La foto que trajo el viento Zonda

Todo sucede en la Universidad Nacional de Cuyo... o eso cuenta la leyenda urbana.

Todo sucede en la Universidad Nacional de Cuyo… o eso cuenta la leyenda urbana.

En Godoy Cruz vivía un joven estudiante brillante. Orgullo de la familia, era el primero en llegar a la Universidad, y con promedio sobresaliente.

Su nombre era Martín. Cursaba en una de las universidades más prestigiosas de Mendoza.

Como siempre, dada su inteligencia, se aburría en clase con facilidad. Pocas cosas le interesaban: jugar videojuegos, dibujar anime y no mucho más.

De carácter parco, introvertido y algo soberbio, a Martín le costaba socializar, en especial con las chicas.

Pero un día sucedió algo poco habitual. Mirando por la ventana, vio que el viento hacía volar las hojas de otoño, solo como el Zonda sabe hacerlo…

Pero además, volaba una hoja de papel con una imagen impresa.

Era una bella muchacha con la mano alzada y los dedos en forma de V, como el símbolo de la victoria.

Por primera vez, Martín salió de su burbuja y sintió una sensación hasta entonces desconocida: interés. Algo nuevo para él, a quien solo le importaba él mismo.

Al salir de clases, buscó el papel con la imagen de la chica por todo el parque de la UNCuyo. Le llevó horas. Fue tal su fascinación que no paró de buscar, y él no era de los que fracasaban.

Hasta que finalmente, detrás del auto de un profesor que detestaba —lo detestaba porque una vez se había atrevido a contradecirlo a él, el mejor promedio—, la encontró.

Tomó el papel, llegó a casa y se puso a jugar videojuegos. Pero esta vez algo había cambiado. Lo invadió un sentimiento de curiosidad.

¿Cómo se llamará?
¿Vivirá cerca?
¿Será inteligente?
¿Por qué los dedos en V…?

Trató de dibujar anime, pero tampoco pudo concentrarse.

Por primera vez, Martín pensaba en alguien más que no fuera él mismo. Lo había invadido una suerte de obsesión.

Imprimió copias de la fotografía y las pegó por todas partes, con un mensaje: si alguien la conocía, que se comunicara con él.

Su vida había cambiado. Bajó su rendimiento, no podía jugar ni dibujar… Solo quería saber quién era ella. Y esa obsesión crecía y crecía. Empezó a sentir que se estaba volviendo loco.

Hasta que una fría mañana, camino a la universidad, le pareció verla a lo lejos. No pudo frenar el impulso de correr con el papel en la mano. Corrió con un solo objetivo: verla. Cruzó la calle sin mirar.

Ocurrió una fatalidad. Un ómnibus que no alcanzó a verlo ni a frenar, lo atropelló.

Al bajar, el chofer advirtió el papel en la mano del joven y no pudo dejar de observar la belleza de aquella muchacha. Tomó el papel sin que nadie lo viera, solo que esta vez los dedos en V ya no eran dos… sino tres.

Acudió la emergencia. Martín había muerto.

Y el chofer, con la foto en el bolsillo y la cabeza llena de preguntas, también empezó a pensar en esa muchacha…

¿Quién será?
¿Dónde vivirá?

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