17 de octubre: cómo se arma el peronismo para 2027

El 17 de octubre no es una fecha cualquiera en el peronismo. ¿Qué pasó este sábado y qué se viene?

El 17 de octubre encontró al peronismo mirando su propia historia, a La Libertad Avanza organizando a sus jóvenes y a las universidades reclamando por su presente. Detrás de las fotos, los discursos y las banderas, lo que está en juego es el modelo de provincia y de país se va a discutir en 2027.

Mientras el peronismo conmemoraba el Día de la Lealtad, La Libertad Avanza organizó su primer Congreso Provincial de la Juventud en Mendoza para esa misma fecha. La coincidencia fue anunciada semanas antes, aunque no hay evidencia suficiente para afirmar que la elección del día tuviera una intención deliberadamente provocadora.

El peronismo busca reconstruir

La cuestión no tiene nada de épica. ¿Cómo se reconstruye una fuerza política que quiere volver a gobernar cuando todavía está discutiendo quién tiene derecho a conducirla? Como siempre, y no está mal, el peronismo apela a su historia, a la militancia y a la necesidad de reconstruir una alternativa frente a la crisis económica.

Por su parte, La Libertad Avanza, buscó organizar y formar a sus jóvenes dirigentes. Ambos espacios enfrentan una disputa por algo más que los votos. Se trata, en primera instancia, de contruir una identidad política que movilice a las nuevas generaciones. Porque hay que decirlo: hoy, el peronismo está pasado de moda, apelmazado.

De hecho, apelar a la memoria histórica para entusiasmar a la propia militancia ya es una carta gastada y aburrida. Lograr conectar con quienes están preocupados por el trabajo, los ingresos, el costo de los servicios y la posibilidad de sostener un negocio, es un desafío para todas las fuerzas políticas, pero para un peronismo anacrónico, todavía más.

La lealtad puertas adentro

Mientras una parte del peronismo apelaba a su historia, la interna partidaria sigue marcando sus límites. La conducción de Emir Félix, el peso territorial de los intendentes, la proyección de Matías Stevanato y los cuestionamientos de Flor Destéfanis y sectores vinculados a La Cámpora forman parte de una disputa que va mucho más allá de los nombres.

La fecha, por sí sola, no resolvió la interna. Lo relevante es que llegó en medio de una disputa que no logró resolverse en setiembre y que se definirá en las próximas elecciones partidarias del 29 de noviembre.

Emir Félix busca sostener la conducción; Matías Stevanato aparece como una opción de proyección provincial; Flor Destéfanis construye una candidatura propia; Carlos Ciurca aporta capacidad de articulación; y Omar Félix representa una base territorial que pesa en cualquier acuerdo.

El 29 de noviembre será la primera prueba importante para ver si, por lo menos desde adentro, hay algo de acuerdo, pero no resolverá la candidatura a la gobernación. Sin dudas, se va a tratar de una medición de fuerzas interna, que va a ser seguida de cerca por La Libertad Avanza y el cornejismo.

Y hay un punto que el peronismo no debe ignorar. Si la discusión se concentra únicamente en quién ocupa cada silla, puede perder de vista la razón por la que necesita volver a ocuparlas. ¿De qué se está hablando, en el fondo? De quién conduce el partido, de cómo se distribuyen los espacios y de quién tendrá capacidad para intervenir en la selección de candidaturas.

La discusión es legítima. Ninguna organización política está obligada a pensar de una sola manera. Pero la pluralidad no puede ser apenas una palabra para los discursos, ni la unidad una exigencia que siempre deben cumplir los demás.

Si el peronismo quiere reconstruir una alternativa provincial, tendrá que resolver cómo conviven sus intendentes, sus sectores sindicales, sus agrupaciones territoriales y las distintas expresiones del kirchnerismo. También deberá definir qué lugar tendrán los jóvenes y qué mecanismos permitirán que las decisiones no se reduzcan a acuerdos entre dirigentes.

Sobre esto último hay mucho que trabajar puertas adentro, porque el apelmazamiento del peronismo está directamente relacionado a que los mismos nombres de siempre son los que están en los diarios y en las listas. Es necesario comprender, sobre todo para una fuerza política histórica como el peronismo, que la renovación es la garantía de futuro. Los jóvenes no votan viejos y las mujeres no votan «esposas de».

Para competir en 2027, el peronismo tiene que ofrecer una respuesta concreta sobre salarios, empleo, tarifas, comercios, servicios públicos y desarrollo provincial. La reconstrucción política no se mide solamente por la cantidad de intendentes que se sientan a una mesa, sino por la capacidad de recuperar la confianza de quienes dejaron de votar al peronismo.

La lealtad, en una organización política, no debería confundirse con obediencia. Y la conducción no debería confundirse con la propiedad del partido.

La Libertad Avanza también salió a construir su futuro

El mismo 17 de octubre, La Libertad Avanza realizó en Godoy Cruz su primer Congreso Provincial de la Juventud. La jornada reunió a referentes nacionales y locales en torno a la formación política, el liderazgo, la comunicación digital y la organización territorial.

La coincidencia con el Día de la Lealtad peronista fue inevitablemente llamativa. No hay elementos suficientes para afirmar que la fecha se eligió con la intención deliberada de provocar al justicialismo. Pero el contraste político estuvo ahí, a la vista de todos.

Mientras el peronismo conmemoraba una movilización que nació en las calles y quedó incorporada a su identidad, el espacio libertario buscaba consolidar una estructura juvenil propia, capaz de combinar redes sociales, formación política y presencia territorial.

La diferencia no es menor y, desde mi punto de vista, al menos en lo que se ve si uno no escucha a ninguno, me quedo con la propuesta que mira hacia adelante y no hacia atrás.

La Libertad Avanza llegó al poder con una narrativa que cuestiona a las estructuras tradicionales, a los intermediarios de la política y a buena parte de las instituciones del Estado. Sin embargo, para sostener un proyecto de gobierno necesita algo más que una comunidad digital: necesita cuadros, organización, dirigentes y capacidad de construir acuerdos. Eso se logra con perspectiva y con vocación de permanencia en el poder de manera legítima.

La juventud libertaria: entre Luis Petri, Ulpiano Suárez y Tadeo Salazar

Que el congreso de jóvenes se haya realizado en Godoy Cruz es un guiño. Y también muestra la disputa dentro del sector oficialista: la relación entre el espacio libertario y Cambia Mendoza, el lugar de Alfredo Cornejo, en vistas a las listas de 2027.

El crecimiento de una estructura juvenil no determina por sí solo el resultado de esa negociación; pero sí muestra que la competencia política ya no se limita a los dirigentes que aparecen en las boletas.

También se disputa quién forma a los próximos militantes, quién establece los temas de conversación y quién consigue convertir una identidad política en una organización duradera. (Apunte para el peronismo que suele tener todas las recetas en los manuales de Perón).

El peronismo tiene una historia que transmitir. El libertarismo intenta construir una identidad propia. Ninguno puede dar por asegurado que las nuevas generaciones le pertenezcan.

La universidad salió a reclamar por el presente

Dos días antes, el jueves 15 de octubre, Mendoza fue parte de la quinta Marcha Federal Universitaria. Estudiantes, docentes, trabajadores y autoridades académicas se movilizaron en defensa de la universidad pública y reclamaron el cumplimiento de la normativa de financiamiento universitario.

La protesta nacional llegó después de nuevas controversias por los recursos destinados a las universidades. El Gobierno de Milei sostuvo su posición de ajuste fiscal, mientras la comunidad universitaria denunció el deterioro presupuestario y reclamó que se cumpla la ley de financiamiento.

La marcha no fue un acto partidario, aunque obviamente participaron sectores políticos y sindicales. Sin embargo, reducir la Marcha Universitaria a una expresión del peronismo o de la oposición sería desconocer que la defensa de la universidad pública atraviesa a personas con distintas identidades políticas.

Lo que está en discusión es el financiamiento de la educación superior, qué salarios reciben quienes enseñan e investigan, qué condiciones tienen los estudiantes para cursar y qué oportunidades quedan disponibles para quienes no pueden pagar una institución privada.

En Mendoza, donde la Universidad Nacional de Cuyo y la UTN forman parte de la vida educativa, científica y productiva, el debate tiene consecuencias que van más allá de las aulas. La universidad forma profesionales, desarrolla investigación, sostiene hospitales y laboratorios, y permite que miles de familias imaginen un futuro distinto para sus hijos.

La discusión presupuestaria, entonces, no es solamente una cuenta del Estado; sino una discusión sobre movilidad social, desarrollo y oportunidades.

El Gobierno nacional tiene derecho a discutir prioridades, eficiencia y controles sobre el gasto público. Pero esa discusión no elimina la obligación de cumplir las leyes vigentes ni resuelve por sí misma cómo sostener un sistema universitario de calidad.

Del mismo modo, defender la universidad pública no debería impedir debatir cómo mejorarla, cómo evaluar sus resultados y cómo garantizar que los recursos lleguen efectivamente a la enseñanza y la investigación.

Lo que no puede hacerse es convertir a los estudiantes en una variable de ajuste sin explicar qué país se pretende construir con menos oportunidades educativas.

En 2027 no se discutirán solamente candidaturas

Quién será candidato a gobernador, quién encabezará las listas legislativas y cómo se repartirán los lugares, son preguntas importantes. Las candidaturas expresan relaciones de poder y determinan quiénes tendrán la responsabilidad de representar a la ciudadanía. Pero no alcanzan para explicar qué se jugará en las próximas elecciones.

Detrás de los nombres hay, por lo menos, cinco discusiones que deberían ocupar el centro de la agenda.

El empleo y el consumo. ¿Qué políticas pueden sostener la actividad de los pequeños comercios, recuperar ingresos y generar trabajo? ¿Cómo se compatibilizan el equilibrio fiscal, la inversión privada y la protección de quienes quedan afuera del mercado laboral? Mendoza no puede medir su desarrollo únicamente por los anuncios de grandes inversiones si una parte de su economía cotidiana pierde capacidad de sostenerse.

El costo de vida y los servicios públicos. El conflicto por el régimen de Zona Fría mostró que las decisiones nacionales tienen efectos directos sobre los hogares mendocinos. También puso sobre la mesa la relación entre los gobiernos provincial y nacional: hasta dónde llega el alineamiento político y en qué momento la defensa de los intereses de la provincia exige tomar distancia.

La educación y la movilidad social. La universidad pública, la educación técnica y la formación profesional serán parte de una discusión más amplia sobre qué oportunidades se ofrecen a los jóvenes. No alcanza con reclamar empleo si, al mismo tiempo, se debilitan las herramientas que permiten acceder a él.

El modelo productivo de Mendoza. La minería, la energía, el turismo, la agroindustria y los servicios pueden generar actividad e inversiones, pero también exigen discutir el uso del agua, los controles ambientales, la distribución de los beneficios y las condiciones de trabajo. La pregunta no es solamente cuánto puede producir la provincia, sino quiénes participan de esa producción y qué queda en las comunidades.

La calidad de la representación política. Las internas partidarias, los acuerdos electorales y la renovación de dirigentes importan porque determinan quién toma las decisiones. Pero la ciudadanía también tiene derecho a preguntar cómo se elaboran las propuestas, cómo se rinden cuentas y qué mecanismos existen para corregir una política que no da resultados.

Ninguno de estos temas pertenece exclusivamente a un partido. El oficialismo provincial tendrá que responder por su gestión; el peronismo deberá explicar qué alternativa propone; y La Libertad Avanza tendrá que mostrar cómo traduce sus ideas nacionales en soluciones para los problemas concretos de Mendoza.

Entre la memoria y el futuro

El 17 de octubre dejó una imagen interesante de la Argentina política actual. El peronismo volvió a su fecha fundacional para reivindicar la organización popular y la protección social. La Libertad Avanza reunió a jóvenes para fortalecer una identidad política que busca cuestionar las estructuras tradicionales. Y, apenas dos días antes, la comunidad universitaria había salido a la calle para defender el financiamiento de una institución que considera fundamental para el futuro del país.

Son tres escenas diferentes, pero hay una pregunta que las atraviesa: qué lugar ocupa la sociedad en el proyecto político que se intenta construir. ¿Se la convoca solamente para votar? ¿Se la considera protagonista de las decisiones? ¿Se la escucha cuando reclama por sus ingresos, su educación o sus oportunidades? ¿Qué sucede cuando sus demandas chocan con las prioridades de un gobierno?

En Mendoza, 2027 será mucho más que una competencia entre apellidos conocidos. Será una oportunidad para discutir qué provincia se quiere construir, qué responsabilidades debe asumir el Estado, qué papel le corresponde al sector privado y cómo se distribuyen los costos y los beneficios del desarrollo.

El peronismo no puede vivir indefinidamente de su memoria. La Libertad Avanza no puede sostener indefinidamente su identidad solamente en el rechazo a lo anterior. Y el oficialismo provincial no puede dar por saldadas todas las cuentas por el hecho de administrar el Estado.

La historia sirve cuando permite comprender el presente, no cuando reemplaza la obligación de pensar el futuro.

La lealtad puede ser una memoria compartida, la libertad puede ser una promesa de autonomía y la universidad puede ser una puerta hacia nuevas oportunidades. Pero ninguna palabra, por importante que sea, resuelve por sí sola los problemas de la gente.

Te la sigo el lunes que viene…

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