Como sabrán, hace unas semanas perdimos a un miembro del staff del Mendolotudo.
Yo perdí muchísimo más. En esta nota no vengo a victimizarme, ni quiero dar lástima, ni pretendo tener diez mil visitas, nada. Solo vengo a despedirme y a expresar en letras lo que me pasó, lo que me tocó vivir, y a compartirlo con la gente que ha pasado por lo mismo.
Siendo redundante, lo que escribo es mi pesar, mis sentimientos y mi opinión personal sobre lo que sucedió, con respecto a lo que pasa cuando perdés a alguien a causa de la depresión.
Siempre escuché o leí por ahí, o alguien me contó, sobre lo que es perder a alguien que decide irse por sí mismo a causa de una depresión masiva, y siempre fui un poco incrédulo al respecto, como casi todos cuando tocamos de oído. Esta vez me tocó de pechito, amigo, y la puta madre, ¡qué fiero que es!
Más allá de la tristeza de la ausencia física de esa persona, el duelo, lo contradictorio, lo que te marea, te vuelve loco, te deja de rodillas… Es que, con el diario del lunes, viene gente que te quiere realmente, que no sabe qué decirte, que intenta y quiere, de todo corazón, compartir tu carga, y ahí es cuando empezás a escuchar frases como «no es tu
culpa, hiciste lo que pudiste», «no te culpes, él ya había tomado la decisión hace rato». NO hay forma de no culparte, de no sentir que no hiciste todo lo necesario, de no sentirte un discapacitado en la materia y que, por eso, ahora sobra una estrella.
Ahora entiendo a las personas que escuché decir «la depresión no avisa» y, en mi aceptación del duelo, en esta despedida literaria, es cuando entiendo qué cierto es.
No voy a entrar en detalles de cuánto lo quería, ni de qué hice por ayudarlo, ni de cuánto me cuesta volver sabiendo que ya no está, ni quiero que nadie se apiade de mí, ni una verga. Me gustaría poder resucitarlo cinco minutos nada más, aunque el final fuese el mismo, solamente para recagarlo a puteadas, para decirle «conchudo, te podrías haber despedido», y para pedirle perdón por las señales que no supe ver, decirle que no lo juzgo, pero que no lo entiendo, abrazarlo y verlo convertirse en ángel. Yo perdí por todos lados, pero sigo acá, tengo motivos para quedarme acá hasta que sea mi turno por orden natural.
Es tan larga la charla (si se diera), es tan ambiguo nuestro transcurrir en este plano terrenal, es tan complicado vivir, es tan triste que ya no estés, hijo de remil puta.
En fin, hay que seguir y seguir sabiendo que hoy al cielo le sobra una estrella y a mí me falta un amigo. ADIÓS.
A mi hermano Daniel «Marqui» Amico. Que el fuego de los puentes que quemaste ilumine tu camino.