¿Qué hicimos los runners en Pandemia?

Este fue el tiempo en que los practicamos deportes al aire libre más padecimos. Pero volvimos, más fuertes, más vehementes y más rompebolas

Los que no pertenecen a la gran Tribu de los corredores se han quedado con los que los medios de aquellos años mostraban. Pero no saben lo que tuvimos que pasar. O capaz que si, por algún pariente loco que se levanta los fin de semanas a la madrugada, y que vuelve con un hambre de refugiado.

En Mendoza la cosa tuvo tintes dramáticos. Faltaba alrededor de un mes para el gran acontecimiento: la MIM (Maratón Internacional de Mendoza). Estábamos afilados, recorriendo distancias cada vez más largas. Inundando las calles, avenidas, rutas y parque con nuestra ropa colorida y las redes sociales con abundantes y nunca suficiente fotos. 

De pronto: Bum. No podíamos salir. Pero, no podíamos en los sitios con mucha visibilidad. Clandestinamente la situación era otra. No digo que fuimos nosotros, pero recuerden que los primeros casos en Menducolandia eran de Personal Trainers haciendo cosas que mejor no voy comentar.

Los pudientes, en la medida que los controles los dejaban se alejaban y … corrían como pájaros libres. Pero una gran masa nos tuvimos que quedar. Y fue traumático. 

El primer mes de inactividad lo padecimos. La creatividad se exacerbó. Saltábamos en el lugar, nos pasaban rutinas de ejercicio, nos atábamos con elásticos a una reja y saltábamos inclinados. Dábamos infinidad de vueltas en nuestro patio, dejando en el tiempo una apreciable huella. O subíamos y bajábamos escaleras.. En mi caso hubieses sido ideal, ya que vivo en un tercer piso, pero en uno de los departamentos vivía un policía. Y persistía la idea de que si yo no puedo, no puede nadie.

Allí fue donde surgieron profesores que pasaban rutinas. Muchos cobraban y algunos lo hacían gratis. Pero, no era lo mismo. Y el cuerpo lo sentía. 

En redes veíamos videos y fotos de conocidos en la Quebrada de ‘Jodete por pobre’, o en el cerro ‘Seguí encerrado, Gil’ en grupos, abrasados y comiendo asado. Pero con barbijo.

Fue un mes duro.

Y un día dijeron que podíamos salir a caminar o andar a no más de quinientos metros del domicilio. Algunos, entre los que me incluyo, agarramos Google Maps y trazamos un círculo y armamos recorridos. Una sola vez lo hice y fue un bodriazo. Así que seguíamos saltando en el lugar, ejercicios tipo HIT y subiendo fotos en nuestra habitación. Y veíamos en redes que esos grupos que se alejaban crecían en número e iban a la finca “yo tengo amigos y vos no”. Correr, abrazos, asados, vino, pero con protección. Barbijo también.

En Mendoza tuvimos dos cosas buenas: el gobierno era laxo en cuanto a las medidas de restricción y tanto el Intendente de la ciudad cómo el gobernador eran runners. Y fue así que un día nos permitían trasladarnos a cinco kilómetros de nuestro domicilio. Desde mi casa al Cerro de la Gloria hay esa distancia. Y listo. Por supuesto, que si las autoridades hubiesen chequeado las aplicaciones como Strava, habrían visto como hacía bastante tiempo que los corredores y ciclistas se movían a mayores distancias. Pero bueno, no se le podía pedir mucho tampoco.

Había restricciones, y había centro de denuncias. Y lo más destacable es que los profesores o líderes de grupo se denunciaban entre ellos. Excepciones hubo, pero la mayoría eran celos del éxito ajeno. Mendoza es tan aldea que se sabía quienes denunciaban y por qué. Sólo provocaban risa, porque nadie restringió nada. Respetaban distanciamiento social, días según documento y número de personas reunidas. El cuidado de la salud es parte del ser Runner.

Allí los cultores de la actividad al aire libre ingresamos al paraíso. El Parque, el Cerro de la Gloria y el parque de Montaña estaban vacíos. Había vigilancia, pero nos reuníamos en lugares apartados, lejos de la visibilidad y salíamos.

Pero siempre con barbijo o la boca tapada, ojo. Abrazados, charlando juntos, después juntada, fotos, pero con protección.

Recuerdo una vez, sentado en la rotonda de los caballitos de Marly, sin el barbijo porque no había nadie cerca, ver pasar corriendo al Intendente con la boca tapada y mirándome feo. Ok. Lo reconozco, me la mandé. Mas seguí en la mía. Y así todos.

También en los sitios visibles todos distanciados y sin acercarse, con algún servidor público llamándonos la atención. Pero se alejaba un poco, onda cerca del hípico, o en la calle que da a la Calesita ver enjambres de Ciclistas charlando o corredores recibiendo instrucciones. 

Volvieron las carreras

En Mendoza tardaron, pero hay lugares, como cierto pueblo de la Patagonia donde el descontrol era épico. Ese que se filmaron en un centro de Ski y subieron a la redes, y fue tendencia nacional. Escándalo, pero a ellos les importó tres cacahuates y siguieron en lo suyo. A esos eventos iban todos con barbijo, convivían, respiraban, tomaban mate, participaban en la carrera, volvían con la joda encima. Y todos enfermos. 

Un epidemiólogo se hubiese hecho el pícnic.

Algunos perdimos algún amigo. Y fue una tristeza compartida. 

Pero después de varios intentos de volver la MIM regresó en un día caluroso, en vez de la habitual fecha en Abril Mayo. Y fue un desahogo comunitario. Y terminó un ciclo.

En esta épica se multiplicaron los que organizaban excursiones a sitios cerca del Arco de muy facil acceso. Y te cobraban. La gente le picó el bicho de la salud y se llenó de personas y basura sitios que normalmente estaban limpios. Con el tiempo, las costumbres y modas volvieron a la normalidad, y la basura a los sitios habituales.

Y cómo colofón, dejo está imagen.

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