Hay un gimnasio en el centro de Mendoza que tiene una particularidad en su vestuario, un espejo que depende de cómo te ubiques en las duchas permite ver a quien entra por la puerta.

Mi rutina de gym necesitaba de un profesor que la estimulara y fue ahí cuando él apareció. Era un profe nuevo, simpático, canchero, y con muchas ganas de comenzar a trabajar. Se acercó a mí, se presentó y me preguntó que tocaba hoy, y de pronto una cosa llevó a la otra y terminamos hablando de gustos y morbos en el sexo.

Me dijo que le gustaba dominar y someter por la fuerza al otro, que se consideraba bisexual ya que alguna que otra vez había tenido encuentros con hombres.

Había algo en él que me llamaba poderosamente la atención y era su pelo, lo usaba largo pero lo escondía en una gorra. Su cuerpo era atlético, de un hombre en sus 40, una boca que invitaba con cada palabra a besarla, y usaba unos short cortos blancos que no dejaban nada a la imaginación. Si me preguntan, su bulto se llevaba todos los laureles.

Estuvimos hablando un par de días, él siempre llegaba cuando yo iba por la mitad de mi entrenamiento y se detenía a charlar, me preguntaba cómo estaba y si veía algún ejercicio mal me lo corregía. Para el cuarto día nos habíamos pasado el whatsapp con la excusa de armarme una buena rutina y compartirla por ahí.

Ese sábado me propuse encararlo así que saque un arma letal, me puse un pantalón cortito con un suspensorio que siempre se notaba, no había chance de que no se fijara en mí, sin embargo cuando me vio no dijo absolutamente nada, se dirigió hacia a mi como venía haciéndolo siempre.

Terminé de entrenar muy frustrado, agarré el bolso y me fui hacia el vestuario, él me vio, estaba hablando con una chica enseñándole un ejercicio.

Cuando entré me senté en una de las bancas, saqué la toalla y el estuche amarillo del jabón, me quité la ropa, y quedé desnudo solo con mi narciso mirando la puerta, parado acariciado mi cuerpo deseando que él entrara y me viera justo así. Para mi suerte no lo hizo, así que me resigné a irme a bañar.

Ese día en el gym había poca gente, por ende el vestuario y las duchas estaban vacíos. Habrá pasado unos 10 minutos desde que abrí el agua y se llenó todo de vapor, en eso escuché el chirrido de la puerta abriéndose, me incliné hacia el espejo, y lo vi entrar, caminando directo hacia mí mientras que su mano bajaba hacia el cierre de su pantalón, dejando salir una erección.

Cuando llegó hasta el borde de la ducha me miró y me dijo “¡CHUPA!” Me arrodillé y metí su pene en mi boca, saboreé su glande y su tronco mientras el agua me salpicaba la espalda. Me agarró la cabeza y la empujó contra su ingle hasta hacerme ahogar y dejarme sin respiración.

Me sostuvo con tanta fuerza hasta que hice la arcada y me tiré hacia atrás, quedé sentado en las duchas mirándolo, viendo su cara de placer mezclada con algo de perversión. Pude ver como saboreó con su lengua el labio superior, sonrió y me dijo “Rica boca”

Retrocedió, sacudió su miembro en mi cara, se subió el cierre y se fue.

Terminé de bañarme sin creer en lo que había pasado, y cuando volví al salón para irme me lo crucé y me dijo

– Nos vemos el lunes, llego temprano tipo 13:30 hs.

Entendí la indirecta perfectamente pero la historia de ese segundo round se las voy a contar la próxima…

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