

En las épocas de los grandes músicos, de los grandes creadores de eternas obras clásicas, no todos triunfaban.

En las épocas de los grandes músicos, de los grandes creadores de eternas obras clásicas, no todos triunfaban. La mayoría quedaba a medio camino dando clases, o ni siquiera dedicándose a la música, sino en puestos administrativos de algunos lugares culturales.

Esas cosas pensaba Giuseppe cuando entró a su casa aquella tarde de principios de 1841. Se dejó caer en la silla y tiró con abatimiento el libreto que le acababa de dar el director de La Scala de Milán, Bartolomeo Merelli. Él sabía lo que le pasaba a Merelli. Merelli veía en él alguna virtud, el mismo pequeño talento que vieron su padre, sus profesores, el cura, y hasta el tan querido Antonio… ¡Cómo había decepcionado a Antonio, a ese gigante, ese segundo padre que confió tanto en él…! Le había robado todo, sus nietos, su hija… y hasta su esperanza en que se convirtiese en un gran compositor. Lo había devastado. Y Merelli insistía en que leyera ese libreto.

Giuseppe ya no tenía ganas de nada. En tres años habían muerto Virginia e Icilio, sus dos hijos, y Margherita, su mujer. Uno cada año. Y ahora estaba sólo, en esa casa que le había regalado Antonio, su suegro, su mecenas, para que criara a sus nietos, para que abrigara a su hija, y para que desarrollase una carrera que era una ilusión, una mentira. Ya lo sospechó cuando lo rechazaron en el Conservatorio de Milán por ser demasiado grande, y por tocar el piano de una manera rara, pero su suegro insistió y le pagó un maestro particular… “¡Cuánta plata le hice gastar! ¡Cuánta…!”. Con sus 27 años ya era viejo para esto. Los grandes compositores destacaban mucho antes. ¿A qué se podría dedicar? ¡Desde los seis años que sólo hacía música! Soñaba con componer importantes obras y compartir el éxito con Margherita y con sus hijos, y con Antonio, pero ya todo se había terminado. Con una primera obra apenas aceptable, y un fracaso rotundo en su segundo trabajo… ¡Un fracaso tan estrepitoso! Pero es que ¿cómo se puede hacer una comedia con la muerte de toda la familia? Virginia, al año y medio, antes de llegar a Milán, Icilio al año siguiente, justo antes del estreno de su primera obra, Oberto… Y la muerte de Margherita, en medio de la composición de la comedia. Es imposible… Para el estreno de Un giorno di Regno, de esa fatídica comedia, ya no tenía más fuerzas para nada, y sin embargo faltaba ese fracaso. Fue la primera y la última vez que se interpretó. Una sola vez. “No hay más música en mi cabeza”, pensó. “Ya no hay más música en mi alma”.


Giuseppe Verdi ya estaba decidido a dejar la composición cuando Bartolomeo Merelli le insistió para que se llevara el libreto de Temistocle Solera a su casa y que lo leyera tranquilo. A veces la vida de los genios está acompañada por la vida de otros genios, como, en este caso, Bartolomeo Merelli que, a pesar del fracaso rotundo de su segunda obra, le seguía confiando trabajos, o Antonio Barezzi, su suegro, que le dio los medios, la confianza, lo integró a su familia, e invirtió parte de su fortuna, incluso después de que su hija Margherita muriera.

Verdi, que gustaba de la lectura de las Sagradas Escrituras, registró en la primer hojeada al libreto de Nabucodonosor que se trataba de la nostalgia del pueblo hebreo por su patria perdida. Era una obra inspirada en el Salmo 137. “Arpa de oro de los proféticos poetas, ¿por qué muda cuelgas de los sauces…?”, decía en una parte. “Te inspire el señor un canto que infunda en el sufrimiento, virtud”, en otra. Haciendo propia la nostalgia por la pérdida del hogar, cómo los hebreos, se fue entusiasmando y para octubre de 1841 termina Nabucodonosor, que con el tiempo será conocida como Nabucco. El 9 de marzo de 1842 se estrena en La Scala de Milán y es un éxito sin precedentes. La gente se enamora de Nabucco, en particular de la tercera parte de la obra, “Va pensiero”, que con el pasar de los años se la iba a relacionar con el Risorgimento, el movimiento político que anhelaba la unión de los reinos de la península itálica, y que, como en Nabucco, sentían que un pueblo extranjero, Austria, se los impedía. Para 1848 Va pensiero era el himno de los revolucionarios. Tal fue la admiración hacia Verdi que los italianos usaban el acrónimo “¡Viva VERDI!” para referirse a Vittorio Emanuele, Re D’Italia, siendo Víctor Manuel II el primer rey de la Italia unificada.

Verdi después de Nabucco hizo tantas obras eternas que se lo considera uno de los mayores compositores de la historia. Para mayor brillo del éxito de Nabucco, ese 9 de marzo, la protagonista femenina que interpretaba a Abigaille, Guiseppina Streponi, una de las sopranos más famosas de su tiempo, unos años más adelante sería su segunda mujer, y una persona muy importante en su trabajo y en su vida. Hay premio para los que no bajan los brazos.

Va pensiero es la tercera parte de la obra, donde los hebreos sólo añoran. Tal cual el Salmo 137 anhelan lo que tenían. Y si bien en el salmo empiezan con nostalgia y terminan con el anhelo del mal para los babilonios, en la obra comienzan con nostalgia y terminan con el anhelo del consuelo: que el Señor te inspire un canto que infunda en el sufrimiento virtud,que pareciera ser lo que Dios hizo con Verdi. La composición tiene una característica muy interesante: casi todo el canto es una sola voz, un solo tono, excepto la parte de “Arpa d’or…” y “Le memorie…” en donde aparecen miles de voces diferentes. Este recurso logra que todo el canto se sienta como una marcha monótona, lenta, sin pausa, pero sin entusiasmo. La melancolía es el resumen de la música, la letra y la puesta en escena. Hoy parece una obviedad, pero esto tenía en su cabeza este hombre vaciado, devastado, huérfano de familia, derrotado, este tipo tenía esto en su pecho. Me gusta pensar que el compás repetitivo es como un latido, como el sonido de la vida detrás de la derrota.

Mientras escribo esto suena tan delicada y dulce el “Va pensiero” de Filippa Giordano, que ahora pienso que su apellido es protagonista en el poema (“Del Giordano le rive saluta”, saluda las orillas del Jordán), sin embargo me parece más representativo poner el video de la obra donde los actores muestran perfectamente el ánimo de la obra.


La traducción de la letra.

Va, pensiero, sull’ali dorate;
Ve, pensamiento, sobre alas doradas;

va, ti posa sui clivi, sui colli,
ve, pósate sobre las laderas, sobre las colinas,

ove olezzano tepide e molli
donde perfuman, cálidas y suaves,

l’aure dolci del suolo natal!
las dulces brisas de la tierra natal.

Del Giordano le rive saluta
A las orillas del Jordán saluda

di Sionne le torri atterrate…
las torres derribadas de Sión…

Oh mia patria sì bella e perduta!
¡Oh, patria mía, tan bella y perdida!

O membranza sì cara e fatal!
¡Oh, recuerdo tan querido y doloroso!

Arpa d’or dei fatidici vati,
Arpa de oro de los proféticos poetas,

perché muta dal salice pendi?
¿por qué, muda, cuelgas del sauce?

Le memorie nel petto raccendi,
Enciende en nuestro pecho el recuerdo,

ci favella del tempo che fu!
háblanos del tiempo que fue.

O simile di Solima ai fati,
Oh, semejante al destino de Jerusalén,

traggi un suono di crudo lamento;
arranca un sonido de crudo lamento;

O t’ispiri il Signore un concento
Oh, que el Señor te inspire un canto

che ne infonda al patire virtù!
que nos infunda en el sufrimiento vitud.


El Salmo 137:
1 A orillas de los ríos de Babilonia estábamos sentados y llorábamos, acordándonos de Sión;
2 en los sauces de la orilla teníamos colgadas nuestras cítaras.
3 Allí nos pidieron nuestros deportadores cánticos, nuestros raptores alegría: «¡Cantad para nosotros un cantar de Sión!»
4 ¿Cómo podríamos cantar un canto de Yahveh en una tierra extraña?
5 ¡Jerusalén, si yo de ti me olvido, que se seque mi diestra!
6 ¡Mi lengua se me pegue al paladar si de ti no me acuerdo, si no alzo a Jerusalén al colmo de mi gozo!
7 Acuérdate, Yahveh, contra los hijos de Edom, del día de Jerusalén, cuando ellos decían: ¡Arrasad, arrasadla hasta sus cimientos!
8 ¡Hija de Babel, devastadora, feliz quien te devuelva el mal que nos hiciste,
9 feliz quien agarre y estrelle contra la roca a tus pequeños!


Muchos años después de la creación de Va pensiero, en 1970 el grupo The Melodians iba a tener la misma inspiración que Temistocle Solera e iba a componer otra obra basada en el Salmo 137 que el grupo Boney M. iba a catapultar hacia las estrellas, pero The Melodians estaban tomando otra cosa distinta que Pepe.

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