Cosas que hacen a Mendoza famosa en el mundo

Cansados del latiguillo del sol, el buen vino y los ponchos para turistas, salimos a sacudirnos el complejo de provincia periférica. Del boxeo mundial a los récords en Spotify, un

¿Qué se nos viene a la cabeza cuando escuchamos «Mendoza»? Escucho por ahí la frasecita ya conocida por todos: Tierra del sol y del buen vino. Es un excelente eslogan, no lo niego. Cortito y directo. Ahora bien, también es muy cansino de escuchar. En el imaginario popular, nuestra querida provincia pareciera ser no más que un desierto interminable del que salen botellas de vino, montañas y tiendas donde comprar sombreros y ponchos para los sunsets.

Y la culpa la cargamos nosotros también. Es famoso el latiguillo de que los mendocinos somos muy «montañeses», de que el ambiente es cerrado, antipático y de que lo que en otros lados funciona, acá fracasa. Somos afortunados de haber nacido en esta tierra, y no solo en el contexto de Argentina: uno de cada veintitrés argentinos es mendocino. Si fuéramos un país, seríamos más grandes que Corea o Grecia; y si de población se trata, nos paramos de manos frente a Eslovenia y Lesoto.

Me revuelve las tripas saber que desperdiciamos así todo nuestro poderío. Exudamos grandeza, nos sobra soft power; lo que nos falta es el autobombo propio del orgullo catastral. Y eso, querida y querido lector, es lo que vengo a resolver con esta pequeña nota: contribuir un poco a la hermosa mendocidad y esparcir la buena palabra entre quienes más la necesitan, que son los propios mendocinos. Por eso les traigo este listado de cosas que hacen a Mendoza famosa en el mundo entero.

Deporte

Arranquemos por algo bien argentino: el fútbol. El buen fútbol también se juega en nuestra provincia. Hay mendocinos en los equipos de primera de nuestro país, de nuestros vecinos y hasta compitiendo en Europa. Si bien todavía no existe un mendocino campeón del mundo, hay más de nueve futbolistas locales que pueden decir lo que se siente levantar una Copa Libertadores de América. A esto se suma que, fuera del circuito tradicional (Capital Federal, Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe), tenemos un campeón de torneo nacional de la mano de la Lepra en el año 2025.

Si el fútbol nos deja un poco con sabor a poco, no se preocupen, porque en el boxeo no hay otra provincia que se nos parezca, a tal punto que se nos llegó a conocer como «cuna de campeones». Tenemos dos representantes en el Salón de la Fama del Boxeo Internacional (IBHOF): el más que conocido Nicolino Locche y el no menos importante Pascual Pérez. De siete argentinos que integran ese museo de la fama, dos son mendocinos, un dato nada menor. Y el listado continúa con grandes nombres, todos ellos campeones mundiales: Hugo Corro, Pablo Chacón, Cotón Reveco, Jonathan Barros y Yésica Marcos.

En el medallero olímpico, acumulamos ocho preseas (una de oro, dos de plata y cinco de bronce), lo que nos deja mejor parados que países enteros como Perú o Panamá. Eso sin contar que podríamos sumar otra medalla de oro más si consideráramos el hockey sobre patines en Barcelona 1992 (que en esa edición se jugó como deporte de exhibición y no se contabiliza oficialmente).

Cómics

Historieta, tebeo, grapas, tira cómica, bande dessinée… llamalo como quieras. El noveno arte ha ganado adeptos y popularidad en los últimos treinta años, y este no es el lugar para discutir su influencia a nivel global. Baste con mencionar que seis de las veinte películas más taquilleras de la historia se basaron en personajes originados en el cómic para dejar mi punto más que asentado.

Históricamente, nuestro país ha sido pionero en técnicas y narrativas, muy por delante de los propios Estados Unidos o de esa Europa coqueta que siempre se adjudica los inventos. A tal punto era el nivel, que la escuela argentina de historietas era sumamente respetada a escala global y varios de sus artistas trabajaron para gigantes como DC o Marvel.

Como adivinarán, Mendoza aportó lo suyo con dos autores fundamentales. El primero, que no podía faltar, es Quino, quien con su inconfundible Mafalda ha sido traducido a más de treinta idiomas y se lee de forma masiva en decenas de países de prácticamente todos los continentes.

Pero ese seguro ya lo conocen. Al que les voy a presentar ahora le debemos más amor y reconocimiento: Juan Giménez López. Un autor integral, de un realismo extremo que jamás descuidó la estética, con una fascinación especial por los cuerpos humanos y por la corporalidad que podían aportar las máquinas. Son icónicas sus colaboraciones para la famosa revista Métal Hurlant, bastión de la vanguardia del cómic europeo en los setenta y ochenta; pero mucho más famosas aún son sus entregas junto a Alejandro Jodorowsky en La casta de los Metabarones.

Cine

Ahora bajamos dos cambios y pasamos del noveno al séptimo arte. Acá Mendoza tampoco se queda atrás. Tenemos al enorme Leonardo Favio, un hombre cuya vida merecería por sí sola una biopic de esas que ahora están de moda. Este entrañable artista, nacido en Santa Rosa, dirigió la que hasta hace no mucho era la película argentina más taquillera de la historia: Nazareno Cruz y el Lobo. En muy pocas filmografías he visto un uso tan magistral de la profundidad de campo y la composición como en la suya, algo que, en plena época de cine acelerado y montajes epilépticos, resulta todavía más destacable.

Y no olvidemos a Hugo Fregonese, el primer director argentino en filmar en Hollywood. Sí, exacto, un mendocino. Tuvo el lujo de dirigir a actores de la talla de Gary Cooper, Anthony Quinn, Charles Bronson y Joan Fontaine. Hasta estuvo en pareja con Faith Domergue, una mujer que durante años fue la obsesión del multimillonario Howard Hughes, tal como se refleja en la famosa película de Martin Scorsese, El aviador.

Finalmente, y como dato de color, el director chileno Sebastián Lelio —ganador del Óscar a la mejor película extranjera por su filme Una mujer fantástica— nació acá en Mendoza, así que tranquilamente podemos anotarnos ese poroto y presumir de tener un Óscar en nuestras vitrinas vitivinícolas.

Accidentes aéreos

Hay una manera rápida y sencilla de ubicar a alguien que no sabe qué es Mendoza: solo tenés que preguntarle si vio esa película donde un avión cae y los sobrevivientes deben recurrir a la antropofagia para no morir. Bueno, eso pasó ahí cerquita, en nuestra cordillera.

De acuerdo con los informes anuales de la plataforma especializada Turbli, la ruta aérea Mendoza-Santiago de Chile lidera formalmente el ranking mundial como el trayecto de vuelo más turbulento del planeta. Aunque el viaje dura menos de una hora, las aeronaves deben cruzar de manera perpendicular la gigantesca muralla de los Andes. Los intensos vientos que soplan desde el océano Pacífico chocan contra las altas cumbres y son empujados violentamente hacia arriba, generando ondas de montaña y corrientes de aire de gran inestabilidad que sacuden fuertemente a los aviones. Si bien hoy esto no representa un peligro real para la aviación moderna, en los albores de los vuelos comerciales era todo un desafío. En nuestra cordillera ocurrieron más de diez tragedias aéreas de gran magnitud comercial o militar, muchas de ellas con repercusión mundial, siendo la más célebre la del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya.

Música

Según Nietzsche, «sin música, la vida sería un error». Coincido, comparto y comulgo con esto, y sé que muchos de ustedes también. Habiendo tenido mis propios intentos en el ámbito indie o under local, puedo dar fe de que hacer música en Mendoza no es nada fácil: estamos lejos de los grandes centros neurálgicos del país y carecemos de la infraestructura con la que cuentan provincias como Córdoba o Santa Fe. Por eso es aún mayor el orgullo al comprobar que hay grandes nombres nuestros inscriptos en la historia de la música nacional y mundial.

Tenemos de nuevo al infaltable Leonardo Favio, que grababa y cantaba para financiar sus películas. Mendoza también fue el epicentro indiscutido del nuevo cancionero cuyano, impulsado por figuras fundamentales como Armando Tejada Gómez, el guitarrista y compositor Tito Francia, el músico Oscar Matus y una jovencísima Mercedes Sosa. Y si de música urbana se trata, también contamos con referentes contemporáneos de peso, como Giuliano Alesio Rover, mejor conocido como «El Negro Tecla».

Y cómo olvidarnos de los eternos, de los inconfundibles Enanitos Verdes. Esta banda marcó a fuego la escena local de los noventa, pero explotó con aún más fuerza en México, donde se convirtieron en número devoción de festivales históricos. Para cerrar, un hito mundial indiscutible: «Lamento Boliviano», compuesta originalmente por otra banda mendocina llamada Alcohol Etílico, ostenta el título de ser la canción de rock en español más escuchada en Spotify, habiendo superado la imponente barrera de los mil millones de reproducciones.

En definitiva, es hora de sacudirnos el complejo de provincia periférica y dejar de repetirnos el libreto turístico que nos reduce a un simple decorado de viñedos y postales de montaña. Mendoza es mucho más que eso: es cuna de talento universal, de récords insospechados y de una identidad cultural desbordante que pisa fuerte en los escenarios, las pantallas y los anales del deporte mundial. Ya es momento de que nos hagamos cargo de nuestra propia grandeza y empecemos a creernos el cuento, porque material nos sobra.

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