Breve explicación mendocina sobre por qué en la ruta te revisan hasta el sánguche de mortadela
Hay dos tipos de personas cuando llegan a un control del ISCAMEN en Mendoza.
La primera baja el vidrio tranquila y responde:
—No, señor, no llevo frutas ni verduras.
Y está la otra. La que automáticamente entra en pánico como si estuviera cruzando cocaína en un submarino ruso.
Empieza a esconder mandarinas abajo del asiento, a tapar una planta con una campera, a meter un salamín entre los bolsos o a mirar fijo al frente como si el inspector no hubiera visto las catorce cajas de duraznos que lleva atrás.
Y ahí aparece la frase más escuchada en las rutas mendocinas:
—¡Pero es para consumo personal!
Sí, Elsa… También el Titanic era un paseo tranquilo hasta que chocó.
¿QUÉ HACE EL ISCAMEN Y POR QUÉ EXISTE?
Primero aclaremos algo. El ISCAMEN no está ahí porque odie a tu tía Gladys ni porque disfrute secuestrar un limón sospechoso a las tres de la mañana.
Está porque Mendoza vive, en gran parte, de la agricultura. Y cuando hablamos de agricultura hablamos de viñas, olivares, frutales, hortalizas, exportaciones, trabajo y miles de millones de pesos que dependen de que no entren plagas o enfermedades.
O sea, si entra una plaga grosa, no perdemos una naranja. Perdemos media economía.
LA MOSCA DEL MEDITERRÁNEO: EL VILLANO MÁS ODIADO DESPUÉS DE LA HUMEDAD EN LAS PAREDES
Hay un bichito diminuto llamado Mosca del Mediterráneo. Suena elegante; parece una actriz italiana tomando Aperol en Capri. Pero no. Es una desgraciada agrícola capaz de hacerle un desastre a la producción frutícola.
La mosca pone huevos dentro de las frutas. Después nacen las larvas, la fruta se arruina, aparecen restricciones comerciales, perdemos mercados… y terminamos llorando todos.
Por eso Mendoza controla lo que entra. Porque mantener una provincia libre de determinadas plagas vale muchísimo más que el enojo de un señor al que le decomisaron tres duraznos en una mochila.
EL MENDOCINO PROMEDIO CREE QUE EL CONTROL ES PERSONAL
La reacción típica es maravillosa.
—¡Pero si son dos manzanas nomás!
Sí, Ricardo… Y Chernóbil también empezó con «una cosita chiquita».
El problema no es la cantidad. El problema es que nadie sabe de dónde viene esa fruta, qué puede traer, qué plaga puede esconder o qué enfermedad puede transportar.
Las plagas no avisan. No mandan un mail, no convocan una conferencia de prensa. Entran calladitas, como suegra ofendida en una reunión familiar.
LOS HÉROES MENOS QUERIDOS DE LA RUTA
Mientras vos vas escuchando cumbia, calentito en el auto rumbo a San Rafael, hay gente del ISCAMEN trabajando de madrugada, con frío, con calor, con viento Zonda, en feriados, Navidad, Año Nuevo y, probablemente, mientras vos estabas peleando por un pedazo de vitel toné.
Las barreras sanitarias funcionan las veinticuatro horas del día, los trescientos sesenta y cinco días del año. No importa si son las dos de la mañana, las seis de la tarde o si afuera hace un frío que congela hasta las ganas de vivir.
Ellos están ahí revisando frutas, verduras, animales, carnes, embutidos, plantas, agroquímicos y hasta fauna ilegal.
Porque sí, también hay gente que intenta pasar animales silvestres como si fuera perfectamente normal viajar con media selva en el baúl.
EL ARGENTINO Y SU NECESIDAD BIOLÓGICA DE ENOJARSE EN LOS CONTROLES
Hay algo fascinante en el ser humano. Puede pasar catorce peajes, nueve lomos de burro y tres retenes policiales sin emitir un sonido.
Pero le sacan una bolsa de naranjas… y automáticamente se transforma en abogado constitucionalista.
—¡Esto es ilegal!
—¡Yo pago impuestos!
—¡Es un abuso!
—¡¿Dónde dice que no puedo pasar un cajón de tomates?!
Señor… literalmente hay carteles cada quinientos metros.
NO ES UN CAPRICHO. ES SANIDAD
Lo importante es entender esto: el control no existe para molestar.
Existe porque una plaga puede destruir cultivos enteros, una enfermedad animal puede generar pérdidas gigantescas y un descuido puede afectar el trabajo de miles de productores.
Mendoza tiene uno de los sistemas sanitarios agrícolas más fuertes del país justamente porque vive del campo. Es, básicamente, un antivirus para la provincia.
Y sí, a veces te van a sacar una fruta, un salamín, una planta o una gallina sospechosamente nerviosa.
Pero prefiero eso antes que convertir Mendoza en Rápido y Furioso IX: La venganza de la Mosca del Mediterráneo.
CONSEJO FINAL PARA VIAJAR SIN DRAMA
Si viene a Mendoza, no traiga frutas ni verduras. No esconda mandarinas en la guantera, no envuelva duraznos en una toalla como si fueran lingotes de oro y no discuta con el personal del control como si ellos hubieran inventado las plagas agrícolas en una reunión secreta.
La gente del ISCAMEN no está ahí para arruinarle las vacaciones.
Está para cuidar una provincia que vive del campo.
Aunque a tu tía Gladys le hayan confiscado dos naranjas y todavía siga contándolo en cada asado familiar… hasta el año 2047.