Uno de los debates que siempre se puso en la mesa (de Facebook porque somos viejos chotos) fue Chapanay City vs El Mendolotudo. Ahora que pasaron un par de años desde que El Mendolotudo durmió su siesta y volvió a despertar, me parece buen tema para plantear desde mi punto de vista el porqué pasó esto en su momento: Chapanay le rompió el orto al viejo Mendolotudo
No hay una causa o un factor que digás: “che, le rompió el orto porque vio algo que el otro no supo ver o hacer” o “manejaba un humor mejor que el otro” porque cada uno tenía su impronta, su sello. Es sabido que ambos hacen humor. Uno lo hace desde los memes y el otro lo hacía desde las letras (hoy lo seguimos haciendo y apostamos a seguir así).
La realidad es que fueron varios sucesos que se fueron dando poco a poco y sin darnos cuenta terminamos siendo algo muy alejado a lo que Yo considero que es el pasquín literario.
El cambio de nombre de: “El Mendolotudo” a “El Mendo”
No todos los factores fueron una causa directa o una pelea 1vs1 contra el otro menduco humorista. Una de las cosas que se caracterizaba el Mendolotudo fue el anonimato. En el momento que se hizo ese renaming muchos de los personajes o escritores mostraron su cara y esa mística del anonimato se perdió. Y con esa perdida se fue perdiendo parte de la esencia misteriosa que manejaba el staff. No todos los cambios son siempre buenos, aunque sean necesarios. Obvio que con el diario del lunes es fácil hablar, pero ese cambio terminó siendo contraproducente.
Ser un medio anti-establishment a ser “bardero por bardear”
Otro de los puntos fuertes del pasquín fue ser un medio independiente y algo diferente a los diarios convencionales o “comunicación tradicional” donde no contaban cosas por x o y motivo.
El Mendolotudo ponía en la mesa temas del día a día o noticias que los medios no decían nada. Nuestras notas dejaban en la boca del lector esa charla de temas incómodos que hacía falta. Polémicas culturales y sociales, ser una voz anónima de temas que nadie se animaba a levantar la voz y gritarlo, ya sea políticos, económicos o chismes provinciales.
Escribíamos con una pizca de ironía, humor inteligente y sátiras un poco barderas apuntadas únicamente a esa fuerza mayor, a lo establecido por la sociedad a la que nadie se atrevía a tocar.
La brújula mendolotuda con el paso del tiempo, muchas cuestiones de por medio, se desvió de su eje o su norte, y sin darse cuenta (o quizá sí) pasó de ser la voz del pueblo que decía lo que nadie se animaba a ser barderos porqué pinta bardear. El bardo indiscriminado empezó a pegar a todos y todos empezaron a bardear al mendo porque ya no era chévere.
El meme vs humor literario.
Siempre hubo una comparación con nuestros primos campesinos de quien era mejor humorista de la provincia. En este punto creo que no hay una vara o una regla para comparar a ver quién la tenía más grande porque eran formas de hacer humor totalmente distinto.
Una de las cosas buenas que inventamos los millennials (quizá la única) fueron los memes. Fuimos la primera generación en consumir noticias a través de memes.
Levantarse todos los días, abrir el Facebook y ver los memes del día fue rutina de muchos de nosotros. Y Chapanay City entendió esto y le sumó algo mucho más millennial que los memes: Hacer memes con Los Simpson.
Todos los +30 entendemos las referencias de los Simpson, y esa combinación de memes + Los Simpson fue el sello característico de los chapayanos que lo supieron hacer muy bien.
El Mendolotudo nunca se caracterizó ni se quiso hacer conocidos por memes (aunque cada tanto se publicara algún que otro meme). El punto central y la columna vertebral fue y será las letras (tema que después tocaré más adelante). Y ya en esta época se podía divisar uno de los problemas que hoy se está profundizando: la inmediatez y la (falta de) atención.
Un meme lo ves, te reís, likeas y listo, todo en un abrir y cerrar de ojos. En cambio, una nota literaria obliga a tomarte, aunque sea 5 minutos de tu vida para leer, interpretar y pensar. El público mendolotudo justamente eran lectores, en cambio, el público chapayano era cualquier persona porque cualquiera podía ver el meme ya que tomaba 15 segundos de estar en Facebook (plataforma que todos frecuentábamos y pasábamos 24/7).
Cada vez la gente lee menos, y ni hablar de la generación de hoy que no puede estar 3 segundos sin scrollear un reel o tik tok porque son adictos a la dopamina rápida.
En esta pelea un poco despareja es más que obvio quien terminó ganando y logrando escalar más y llegar a más público. La gente que lee es poca y la que consumía memes eran casi todos.
Creer que El Mendolotudo tenía bajada de línea o una postura política y social única.
“Los mendolotudos son todos fachos”, “Son todos unos gorilas”, “Son anti progres”, etc. Otro de las cosas que siempre se prestó para confusión es creer que El Mendo fue un sitio con una bajada de línea política en donde todos pensábamos iguales y teníamos un odio hacia cierto sector progre o de izquierda.
El pasquín nunca tuvo ni tiene una opinión o ideología propia como medio de comunicación, y mucho menos una bajada de línea hacia los escritores.
El Mendo es un lugar, un espacio para cualquier persona que quiera escribir sin importar su punto de vista o ideología. Por este hermoso pasquín pasaron no menos de cien escritores, cada uno con su propia ideología, punto de vista o partido político. Pasaron: radicales, peronistas, zurdos, progres, actores pornos, feministas, fachos, actor de porno, comunistas y estrella de porno (léase con voz de Abe Simpson). Volviendo al punto, El mendo es ese espacio para que cualquier persona pudiese expresarse y decir algo sin importar su ideología.
No hay ni hubo una única ideología ni bajada de línea, aunque muchos creyeron y alimentaron este pseudo mito para convertir El Mendo en una especia de “enemigo común”. Y lo lograron porque la gente compró ese relato que instauraron en redes sociales dejando al pasquín como un antagonista de una película alternativa de bajo presupuesto.
Por esto que expliqué pasó a ser “esa voz del pueblo” a ser el “enemigo del pueblo”, sumado a un Chapanay City querido por todos por hacernos reír con sus memes y esa necesidad social argentina de querer llevarlo todo a blanco y negro, nos volvimos el punto “negro” en una pelea con dos peleadores de artes marciales diferentes.
El “enemigo del pueblo” vs “El personaje amado por el pueblo”
El Mendolotudo: un medio soberbio, bardero por bardear con bajada ideológica, fachos y un producto que no se subió a la ola de la moda (los memes) vs Chapanay City: Un producto fresco que se supo adaptar a los nuevos medios sociales (Facebook en ese momento), humor gráfico rápido, compartible y entendible para todo público. La balanza en este punto ya se volvió más que obvia para dónde se tiraba. Acá El Mendo tomó una decisión que terminó de hundir el barco: morir en la suya.
Para adaptarse a las nuevas tendencias y medios de comunicación (redes sociales) tendría que haber “tinellizado el producto” (tema que detalla un poco más el Dr Bomur en esta nota que dejaré adjunta). Y con tinellizar me refiero a transformar el producto en algo de moda o popular que consumiera la gente en ese entonces, ósea, hacer humor gráfico (memes). La decisión fue seguir apostando a lo que lo hizo grande. El humor a través de las letras.
El final del viejo Mendolotudo
Y poco a poco las letras se fueron apagando. Un Mendo golpeado por todos los medios, personas, seguidores, no seguidores, etc, peleó una batalla contra un gigante Chapanay en ascenso de fama y seguidores que lo apoyaban a diestra y siniestra. Ellos no tuvieron que agitarse mucho para darle el golpe de K.O, bastó con pegarnos con una tortita de chicharrón de anteayer para hacernos caer de culo en una acequia llena de mugre, olvido, polvo y una amarga realidad: ya no éramos chévere.
Hasta les diría que ellos no lo tomaron como una pelea. Fue más bien algo así: “Córrete viejo meado que te ocupás toda la vereda y no me dejás pasar” acompañado de un empujoncito al costado y como porteños turistas nos caímos adentro de la acequia.
En conclusión.
Si bien los muchachos de Chapanay City hicieron las cosas muy bien, siempre estuvieron del lado del pueblo o de lo popular, supieron plasmar su humor en plataformas populares, estaban siempre pendientes de las noticias de actualidad, eran ingeniosos, creativos y todo eso; El Mendo en gran parte terminó de cavar su propia tumba por motu propio. Y los hermanos chapayanos solo dieron el puntapié de gracia, ese empujón final cual patada espartana al pozo que nuestros haters que hicimos por bardear se encargaron de cavar y desearon vernos caer adentro. Y caímos. Y dormimos una buena siesta de seis años. Hasta que despertamos, nos limpiamos del polvo del olvido y nos sobamos un poco el orto del golpe que nos dio Chapanay. Volvimos de nuestro largo letargo de seis años para tratar de volver a hacer lo que amamos: escribir.
Y aclaré en el título de la nota “Viejo Mendolotudo” porque espero que este nuevo comienzo para nosotros nos sirva para aprender y volver a esos comienzos en los que éramos una voz del pueblo y un medio anti-establishment que hoy hace falta en Mendoza.
Con nuestros hermanos chapayanos está todo más que bien y nunca hubo una pelea real más que algún que otro meme y chiste.
Y aprovecho para volver a aclarar que este pasquín no tiene bajada de línea o postura política, así que cualquier persona que desee o quiera decir algo es más que bienvenido a mandar su nota. Hoy en el staff hay gente de derecha, zurda, feministas, gorilas y todo tipo de ideologías.
Y con esto me despido, gente. Saludo a Chapanay City que la siguen rompiendo y ojalá no nos vuelva a romper el orto que ya estamos grandes y somos todos +30/+40.