Che, Don Brote… (me preguntó mi amiga la Barby. Aunque, para el hijo de mi amigo Botija, siempre será la Baby). Vos que sos ingeniero agrónomo… ¿me explicás qué hacen tantas palmeras en Mendoza?
La Barby es rosarina. Llegó, vio una palmera en una plaza, otra en un boulevard, otra en un barrio privado… y seguramente pensó que el mar estaba a la vuelta de la Terminal. Le dije «no, ésto es simplemente Mendoza haciendo cosas de mendocinos».
Porque hay árboles que nacieron para este lugar. El algarrobo entiende el desierto. El chañar sabe vivir con poca agua. El aguaribay conoce el Zonda mejor que cualquier meteorólogo… Y después está la palmera, una planta que uno ve y piensa en una playa, una reposera y un coco con sorbete.
Durante años nos hicieron creer que las palmeras daban categoría. Y nosotros, que a veces confundimos elegancia con marketing, las plantamos por todos lados. El problema es que la palmera aporta menos sombra que un poste de luz. Un detalle importante en una provincia donde en enero uno estaciona a dos cuadras con tal de dejar el auto debajo de un árbol.

Pero lo peor no es eso… Las hojas secas quedan años colgadas y terminan siendo un barrio privado para ratas, palomas, cotorras, murciélagos, avispas y cualquier bicho que ande buscando alquiler sin expensas…
Después llega el mantenimiento… Cada hoja pesa una barbaridad. Podarla requiere equipos, personal capacitado y trabajo en altura. Y si algún iluminado decide sacarla, descubre que erradicar una palmera cuesta más que el entusiasmo con el que alguien la plantó hace cuarenta años.
Mientras tanto, Mendoza está llena de especies nativas y adaptadas que consumen menos agua, generan sombra, favorecen la biodiversidad y realmente mejoran el paisaje. Pero seguimos plantando palmeras… Como si en cualquier momento apareciera una ola por la Costanera.
Mi consejo de ingeniero agrónomo es que las palmeras no son malas. Simplemente están en el lugar equivocado. El paisajismo no debería copiar postales del Caribe, sino respetar el ambiente donde vivimos. Si seguimos creyendo que una palmera representa a Mendoza, no se sorprendan el día que algún genio proponga plantar corales en el dique Potrerillos… total, hace rato que algunos confunden diseño con sentido común.
Don Brote