
Mendo querido, te escribo estas líneas desde la cúpula de un edificio en pleno barrio porteño.
Diez años en la capital y me encuentro tan tuya todavía…Buenos Aires tiene la costumbre de hablarme de vos.
Me pasa en Caminito, por ejemplo. Cuando todos los caminos me llevan a La Boca y descubro que la voz que escribió ese tango emblema nació mendocina. Nuestro Peñaloza; nuestra la herida. Nuestro, como vos.
Hay algo tuyo escondido en esta ciudad que insiste en disfrazarse de puerto. Y en la dicha del paisaje también recuerdo lo lejos que estoy de mis montañas, que pronto se pone el sol.
Te encuentro en los bares donde, cuando sirven un vino de Mendoza, el aire se vuelve notable y empiezan a recitarse memorias de tus parrales. Todos aquí esperan que por ser tuya sepa con qué marida cada ocasión. Y lo sé, también gracias a vos. Y en los cafés donde alguien pronuncia “cordillera” y por un segundo deja de llover adentro mío, un portal me lleva al Isaac Estrella.
Te pasa lo mismo, no necesito que me lo confirmes. Me buscas… Lo sé. Porque coincidimos en el pensamiento y encuentro tus pistas entre el moho y los adoquines, una prueba de que nunca me fui del todo, ni vos de mí.
Hoy, saliendo de San Telmo por Perú, pasando por las vinerías, llegué hasta Av. Belgrano y me encontré con vos.
Eras un edificio de dos cúpulas y en una, un sol grande como el de Mendoza. Tenías ocho atlantes que te sostenían, y un bestiario como tu staff, de presencias varias, hasta un cóndor me saludó. Tengo que entrar, me obligué. «Histórico solar» decía la placa de afuera. Pregunté si se podía visitar, me dijo que no. Para mi suerte el portero estaba de buenas y me dejó subir al balcón del 9no piso para apreciar la vista y, mate mediante, no me aguanté y te escribí.
El edificio se llama Otto Wulf, si lo damos vuelta, Wulf Otto. Y si giramos las iniciales hacia arriba: M y O. M and O… ayyyy…casi!! Esto ya es de fanática, encontrarte en todo.
¿Te acordás de esas noches de tres días que nos pegábamos, escribiendo la nota que todos esperaban los viernes? Fruto de nuestros encuentros, con la Soledad, con el Vino, con el pucho… Que lejos estamos de esas noches, que vieja nostálgica me volví.
Vos eras Mendoza cuando yo todavía no sabía nombrar el exilio. Te tomé antes de partir y no hequerido -no he querido- soltarte las gafas. Estás en cada letra, en cada nota que escondí, tuya y mía.
Pronto te escribo mi amor. Feliz de volvernos a encontrar, levanto esta copa a tu salud, gigante.