Corazón campesino

Pase lo que pase en tu vida, hay un compañero inseparable que siempre va a estar ahí para hacerte el aguante. Desde el principio de los tiempos argentinos, hasta el

Era ya muy tarde. La soledad me había inundado el alma después de aquella discusión. No era fácil sobrevivir a las agresiones en estos tiempos, más bien era frustrante quedarse con tanto rencor dentro del alma.

El televisor estaba prendido y el noticiero era un ping pong irrespetuoso de malas noticias. Sentí que la cabeza me iba a estallar, entonces decidí quitarme las zapatillas y recostarme en el sillón.

Me dolía el alma de tanta dureza social y necesitaba reponerme de aquella tragedia espiritual que me invadía. Cerré los ojos y después de  estar un largo rato observando mi interior, presentí la sombra de una presencia junto a mí. Sentí temor en abrir los ojos, pero algo me incitaba a vencer ese miedo. Por fin, empujada por alguna razón especial, me animé a abrir los ojos y observar a mi alrededor.

Y allí estaba, sentado al lado mío, redondito, color madera, con olor a yerba mate fresca. Entonces ese aroma despertó en mí una gratificante sensación de bienestar. Casi diría que estaba con un amigo, mejor dicho, era un amigo. Respiré profundamente y lo miré. Un guiño de complicidad de su parte, me devolvió las ganas de vivir. Entonces estiré mi mano, palpé su cálida madera y lo tomé entre mis manos como en un abrazo de inseparables compañeros de aventuras. La delgadez de su bombilla me invitaba a sorber plácidamente el sabor inconfundible de su néctar misionero. A medida que su bebida descendía por mi esófago, la vida indescifrablemente cambió para mí. Su sabor a tierra roja, el olor a esa verdosa humedad, la indescriptible fantasía de su alimento espiritual sorprendieron mis dormidas papilas gustativas. Entonces los caballos dormidos de mis esperanzas volvieron a renacer como una gloriosa satisfacción desde el sabor y la amistad.

De repente pensé en aquellos que no lo conocen y que ni siquiera se atreven a tomarlos en sus manos. Es el mate el reservorio perfecto de su alma gemela: la yerba mate. El le ofrece el cuenco de su corazón campesino y alberga el espíritu chamamesero del litoral. Y aunque ya su presencia se ha extendido por todo el país y el mundo, la yerba mate, se ha convertido en el nexo a la querencia de los que decidieron buscar otros rumbos.

Escrito por Vivi Chirino para la sección:

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2 comentarios en “Corazón campesino”

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