Chaleco de flores – 6

"A veces celebramos antes los eventos que luego serán perentorios, definitivos..."

“Pistones de un curioso motor de humanidad…
resortes viejos de este amor que va…”

Ya se están yendo las noches de frío, pero la chimenea arderá como la Roma de Nerón hasta entrados los días de bermudas y alpargatas. Por la ventana del jardín ya todo se azuló, como las fotos viejas calcinadas por el sol en los cuadritos de las casas de la gente grande, que siempre parecen sacadas en un otoño añil y eterno.

Memoria hostil de un tiempo de paz sin paz…
Narices frías de una noche atrás…”


El silencio de la casa ya no aturde. Si no es la ventana de lo de Paula, es un ruido en el cuarto producido tal vez por la misteriosa fantasma, o es un mensaje de la reaparecida Samy después de tanto tiempo.

“Besos por celular, las momias de este amor…
piden el actor de lo que fui…”


La canción de Mollo es como un bálsamo tibio que me calma el ardor de mis párpados, que no quieren cerrarse, que no tienen sueño, pero que pesan, que quieren bajar pero que los levanto para dejar entrar nuevamente la imagen del fuego en mis pupilas. Se apaga la ventana de lo de Paula.

“Pantalla de la muerte y de la canción…
proyectos de un nuevo spaghetti del rock…”


Hace tan poco tiempo fue que me volví de Buenos Aires con la idea de escribir una historia absurda de un tipo que lo tenía todo, y acá estoy. Con un vermut dulzón, tres cubitos que sobrevivieron de un gouda especiero que tenía guardado para una ocasión especial, la chimenea prendida en esta penumbra azulada de fin de agosto, y ninguna ocasión especial. O sí… Tal vez hoy es una ocasión especial. A veces celebramos antes los eventos que luego serán perentorios, definitivos, y que antes simplemente los pudimos sentir. Y los celebramos.

“Cíclope de cristal
devora ambición…”


Mollo tampoco quiso escribir esta canción. Quiso escribir una queja sobre el contenido barato que le exigían hacer, y se le mezcló una mina, su mujer, Érika, y ya nada tuvo sentido. La canción lo mezcla todo.

“…vomita modelos de ficción.”

Es que a veces detrás de una historia, hay una vida. U otra historia. A veces atrás de una novela hay otra novela, y detrás de ella, una vida. Hay gente que vive una novela al margen de su vida. Y luego la escribe, y él mismo se cree su novela, sin poder alcanzar a ver su propia vida. Hay gente que no escribe nada, y vive su propia novela.

“Remontar el barrilete en esta tempestad…”

Se te puede juntar una mina con otra mina… con otra… Pero que además haya una mujer que viva en tu casa por las noches… Que viva y que vos no encuentres ni el más mínimo atisbo de su presencia… Es raro. Ya sospeché de mi salud mental y verifiqué la existencia de Paulita, no vaya a ser que me estuviese asomando a una esquizofrenia alarmante. También acampé afuera toda una noche, hice guardia en lo de Paulita… Hasta ahora no la volvimos a ver. Tampoco me la crucé en la calle.

“…sólo hará entender que ayer no es hoy…”

Me vuelven a pesar los párpados sin tener sueño. Es cansancio. Puro cansancio. Se me ocurre que esto puede ser un problema como el de tenerlo todo. Antes de eso hay que entender que el tenerlo todo es tenerlo sin esfuerzo, es tenerlo por añadidura, porque en algún momento conseguí una maquinita de hacer plata, y luego, la plata. O de conseguir minas, y luego las minas. O de lo que sea. Es lo que pasa cuando lo que buscabas con anhelo te lo encontrás hasta el hartazgo. Hasta mientras dormís, y sin siquiera saberlo. ¿No será ese el punto de mi novela? Un hombre que tiene todo lo que desea, que no significa tenerlo todo. Sólo le excede lo que desea. De sucederle así, ¿cómo se arregla eso…? ¿Qué pasa si descubro a mi fantasmita sensual y aparece otra mujer más?

“…que hoy es hoy…”

Tomé un largo trago. ¿Y si lo que deseo es un escape de lo que necesito…? Y si fuese así, ¿qué necesito…?

“…y que no soy actor de lo que fui.”

Me levanté, busqué mi laptop, me volví a sentar en el sillón frente a la chimenea, y empecé a teclear. De pronto la novela ya no era tan mala. Empecé imaginando la vida de un modelo publicitario, un hombre cuyo atractivo sería irresistible a las mujeres, pero enseguida invertí el asunto y me imaginé una situación mucho más real, la de una mujer tan sensual, tan linda, que todos los hombres le pareciesen poca cosa. Una mujer que siempre tenga otra opción de máxima para elegir, y que la elija, porque luego tendrá otra opción más, y otra más… Pero después pensé en hacer la historia de un tipo que convence a un grupo de personas para armar una manifestación, y que consigue mucha más gente de lo que creía, y que la misma gente le propone hacer una protesta nacional, y que luego lo postulan como candidato, y que luego, ya electo, le incitan a tomar el poder absoluto, y luego a ir por el mundo. La historia de todos nosotros si no encontrásemos un escollo en lo que anhelamos. Las teclas eran como las gotas de lluvia cayendo sobre un techo de chapa. No me podía detener. Me estaba pasando como a Mollo. Quería escribir sobre la abundancia, se me metieron las minas y terminé con una historia sobre la falta de un obstáculo. La impronta del límite.

A eso de las tres de la mañana levanté la mirada de la pantalla y descansé mis ojos en la ventana que da al jardín. La penumbra se rompía con algunas luces vecinas que pintaban trazos más brillantes en algunos sectores del pasto, en partes del cerco. Mientras miraba a la nada misma pensaba en la historia que, increíblemente, ahora empezaba a atraparme. Pensaba en dos personajes protagonistas cuando, aún con los ojos en la ventana, detecto que algo se mueve. De golpe, siento como si me despertara de mi abstracción literaria y miro con más detenimiento el jardín, pero es que era todo pasto y cerco. Por más que estuviese oscuro se podía ver claramente que no había nadie. Hasta que otro movimiento me hace mirar con más atención. Afuera todo era pasto y cerco, pero el vidrio reflejaba al mismo tiempo la luz prendida de la cocina detrás de mí, y en el umbral de la puerta de la cocina, la silueta de una mujer apoyada contra el marco de la puerta.



(Continuará…)

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