Domingo post almuerzo post apocalíptico, la siesta pide a gritos ser siesta. El sillón invita a cerrar los ojos. Están cavadas la trincheras.
Entra por la ventana una explosión de gritos y ruidos.
Rompe el status quo.
El ecosistema urbano ha enloquecido, los vecinos se están peleando.
Al parecer todo comienzó en la cocina, después de alguna comida tensa. Por el reclamo de alguna herencia, un terreno ignoto, que pertenece a todos los presentes y a ninguno en particular. Una palabra de más, una recriminacion, un insulto velado y el tono cambia. Aparecen las primeras escamas en la piel de los participantes, son unas escamas tornasoladas, duras como el granito del que están hechas las flores.
El ruiderío del conflicto escala en intensidad, ya no son sonidos provenientes de un interior privado, han tomado la calle como una revolución. De manera clara se distinguen dos bandos en la pelea, uno más agresivo mientras que el otro quizás tenga la razón.
Las escamas han tomado los cuerpos, pulsan sobre las venas y las manos se convierten en garras. Los que discuten están dejando de ser personas, jadean odio y sos ojos toman el color de la lava.

Los bandos definidos están enfrentados a escasos metros, se arengan y se amenazan.
Vuela una piedra, entonces las escamas cubren la totalidad de las superficies corporales. Comienzan a cambiar los rasgos faciales, desaparecen las narices y los párpados, dejando un desvelo eterno, Vuela otra piedra y las lenguas se convierten en un trozo de carne retráctil, diseñado para cazar. Los músculos se expanden, rompiendo las prendas de vestir, ofreciendo una desnudez primitiva. Los insultos e intimidaciones no se comprenden porque ha cambiado el lenguaje, las palabras han dejado de serlo y se han converiido en sonidos guturales.
Han dejado de ser humanos, su ADN trasmutó. Son mutantes.
La discusión por la herencia del terreno ha dejado de tener sentido, ha pasado a ser algo más territorial. Un grupo no puede existir si el otro existe. Se convierten en tribus y una sola puede y debe prevalecer.
Una lluvia de rocas, uno de los bandos inicia el ataque. La sorpresa del estupor, entonces la otra facción responde.
Ha comenzado la Guerra de los Mutantes. No voy a poder dormir la siesta.
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