La mosca de la muerte

Un insectario, una mujer fascinada por los secretos de la naturaleza y un hombre que cree tener el control. Una historia oscura sobre deseo, poder, instinto y depredación, para un

¿Qué haces, Juan? ¿Cómo andas? ¡No sabés la que te tengo que contar! Tomá, recibime la botella así saco la bolsa con las papas. ¿Pusiste el aceite a calentar? Mirá que vengo con hambre y me encanta picotear un ratito antes. ¡Qué maestro, te hiciste una picadita! Picado fino, je… Estás medio marica, che… Mmm, ¡Qué buenas aceitunas! Te decía, ¿te acordás de la mina de los insectos? Si, esa, Paula. Bueno, viste lo buena que está… ¿Cuánto estuve dándole vueltas para poder bajármela? ¿Diez meses más o menos? Muy inteligente la tipa, re culta, con una sonrisa de publicidad, además, y un orto de Fórmula Uno. Vos la ves caminando por la calle y te imaginás a imaginarte lo que es puertas adentro… Una locura, Juan, una locura. Pásame el machete que le doy un poquito a la carne antes de meterle magia. Te decía, al principio yo la escuchaba, nomás; no entendía un pingo lo que me decía, pero yo me hice el interesado porque, de verdad me interesaba, aunque no justamente lo que ella me hablaba; pero me daba morbo eso de verla hablando de cualquier cosa con entusiasmo, aunque los dos sabíamos que íbamos a terminar cogiendo y no sé, me hacía la cabeza pensando que eso era lo que en realidad la tenía entusiasmada. Ese hacerse la distante, la desentendida… Hay otras que son más directas, a los bifes, ¿viste? Así, mirá, paf, paf, paf… A esas les doy igual, porque para eso vos sabés que yo estoy siempre listo, pero no es como con estas otras que tienen algo… Como que vos sabés que les interesás, que te tienen ganas, pero que si no estás vos pueden estar con cualquier otro, o con ninguno, porque esas minas… esas minas son mujeres que tienen la vara muy alta, ¿entendés? Como que el hecho de que estés con ellas te sube el piné. Si una mujer como esa te da bola es porque no sos cualquier boludo, que tenés algo más que una pija. ¿Dónde pusiste la sal, Juancito? Yo a esta, Paulita, la veía tan metida con las moscas, los mosquitos y las mariposas que era un poema escucharla mientras se le iluminaban los ojos y movía las manos. Pasión pura, Juan. Yo le seguía el mambo porque así ella bajaba la guardia, ¿viste? Algunas cosas aprendí, pero cuando me mostró el insectario que tenía en el sótano ahí me di cuenta que ya estaba lista. Sí… no me mirés así, che; se van abriendo de a poco, pero cuando te muestran lo que más las mueve… ya están listas. Nunca me imaginé lo que hacía con los bichos, Juan, nunca me imaginé. ¡Les ponía nombres, les ponía nombres a las moscas, las arañas, las orugas! Nombres rarísimos, no de insectos, no, no; ¡nombres de personas! Imagínate que hace unos meses juntó unas avispas y las metió al insectario. Me contó que las avispas habían aguijoneado a las larvas para meterle los huevos y que se alimentaban del gusanito que nunca iba a ser mariposa. ¿Sabés qué nombre les había puesto a las avispas? ¡El nombre de políticos, Juan! Una era Trump, la otra Netanyahu, otra Sánchez ¡Y las orugas se llamaban como los organismos del Estado o de esos mundiales como FMI, ONU… ¿Vos entendés lo que te estoy diciendo, no? Yo me reí medio nervioso, la verdad que no le creía, pensé que estaba jodiendo. Pero, pará, cuando me contó que en el insectario tenía una tarántula y unas viudas negras, hembra y macho, se me erizó la piel. Me dio una mezcla de asco y morbo. Yo me la empecé a imaginar en tanga con una remera sin corpiño, viendo a la araña cogerse al macho y después comiéndoselo… y que a ella se le paraban los pezones mirando la naturaleza en su estado más turbio. Sí…, no pongás esa cara, che… a mí la mina me calienta, es una bestia. Me divierte también con esos mambos raros. La paso bien con ella, me morfo toda esa cosa medio macabra porque en el fondo me da un poco de envidia. Sí, Juancho, envidia, ¡pero de la buena, eh! A ella le encantan los bichitos, tiene una pasión que no entiendo y eso me calienta. ¿Sabés lo difícil que es eso, Juan? ¿Vos tenés algo así que sea como el motor de tu vida? Yo la verdad que no… Bueno, el Tomba, ponele… Pero termina el partido y me quedo excitado y no estoy en el vestuario. Festejo, sí, me tomo unas birras con los muchachos… Pero no metí el gol, no estuve en la cancha. En cambio ella, chabón… Ella tiene ese insectario hace años, lo cuida, lo limpia, le mete plantitas, estudia sobre cada bicho que mete, les da comida, observa todos los días como se relacionan, cómo crecen, como garchan, cómo mueren. El día que me invitó al sótano yo pensé que tenía unos vinos, un cuarto masoquista, que se yo… Lo que menos pensé es que ahí tenía los bichos. ¡No sabés lo que era eso! ¡Mozart, Juan! ¡Los bichos escuchaban Mozart todo el tiempo! De un lado, la vitrina de pared a pared, una caja enorme de vidrio con luz, temperatura y oxígeno regulados. Del otro lado, una biblioteca llena de libros. Había de todo, no eran sólo libros de insectos, tenía también libros de novelas, de poemas y parece que le gusta la psicología y había varios de politica. Y en el escritorio guardaba los cuadernos con las anotaciones de quién se había comido a quien o como se garchaban entre ellos. Pero no decía cosas como que la araña le había entrado a la mosca; ella ponía cosas como que la OTÁN había invadido KOSOVO y cosas así. La mina tenía un observatorio del poder mundial representado en los insectos, ¿entendés lo que te digo? Se sentía Foucault la flaca. Sabés quién es Foucault, me imagino… Y a veces le entraba a Freud, a ese seguro lo tenés; y, cuando no, al tipo este de las especies, ¿cómo es que se llamaba? ¡Ese, Darwin! Poné la plancha que los churrascos están listos para meterles fuego. ¿Le falta mucho a las papas? Yo no sé si ella pensaba que iba a descubrir algo, o capaz lo había descubierto y lo tenía callado, ni idea… Yo iba a cogerla, nada más, y ella me hablaba de sus bichos. Aprendí cosas interesantes con ella, no te lo voy a negar, pero el garche, pufff. Juan… Vos sabés que yo tengo que coger seguido… No puedo vivir a pajas, que también me gustan, pero nada como el agujero calentito y mojado… No te miento si te digo que he soñado con ella como si fuera la mismísima Eva, en bolas en el medio del Paraíso. Ahí entiendo a Adán, loco. ¿Cómo no se va a comer la manzana…? ¡El árbol entero hay que comerse, Juan! Ahora que lo pienso, de serpientes nunca me habló. Pero sí me dijo que a la arañas las había metido ahí como experimento porque no sólo que no son insectos sino que, además, se los comen. Las arañas son depredadoras de insectos, Juan, ¿vos sabías eso? Yo no tenía idea de que eran carnívoras. De la viuda negra sabía por eso de que se come al macho, pero yo pensaba que lo de atrapar insectos en las telarañas era un jueguito sádico, que disfrutaban viendo a las moscas sufrir mientras peleaban para zafarse. ¡Sí, Juan! ¿Qué sé yo si sienten o no sienten los bichos? Si le preguntás a ella seguro te dice que sí, pero ni se me ocurre pensar en si sí o si no. Me parece eso, que los bichos algo de inteligencia tienen y que por algo les dicen bichos a los tipos mala leche, sátrapas, esos que se salen siempre con la suya ¿viste? Te tengo que decir que es hipnótico ver a la araña como juega con las moscas. Eso sí que me dio placer. Ese poder, Juan… ese poder… Y ella, ella mirando el espectáculo es un espectáculo en sí misma. Y con Mozart de fondo… Yo le hubiera metido un reguetón o una bachata, a ver si los bichos se calientan con eso. Jajaja ¡Que liiindo! Un reguetón en el sótano, refregándonos adelante de los bichitos… lindo show iban a tener de su mami gimiendo contra la vitrina. Así, por atrás la hubiera puesto a perrear. Pero no, la tuve que coger con Mozart nomás, ahí en el sillón del sótano. ¡Qué morbo me dio! Ella estaba sacada mientras se la chupaba en esa concha carnosa que tiene. Le metí la lengua hasta adentro, me quedó la boca toda untada con el agua que le salía. ¡Qué delicia, Juan! Me sentía nadando ahí, entre las piernas abiertas. Le apretaba el culo mientras con la nariz le jugueteaba en el clítoris y ella tiritaba y gemía y se tocaba las tetas esas herrrrrrmosasss que tiene. Bueno, otra vez esa cara… Si a vos te gustan las minas, también, y bastante… ¿A quién no le gusta chupar conchas, Juan? Los insectos hacen más con la boca y esos pinches que tienen, como es que se llamaban… aguijones, sí. ¡Los de las arañas no son aguijones, Juan, qué bruto sos! Quelíceros, las arañas tienen quelíceros. ¿Sabés por qué ella es así? Porque es salvaje. Eso es lo que le gusta de los bichos, que son instinto puro. Entonces, cuando yo entendí eso, le fui por ese lado, de lo salvaje. Le encanta que no tenga filtros con ella, y entiende eso de que en la naturaleza la monogamia no existe, que se dan todos con todos. Entonces no rompe las bolas. Yo pensé que estaba todo bien, porque yo le contaba que me bajaba otras minas, no así con nombre y apellido, pero le contaba una historia por acá y otra por allá… Nunca me hizo una escena, todo muy natural. Ella escuchaba mientras le daba de comer a los bichos. Pero hoy me cagué, boludo. Yo le estaba contando de una minita que conocí en el gym y ¿sabés lo que me mostró? Había comprado otra hembra viuda negra. ¿Entendés eso, Juan? Dos hembras carnívoras y un solo macho. Me dio una puntada fría en el culo, te juro. Pero eso no es lo peor… Lo peor es que también tenía en un frasquito una mosca de la muerte. ¡Sí! Esa era nuevita. Me dijo que no es como las demás moscas, que esa no come bichitos muertos, ni anda en la mierda. Esta era brava porque ponía huevos en las víctimas y después que nacían las mosquitas salían del cuerpo y seguían parasitando. Re hija de puta la mosca. Resulta que me mostró. Metió la mosca al insectario y, apenas la bicha entró,… ¡las arañas se escondieron, Juan! La tarántula… ¡hubieras visto a la tarántula recular! Parecía que le había dado un ataque de pánico, como si de verdad estuviera viendo a la muerte misma. Se había quedado amotinada en el rincón. Yo pensé que era por el tamaño, que parecía un abejorro. Grandota, brillante, con los ojos rojos y las alas medio azuladas, linda morocha. Igual, al lado de la tarántula seguía siendo chica. Pero no, Paulita me dijo que la esa mosca tiene un olor distinto, el olor es el que les da pánico. ¡Están buenísimas las papas! Te cuento lo último y ponemos los churrascos, pásame el vino. Era preciosa la mosca, la verdad, ¡el porte que tenía! ¡Qué me vienen con que el león es el rey de la selva…!, la mosca esta, apenas entró al insectario, era la reina del miedo. Mmm, ¡qué bueno está el vino que traje, papá! Fíjate, Reserva Malbec 2024, a ver si la próxima te ponés uno como la gente vos… Bueno, una mosca, Juan, una puta mosca hizo retroceder a la tarántula. ¿Te imaginás ese poder…? Ufff… Se me paró al ver eso, te juro. Así que le fui por detrás, así, mirá… Fui por detrás, le pasé la lengua por el cuello y le dije en el oído: vení arañita galponera, vení que te doy como la mosca de la muerte… Y le di, Juan, le di… La llené de huevitos… Así, así… se la metí durísima, ¿la sentís dura? A vos te sigue gustando también, mirá como te ponés putita de vuelta… qué rica sos Juan, cómo me gusta que te hagás el que te gustan las minas. ¿No tenés ganas de que hagamos un trío con la Paulita? Te va a encantar… Así, así de mojadita estaba Paulita. Así, así, mmm, ahhh, uhhh, que rico te cojo, como me pone Paulita y vos, así mojadita también. Me encanta garchar. Ahhh, tomá. Uhhh, tomá. Seeee, toda adentro. Ufff, que ricoooo… Mmmm.

Juan, que hacía años que había dejado de llamarse Juana, se dejó una vez más, la última. Y después de que Guillermo eyaculó, cuando todavía gemía con los ojos cerrados y el miembro duro, le apoyó la plancha en la entrepierna, bien caliente, como le gustaba a él.

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