Hace unos años, allá por el 2003, yo trabajaba en una empresa y conocí un personaje de esos que merecen ser conocidos. Roberto Lahera. Roberto era, en sus tiempos libres, un escritor; y yo muchas veces pretendía tratar de escribir. Nos separaba un abismo en el lenguaje y sus usos, su amplitud era avasalladora respecto de mis limitaciones encubiertas. Un día, le mostré algo que había escrito, y lo leyó. Su devolución fue demoledora, y aleccionante.
Lo resumo: usaba demasiadas palabras para decir algo; que una imagen o concepto no necesita de la cantidad de palabras para ser profundo; y usó un poema de Macedonio Fernandez que transcribo.
«Amor se fue;
Mientras duro de todo hizo placer.
Cuando se fue
Nada dejo que no doliera.»
En 18 palabras, conmovía. Del éxtasis al dolor sin escalas. Tan solo 18 palabras.
Claramente, me es imposible lograrlo, no soy un literato siquiera y mis capacidades están basadas en la repisa de la divagación. No tengo ese poder de síntesis, pero hasta aquí el titulo de la nota poco tiene que ver con esto que les estoy contando.
Sin querer, el desafío es encontrar en 18 palabras el vacío que nos deja Messi.
No voy a entrar en si es o no el mejor jugador de todos los tiempos, o si dio mas o menos que Maradona, o si canto el himno, o si es pueblo o poder. Esos conceptos son aburridos para mí. Sepan disculparme, si lo veo más sentimentalmente, como un tipo que me hizo ilusionar en el deporte más lindo sobre la tierra: el futbol.
Para mí el futbol es el deporte más lindo, y es la pasión mas hermosa de todas. No tendrá cuestiones ideológicas, o filosóficas profundas. Pero es un caos perfecto, es un arte en donde la disciplina e improvisación dan un resultado inexacto. Donde el mejor no siempre gana, donde el mas poderoso también pierde. Es caos. Y en eso, Messi es una síntesis del futbol.
Porque el mejor no siempre ganó. Perdió, y perdió mucho. De tres finales del mundo, ganó una sola. Y aún así lo intento. Quiso rendirse y no pudo. Volvió a intentar, y pudo. Al fin, el mejor pudo ganar esa copa maldita. Fue un acto de justicia, no se merecía pasar su historia sin esa copa. Nosotros queríamos que él gane, queríamos ver que los justos cada tanto reciben su recompensa.
En este último mundial, yo quería que él vuelva a ganar. Y lean bien, que él vuelva a ganar. No me importaba la Argentina, solo él. No lo logró. No lo logramos.
Lloré al verlo sentado en el pasto. Ver un humano tan humano, da dolor cada tanto. Y seguí llorando casi dos días. Escuchaba ese maldito tema «Arrancármelo», y lloraba pensando en Messi. Sentía la impotencia de que no lo iba a ver más en la selección. Les decía a mis hijos, que me consolaban a mí, que no lo íbamos a ver más con esa camiseta.
El tiempo pasa para todos, para mí, para vos, para él. Nos refugiamos atrasando ese cronometro que nos mide por tiempo, que nos dice que estamos más lejos de aquel que fuimos y más cerca de lo que seremos.
Así lo sentí con Messi, sentí que el puto cronómetro de la vida nos clavaba el puñal en el medio del corazón. Que lo que fue, fue. Es pasado. Que lo que será, será. Pero sin Messi.
Sentí que yo también me iba un poco, que no verlo es dolor. Es puro dolor. Crecimos juntos 20 años, en el medio tuve dos hijos, y no sabés todo lo que pasó. Fracasos, éxitos, más fracasos. Tantas cosas… Sentí que todos nos íbamos un poco. Se llevaba eso nuestro, ese gramo de ilusionarnos por sus ilusiones.
Que ese enano ya no estará. Nos queda el dolor de no verlo más. La felicidad de lo que sucedió. Me quedan aún lágrimas, permítanme emocionarme por Messi y sepan disculparme por no poder describirlo en 18 palabras como quisiera Roberto Lahera.
Seguro que Macedonio Fernandez haya viajado en el tiempo y fue testigo de este momento.
Seguro que ese poema, es por él.
Seguro que mientras duró de todo hizo placer.
Seguro que cuando se fue, nada dejo que no doliera.
También espero que sepas disculparme Roberto, no pude resumir en pocas palabras mis sentimientos hacia Messi.
Sí aprovecho para agradecerte ese poema que resume en pocas palabras este vacío que antes fue placer.
Gracias Lionel. Mientras duró, de todo hiciste placer. Cuando te fuiste, nada dejaste que no doliera.
Logré decirlo en 16 palabras.