Tela de araña (Web)

El misterio sobre un entramado en el subsuelo se empieza a develar al descubrir una colonia de arañas.

Siendo técnico de redes me dirigía a un edificio céntrico en una de las principales manzanas de la ciudad. Una construcción de varios pisos, con cierta antigüedad. Allí una empresa en pleno crecimiento con la irrupción de la fibra óptica construía un servicio de hosting en el sótano.

Las instalaciones estaban en el segundo subsuelo, al que accedí por una escalera ya que el ascensor se encontraba en reparación y trataban de no hacerlo llegar hasta abajo. En horario de oficina la prioridad eran las distintas empresas inquilinas de la torre.

Allí me encontré con una persona de aspecto curioso. Se presentó como el Conserje. 

– ¿Encargado?-pregunté, un poco afirmando

– No. Conserje -dijo secamente.

Las escaleras desembocaban en un pasillo gris. Baldosas y paredes del mismo tono. Tres puertas espaciadas por cuatro o cinco metros y una en el extremo sur. Detalle que me despertó curiosidad. No había nada del otro lado, solo una construcción vieja. Y era difícil que llegara tan abajo.

La sala de servidores estaba refrigerada. El aire se sentía saneado en comparación del pasillo por el que venía..

-Aquí están los servidores- dijo y me señaló un escritorio con un teclado y un monitor. A su lado un par de estanterías con Cpu conectadas. Se sentía el zumbido de los cooler trabajando.Y el reconfortante y ligero aroma a electrónica

Una mini tower ladeaba el monitor del escritorio. Saqué mi notebook y busqué una conexión para el cable de red. En el piso había un hub. Estaba lleno de tierra. Resaltaba el estado respecto a la pulcritud de la sala.

El conserje se había retirado. 

Me habían reportado que a veces los microcortes eran frecuentes. Un par de veces por semana se perdían archivos enteros. Chequee todo lo que tenía que ver. La red funcionaba bien. El servidor se conectaba a seis estaciones y de ahí salía al exterior. Las cajas deberían estar en algún poste de la calle. Esperaba no tener que salir a chequear las conexiones.

Al correr un rastreo de comunicaciones y dispositivos apareció una séptima estación. Le di refrescar porque no me aceptó los intentos de verla y desapareció.

Me levanté y revisé los servidores de la sala. Todo estaba bien conectado. Habría que testear cada una de las salidas. 

Del otro lado de la habitación habían seis routers, del cual salían fibras hacia el exterior. Los cables se metían en la pared hacia el lado sur. Estimaba que por allí salían a la calle.

Fisicamente, salvo que hiciera una chequeo de las conecciones individualmente, estaba bien.

Volvía a mi computador y volví a rastreas la red. Apareció de vuelta la otra estación. Alcancé a ver las propiedades y pude sacarle una foto con mi teléfono a mi monitor. 

Llamé tanto a mi jefe como al responsable de la empresa. Ninguno reconoció la dirección de red. No era posible. Decidí volver otro día con alguien que me ayudara.

Al salir al pasillo el conserje se encontraba abriendo la puerta del extremo.

-¿Quiere ver?- me dijo

Me acerqué y la pared de cemento me esperaba a escasos veintes centímetros. La abertura permitía al empleado limpiar lo que caía o recuperar algún objeto. Esa era la actual función.

-Nadie sabe para que se hizo-dijo-porque cuando se construyó, al lado había una construcción vieja. Quizás los anteriores dueños del edificio pensaron en expandirse. O construir una playa de estacionamiento.

-Estamos a dos niveles bajo el suelo-acoté mientras me asomaba. Del lado oeste se veía la calle. Me quedé estupefacto. Algo me hizo callar ese detalle.

Recordé que había dejado un par de herramientas en la sala de servidores, y luego de recuperarlos, volví al pasillo. El conserje se había retirado. Cuando empecé a subir la escalera sentí un sonido metálico desde la puerta. Se había abierto un poco.

La curiosidad me pudo y me acerqué. En el piso noté las rayas que en otras ocasiones de mi vida estaban en la antesala de algo extraño. Estaba parado en ellas. Terminé de abrir la puerta. Ante mi tenía una sala de unos diez por diez metros. De unos cuatro metros de alto. Tendían de las paredes y el techo telas de araña muy fina. Como redes de tul. Plafones de luces fluorescentes la iluminaban. El olor era a tierra. Y el aire era seco. Del costado oeste salía de la pared el caño que seguramente conducía las fibras y a mitad de camino se arracimaban una red de tela alrededor de lo que se alcanzaba a distinguir una caja de conexión. Entré con miedo de pisar algo, puesto que el piso también estaba tapizado de la tela. Un camino iba hacia la conexión, otros a debajo de cada plafón de luces, otro al centro donde un escritorio yacía bajo una montaña blanquecina. y el resto hacia los rincones de la sala. Al moverme tuve que esquivar hilos que atravesaban todo.

Al estar cerca de la caja, que se encontraba a un metro y medio de altura distinguí una infinidad de arañuelas entrando y saliendo y recorriendo los hilos. De colores rojo, verdes y blancas.

Di unos pasos para atrás por miedo. En el extremo sudeste se habría un hueco en el piso, alrededor del cual no había tela. Me acerque un número pequeño de hormigas iban y venían. Si bien el aroma del salón era limpio, de aquel hueco surgía una leve ponzoña. Un par de ratones se acercaron, olieron, tomaron algún objeto del piso y se fueron siguiendo la pared.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo. 

Me sobresalté al escuchar que la puerta se cerraba y las luces se apagaron. En rincón sud oeste estaba levemente iluminado. Al acercarme aprecié otra puerta. Pero estaba cubierta de tela. Todo el salón lo estaba. Y ya empezaba a sentir una extraña sensación que me recorría la piel. Saqué una linterna y me miré. No tenía nada.

Al tocar los bordes de la apertura esta se abrió rasgando la tela que la cubría. Una escalera subía a un salón comercial de venta de ropa. Los empleados me prestaron un segundo de atención y siguieron con lo suyo.

Salí a la calle. Centro de la ciudad. El ruido del mediodía.

Mi giré y no había ningún edificio. Solo la casa antigua.

El estado de estupefacción me siguió mientras me sentaba en la plaza que estaba esquinada al edificio. Cada tanto miraba mi ropa y no había señales de bichos, pero la sensación de hormigueo en mi piel persistía. La visión invadió mi mente y se mantuvo en ella por meses. 

Las señales se mezclaban en mi cabeza con uno mas de los hechos sobrenaturales de mi vida. El hormiguero. Los huecos entre las construcciones que no existían en apariencia. Y un entramado por debajo de la ciudad.

Nunca pude volver a trabajar de algo tan complicado. Entre en un Burn Out del cual tardaría años en salir.

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