Hidroponía: el futuro llegó hace rato… ¡y viene sin tierra!

Hidroponía en Mendoza: producir sin tierra, ahorrar agua y emprender. El futuro de la agricultura ya llegó… ¡y viene sin tierra!

Alfredo Draque fue mi padrino en la Facultad de Ciencias Agrarias. Hoy, como director de Agricultura de Mendoza, está vinculado a una iniciativa que merece atención: el Clúster de Hidroponía. Pero hay algo que pocos saben: antes de meterse de lleno en los asuntos agrícolas de la provincia, Alfredo también tuvo una responsabilidad bastante particular: ¡hacerle el vino a Enzo Francescoli! En 2014 elaboró el primer blend InmEnzo, del ídolo de River. Así que el hombre sabe de raíces, aunque algunas sean futboleras.

Pero esto no es una nota de campaña ni un acto académico. Venimos a hablar de plantas, agua y de cómo producir sin necesitar una finca heredada del bisabuelo.

La hidroponía, dicho en criollo, es cultivar sin suelo. Las raíces reciben agua con los nutrientes que necesitan, ya sea directamente en una solución nutritiva o a través de sustratos como fibra de coco, perlita o incluso orujo de uva. En Mendoza, hasta los restos de la vendimia pueden ayudar a producir tomates.

¿Y por qué mirar esta técnica? Primero, por el agua. En una provincia donde cada gota vale más que una sombra en enero, los sistemas hidropónicos pueden ahorrar entre un 70 y un 90 % respecto del cultivo tradicional en suelo. Segundo, por el espacio: se puede producir en patios, terrazas, galpones o pequeños invernaderos. Algunos sistemas permiten aprovechar la altura y multiplicar los lugares de cultivo. Tercero, por el tiempo: una lechuga puede estar lista en unos 40 a 45 días, mientras que en suelo suele necesitar entre 70 y 90.

Y no estamos hablando de una rareza para juntar likes en Instagram. Según el Censo 2024 de la Asociación Hidropónica Argentina, Mendoza reúne 18.650 metros cuadrados declarados y ocupa el tercer lugar nacional. Además, dos de cada tres productores relevados en el país no tenían experiencia previa. Más de la mitad desarrolla la actividad como complemento de otra ocupación y también hay quienes la tienen como pasatiempo. Es decir: no hace falta haber nacido con un tractor bajo el brazo ni renunciar mañana al trabajo para empezar.

Ahí aparece lo más interesante: la hidroponía puede ser una salida laboral, un emprendimiento familiar, una actividad para enseñarles a los chicos de dónde viene la comida o, simplemente, un hobby que te saque un rato del celular. Se puede empezar con lechuga, rúcula o albahaca y, si aparecen la paciencia y los números cierran, pensar en crecer y vender.

Claro que no todo es poner una plantita en un caño y esperar que caigan billetes del cielo. Hay que controlar el pH, la concentración de nutrientes, la calidad del agua, la temperatura y el funcionamiento de las bombas. Un corte de electricidad o un error de manejo puede comprometer el cultivo en pocas horas. La hidroponía ahorra agua, no atención. Y quien prometa rentabilidad automática probablemente también venda cursos para hacerse millonario mirando una maceta.

Por eso tiene sentido que se haya creado el Clúster de Hidroponía de Mendoza: para acercar a quienes producen, a quienes saben, a quienes proveen tecnología y a quienes recién están pensando en empezar. La iniciativa busca que el conocimiento circule y que los problemas reales del sector encuentren respuestas compartidas.

¿Dónde aprender y por dónde empezar?

Quienes quieran conocer más pueden consultar al INTA y a la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo. También pueden escribir a la Dirección de Agricultura de Mendoza (direcciondeagricultura@mendoza.gov.ar) para consultar cómo incorporarse al Clúster y conocer las próximas capacitaciones. Porque antes de comprar caños, bombas y nutrientes, conviene aprender.

El consejo de Don Brote: empezá chico, con unas pocas plantas de lechuga o albahaca. Aprendé a medir el pH, controlar los nutrientes y observar las raíces. No inviertas los ahorros de tu vida en un invernadero porque viste un video de un tipo cosechando 500 lechugas en 30 segundos. Primero aprendé, después producí y finalmente sacá cuentas. La planta puede crecer rápido; el negocio necesita tiempo.

Mendoza tiene sol, experiencia agrícola, conocimiento técnico y una necesidad enorme de producir mejor con menos agua. La hidroponía no viene a jubilar a la agricultura tradicional ni a convertir cada balcón en una empresa. Viene a sumar una herramienta.

Capaz que el próximo emprendimiento no empiece en una finca de cien hectáreas, sino en un patio de cuatro por cuatro, con una bomba, unos canales y alguien que se anime a aprender. Y si la primera lechuga sale medio triste, no pasa nada: hasta los ingenieros tuvimos alguna planta que no llegó a conocer la cosecha.

Ing. Agrónomo Don Brote

Instagram: @donbroteingeniero

Nota auspiciada por:

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