En Mendoza tenemos una relación complicada con el cielo, lo miramos para saber si hay que regar, podar o salir corriendo a sacar la ropa del tender. Pero últimamente agregamos una cuarta operación: consultar el pronóstico, mirar la verdulería y llamar al banco para preguntar si acepta la cebolla como garantía hipotecaria. Porque una cosa es que llueva sobre el campo y otra muy distinta es que el agua termine llegando al changuito con intereses punitorios.
El Niño, las lluvias persistentes y la madre naturaleza, que evidentemente no leyó el presupuesto familiar, nos recuerdan que la agricultura tiene un pequeño inconveniente: depende del clima. Uno invierte, siembra, fertiliza, controla plagas y espera cosechar. Después se larga a llover durante días y el productor termina haciendo agronomía anfibia, mientras el consumidor hace cálculos para determinar si puede pagar una ensalada sin entrar en convocatoria de acreedores.
La papa está para terapia intensiva
La papa y la cebolla no están preparadas para vivir en un jacuzzi permanente. El barro puede complicar la cosecha, favorecer enfermedades y dificultar la conservación. Si entra menos mercadería al mercado, los precios pueden subir, es la ley de la oferta y la demanda: cuando hay menos papa, la poca que queda empieza a comportarse como si tuviera acciones en Wall Street.
El zapallo, ese gigante anaranjado que históricamente alimentó familias enteras, tampoco es inmune al exceso de agua. Los suelos demasiado húmedos pueden perjudicar el desarrollo del cultivo y favorecer enfermedades. Si la oferta se complica, hasta el zapallo, que antes servía para estirar una olla de comida, puede terminar convertido en un artículo de lujo. Cenicienta consiguió carruaje con una calabaza; nosotros vamos a necesitar una para llegar a fin de mes.
Los frutales: de la floración al velorio
En los frutales de carozo (duraznos, ciruelas, damascos, cereza) y de pepita (manzanas y peras), las lluvias prolongadas pueden favorecer enfermedades, dificultar los tratamientos y complicar la polinización cuando los insectos no pueden trabajar normalmente. Según la especie y el momento, también pueden aparecer rajaduras y pudriciones.

El productor mira el cuadro, el pronóstico y los costos. El consumidor mira el precio de las frutas y empieza a recordar con nostalgia cuando su mayor preocupación era que la fruta tuviera un golpe.
¿Y la carne? ¿También la ahogamos?
No. Las vacas siguen siendo vacas, aunque el barro les llegue a las rodillas, pero los caminos rurales complicados, los problemas de alimentación y el deterioro de las condiciones de manejo pueden encarecer la producción y el transporte.

Eso no significa que cada aumento de la carne sea culpa de una nube, hay muchas variables dando vueltas. Echarle toda la culpa al clima sería como culpar al paraguas por la deuda de la tarjeta: cómodo, pero bastante incompleto.
Cinco consejos para no terminar comiendo pasto
- Cambie la estrategia: si la lechuga cotiza como una empresa tecnológica, compare precios de repollo, zanahoria, remolacha o acelga. No es rendirse: es diversificar la cartera gastronómica.
- Rotación de proteínas: huevos y legumbres pueden rendir mucho más que algunos cortes de carne. El guiso de lentejas no soluciona la economía, pero por lo menos evita que la familia se reúna a discutir quién se comió el último bife.
- Compre con inteligencia: pregúntele al verdulero qué llegó fresco y qué está barato. Es preferible una conversación incómoda que descubrir en casa que compró una fruta con precio de colección.
- Aproveche sin desperdiciar: una fruta con una marca superficial puede servir perfectamente si está sana. Retire la parte dañada y prepare una compota. No hace falta organizarle un funeral a cada durazno.
- Planifique el menú: comprar de más para tirar después es el único negocio donde uno pierde plata y encima tiene que sacar la basura.
La agricultura es una calculadora a cielo abierto, sin garantía y con el pronóstico como gerente financiero. El clima puede complicar la producción, pero el precio final también depende de la oferta, la demanda, el transporte y los costos comerciales.
Mientras tanto, si mañana le ofrecen una ensalada en doce cuotas, no pregunte por el CFT. Pregunte si viene con tupper de regalo.
Porque cuando la lechuga se convierte en un activo financiero, la papa pasa a ser un bien de lujo y la cebolla te hace llorar antes de cortarla, hay algo que está claro: en este país, hasta la ensalada viene con riesgo de inversión.
Ing. Agrónomo Don Brote
Instagram: @donbroteingeniero
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