Persianas caídas

Hay una imagen que vale más que mil análisis: persianas caídas. Y en Mendoza se ven cada día más, por todos lados.

Una persiana caída es la que baja para no volver a subir. Cae la persiana el supermercado. Cae la persiana el comercio de barrio. Cae la persiana el local del centro.

Hay un dato contundente: en 2026 cerraron 700 empresas en Mendoza; que equivale a unos 9.300 puestos de trabajo; que representan el 4% del empleo registrado.

Si vemos la parte positiva, y creo que es la que está viendo el Gobierno, entre 2025 y 2026 cerraron 1.000 empresas. Por lo cual el número 700 parece alentador. Pero en realidad, si uno suma, en 3 años desaparecieron 1700.

Hacer estos números es un sinsentido, porque una sola empresa que cierre ya es un problemón para un montón de familias.

No se trata solo de comercios o Pymes. Cerró el Hipermercado Libertad en Godoy Cruz y dos locales de Carrefour Express en el centro.

El comercio está en un círculo cerrado: menos ventas, menos rentabilidad, menos personal, menos compras, renegociación de alquileres, cierre o reconverción.

Posiblemente también se trate de un proceso de descentralización del comercio en capital. Y a eso se suma la compra por apps virtuales a precios que nunca pueden competir con un comerciante que paga alquiler, impuestos y sueldos.

En el caso de las Pymes, el número es más preocupante porque está asociado a la producción. Si la industria local no produce, el comercio local desaparece. Hay una rama que sí crece: la del comercio automotor. El lector dirá: cómo puede ser. Y sí, el trabajador despedido se compra un auto con la indemnización y se pone a laburar en Uber.

Por lo que, en realidad, lo que está sucediendo es una recomposición violentísima del consumo. Los mendocinos siguen comprando, pero compran diferente, compara más, busca promociones y concentra el gasto en lo indispensable.

Mientras en esta Provincia, la real, los comerciantes sacan cuentas de cómo pagar los sueldos y cumplir con la cadena de pagos; y los ciudadanos sacan cuentas de qué pueden dejar de comprar este mes; los políticos parece que viven en otra, discutiendo quién se queda con qué lugar en la lista, quién encabeza, quién será candidato, quién acompaña a quién y quién consigue una foto con el dirigente nacional de turno.

La pelea de arriba

En esa otra Provincia, la de los políticos, pelean también con la Nación, tirando se la soga por los recursos a cuenta gotas. Cornejo reclama recursos que Mendoza considera propios. Nación pone condiciones, negocia, demora, acuerda parcialmente. Provincia responde que no va a resignar lo que le corresponde.

Y está bien que Mendoza defienda sus recursos. Pero hay una pregunta que debería hacerse cualquiera que gobierne: ¿Cuál es la pelea que a los mendocinos les conviene ahora? Porque si la discusión entre Provincia y Nación termina convertida en una guerra de comunicados, conferencias de prensa y cruces políticos, mientras el comerciante sigue vendiendo menos, la pelea empieza a perder sentido para quien está del otro lado del mostrador.

La política mendocina ya está mirando 2027. Hay dirigentes que quieren encabezar. Otros quieren ser segundear. Otros que prefieren quedarse en la penumbra, operando. Hay quienes entendieron que una candidatura bien ubicada puede ser el primer escalón de una carrera mucho más grande. Y hay otros que sacan la cuenta de que quedarse en las sombras siendo los cajeros y operadores del poder es mucho más rentable.

Los partidos políticos también hacen cuentas. Pero en este caso, el mendocino, con la billetera seca y los pies cansados, ya no está midiendo la paciencia. Todo parece tranquilo, pero sabemos que la mecha está corta y que ante la primera chispa esto explota.

La persiana como encuesta

Los comercios que cierran son mucho más que una estadística. Son una encuesta a cielo abierto. Una persiana caída no tiene partido político. Pero detrás de esa persiana hay un comerciante que hizo números, un empleado que perdió su puesto, un propietario que dejó de cobrar un alquiler y una familia complicada.

Cuando esas persianas se multiplican, algo está diciendo la sociedad. Mínimamente, que está incómoda, posiblemente mucho más incómoda de lo que parece.

El mendocino no es precisamente simpático, por eso en Mendoza la antipatía social tarda en detectarse. Es ese momento en que el ciudadano empieza a desear que lleguen las elecciones. No por hacer un voto castigo, sino por poner un poco de justicia a lo que está viviendo.

Cuando la política pierde la capacidad de interpretar el humor social, las encuestas pueden decir una cosa y la calle otra. El comercio mendocino está mostrando justamente eso.

La persiana caída es la imagen. La billetera cerrada es la causa. Y la antipatía es la consecuencia política. Cuando la billetera se cierra, las urnas no perdonan.

Te la sigo el lunes que viene…

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