Hay plagas que preocupan, algunas generan pérdidas económicas, otras comprometen una producción y después está la chinche del arce, un pequeño insecto rojo y negro que logró algo extraordinario: convertirse en un problema mucho más grande en la cabeza del vecino que en el jardín.
En Mendoza alcanza con que aparezcan unas cuantas chinches sobre una pared, para que se active inmediatamente el protocolo provincial de catástrofe. Fotos desenfocadas al grupo de WhatsApp, audios de 3 minutos, teorías conspirativas, consultas sobre si “pica” y, finalmente, la pregunta inevitable: ¿Y la Municipalidad cuándo va a fumigar?
La chinche del arce, está asociada principalmente a árboles del género Acer, es un insecto inofensivo para la salud: no pica a los humanos ni a las mascotas, no transmite enfermedades y no daña la estructura de las plantas, alimentándose exclusivamente de los fluidos de frutos y semillas de arces y fresnos. Su impacto se limita a una molestia estética cuando se juntan en grandes grupos buscando calor en las grietas, paredes, galpones y lugares calentitos que encuentre. Es molesta, te puede generar impresión, pero tampoco es Godzilla. No viene a conquistar Mendoza, tampoco sabe cómo quedarse con la escritura de tu casa, no quiere secuestrar a tu perro y, hasta donde pude averiguar, tampoco ha aprendido a votar.

El verdadero fenómeno digno de estudio aparece cuando la chinche entra en contacto con el vecino mendocino. Ahí es donde la historia se pone interesante, ya que hay varias características del vecino para la misma chinche.
Está el vecino «dependiente estatal»; que considera que cualquier problema que ocurra desde la línea de la puerta hacia afuera es automáticamente competencia municipal. Si tiene el pasto largo, tiene chinches, o corre viento zonda, la Municipalidad tiene que resolverle todo. Incluso si la chinche se reproduce, probablemente también sea culpa del Intendente; y vaya a enfrentarlo y decirle “¿Cuándo pasa el camión a fumigar?». Hermano, tenés una ferretería a dos cuadras. No te estamos pidiendo que te hagas cargo del nuevo túnel de la cordillera para cruzar a Chile, solo tenés que informarte, comprar el producto adecuado y aplicarlo en forma responsable.
Después está el vecino “consultor serial”.
- ¿Qué le puedo echar?
- Puede ser un insecticida registrado para ese uso, por ejemplo Cipermetrina y aplicarlo siguiendo las recomendaciones de la etiqueta.
- ¿Cipermetrina?
- Sí
- ¿Dónde lo consigo?
- En la ferretería de la esquina.
A los 10 minutos me hacen otra pregunta:
- ¿Qué marca compro?
- La que tenga cipermetrina.
A la hora de nuevo:
- Don Brote ¿Pero no le hará mal al perro?
Ahí surge la gran paradoja. Le da pánico usar un producto apto para espacios públicos, pero en la lavandería de su casa tiene una caja de zapatillas con químicos mezclados con lavandina, creolina, venenos para ratas sin etiqueta y un bidón misterioso de 1998. Eso sí que es manejo integrado de plagas.
Luego está el vecino “Terminator”. Este tipo está en el otro extremo, descubre el insecticida y flashea la guerra química de Irán a Estados Unidos.
- Me imagino que le pusiste 5 ml de Cipermetrina en 1 litro de agua.
- Un poquito más le eché. (Me contesta)
- ¿Cuánto es un poquito más?
- 100 ml, es que quiero asegurarme.
Ese vecino no fumigó: hizo una limpieza étnica de artrópodos. Les dio a las chinches, pero en el camino se llevó puesto: abejas, mariposas, vaquitas de San Antonio y cualquier otro insecto benéfico para la flora que pasaba por ahí. Una cosa es cotrolar una molestia y otra muy distinta es declarar la Tercer Guerra Mundial en el patio convirtiéndolo en la Biodiversidad de Chernóbil.
¿Cómo se controla realmente?
Mi consejo de ingeniero Agrónomo es “La regla de oro”; no entrar en pánico.
- PREVENCIÓN: mantener los árboles podados, retirar las hojas secas acumuladas y sellar las grietas de las paredes y marcos por donde se meten a buscar calor.
- METODOS FÍSICOS: si son pocas, agua con detergente y un manguerazo. Corto y al pie.
- CONTROL QUIMICO RESPONSABLE: si la infestación lo justifica, se usa un producto registrado (la famosa Cipermetrina). No es agua bendita, no aumentes la dosis “para que mate más”, no la mezcles con otros químicos y respetá siempre las instrucciones del envase. El objetivo es controlar la plaga, no convertir tu casa en un desierto biológico.
Y hay una cuestión fundamental: indentificar correctamente el problema antes de aplicar cualquier producto. No todo insecto que aparece en una pared necesita insecticida. No toda chinche necesita fumigación. Y no todo producto que duerme en una lavandería de una casa hace 7 años está autorizado para cualquier cosa que camine.
Cuando la población realmente requiere tratamiento, debe utilizarse un producto registrado y autorizado para ese uso, respetando la etiqueta, la dosis, el momento de aplicación y las condiciones de seguridad.
No se mezclan productos porque “así pega más”, no se aumenta la dosis porque “así mata mejor”. La dosis no es una sugerencia, el insecticidad no es una gaseosa y el jardín tampoco un laboratorio clandestino. Porque la chinche del arce puede ser una plaga molesta, pero la combinación de ignorancia, comodidad, y locura, puede convertir tu jardín en un yermo.
Si después de leer todo esto, todavía querés preguntarme que le podés echar a la chinche… Te lo digo despacito:
CI-PER-ME-TRI-NA
Ahora andá a la ferretería, y comprá una presentación hogareña de 70cc a 100cc, te vas a gastar en $5.000 a $8.000 según la marca, leé la etiqueta y aplicá lo que corresponde.
Ing. Agrónomo Don Brote.
NOTA AUSPACIADA POR:

6 comentarios en “EL VECINO Y LA CHINCHE DEL ARCE”
jajajajaj muy buena, colega! Me encantó el humor y la explicación que transmitís.
Muchas gracias por leer la nota, Cristian. La idea es justamente no hacer notas científicas ni llenarlas de palabras complicadas. Como dice Fantino: que la entienda hasta mi tía Marta, de Tres Esquinas.
Jajaja excelente explicación!!!
🙂
Una plaga nueva!
Qué genial explicación!!!!.
Felicitaciones