La bestia del descampado

Un lector nos cuenta una experiencia infantil que marcó su vida. Tu historia puede ser la de él. Hoy abrimos el espacio para la conciencia y la superación.

Lo vi sentado en la esquina de casa fumando un cigarrillo. Era un joven de unos 17 años, su físico siempre me había llamado la atención. De piel blanca, cabello negro y un poco largo, llevaba puestos unos jeans cortados y una remera de una banda de rock que no recuerdo bien.

Me acerqué a ese chico rebelde que siempre se prestaba con nosotros a jugar un fulbito, cada vez que nos encontraba en la calle. ¡Cuánta inocencia en esa decisión!

Me senté al lado de él mientras su cigarrillo se terminaba, me dio una palmada en la cabeza y me preguntó qué hacía tan tarde en la calle, le respondí que mi papá aún no llegaba y que lo esperábamos para cenar.

No sé cómo comenzó la charla ni cómo se transformó en lo que fue. Solo recuerdo que me llevó a un descampado, que se bajó los pantalones y me hizo masturbarlo. Recuerdo que mis manos se cansaban del movimiento. Recuerdo no entender porque él me pedía que siguiera, y siguiera, y no parara.

Aún veo mis pequeñas manos envueltas en un líquido espeso blanco. Recuerdo como él se levantó y me dijo: «Esperá acá hasta que me vaya». Recuerdo la ansiedad y miedo por llegar a mi casa tarde.

Entré a mi hogar corriendo y, desesperado, me encerré en el baño a lavarme las manos.

Recuerdo a mi papá llegar mientras yo estaba en el baño. Recuerdo a papá preguntándome desde afuera cómo me había ido y qué había estado haciendo en la calle hasta tan tarde.

Recuerdo mentirle a mi viejo.

Recuerdo el olor en mis manos, mezcla de sudor con algo metalizado. Recuerdo la desesperación por quitarlo de ellas. Recuerdo ese olor perdurando en mi nariz y en mi inconsciente. Recuerdo quedarme callado y no hablar ni pensar más en ese tema.

Hoy, con 40 años, puedo entender que eso fue un abuso sexual, que no tendría que haberme quedado callado, de alguna manera lo dejé escondido en el fondo de mi cabeza. Me hizo crecer con muchos miedos. Si bien a nivel sexual puedo decir que la saqué barata, por así decirlo.

Mi niñez terminó ahí, con 10 años. A la fuerza entré antes de tiempo a un mundo de adultos.

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