El ambiente estaba alborotado, un tanto convulsionado. El personal iba y venía, sin saber qué hacer, dejándose llevar por el caos. Era una situación compleja, se había roto las Ley más importante: no dejarse ver por ningún ser humano. Ser invisible siempre y que la participación se confunda con un milagro o un portento de la casualidad.
El encargado de las tareas estaba devastado, durante toda su carrera nunca tuvo un error, a pesar de ello fue removido de su cargo de manera inmediata.
Todos estaban azorados, se habían cometido errores pero nunca uno tan grosero. Se podían contar las plumas de las alas por la nitidez de la imagen, mientras se reproducía una y otra vez el video. Ahí estaba, un ángel perfecto intentando ser clandestino. Una cámara de seguridad lo captó.
Nadie sabía qué pasaría, lo probable es que cerraran el Comando de Ángeles y dispersaran a todos los trabajadores de la sección. Era un error muy grave. Entonces alguien tuvo una idea brillante y todos suspiraron aliviados, le echarían la culpa a una Inteligencia Artificial, ella sería la creadora del metraje, sería presentado como una broma de un software desquiciado e irresponsable. Esa era la solución. Pero ocurrió algo aún más inverosímil, las IA vigentes deslindaron su participación en el hecho mediante un comunicado conciso y certero, en el cual aseveraban que no tenían ninguna relación con el ángel captado en cámara y que lo atribuían a un evento milagroso.
Se llamaba Rubén y era nuevo en el tema de ser un ángel. Era un poco más alto y flaco que el común de sus congéneres, de pelo oscuro lacio y una nariz de tres ángeles juntos. También era distraído y tartamudo.
La noche en cuestión Rubén caminaba bajo una lluvia contumaz y congelada. Especulaba que nadie lo vería por el don de de invisibilidad que poseían los ángeles frente a los humanos.
Las luces de neón y de los semáforos se espejaban en el asfalto mojado.
Rubén sentía nostalgia por algo que no conocía y que seguramente no existía. Este hecho, importante y definitorio, lo llevó a ensimismarse y disfrutar de la lluvia pertinaz que, impertinente, se mezclaba con sus lágrimas. Es sabido que cuando los ángeles están tristes extienden sus alas y Rubén no fue la excepción. Caminó con el asombro de sus plumas meciéndose bajo la llovizna.
Entonces tropezó con una baldosa floja, cayó de bruces en un charco y generó un tsunami que asoló a un hormiguero y convirtió en submarino a un bicho bolita. En ese momento el sensor de movimiento de la cámara se activó y grabó el video verdadero de un ángel.
Rubén estaba devastado, cinco segundos de alta definición lo llevaron a la ruina.
Entonces ocurrió algo no tan inesperado, el fervor popular arremetió con una fe ciega, unas ansías de creer, de ver más allá y se empezaron ver ángeles en todos lados.
Ángeles en tostadas quemadas, ángeles en manchas de humedad de algún techo, ángeles en las formas de las nubes, en el humo de una chimenea… Ángeles por doquier, tantos eran que el video irrefutable pasó a ser uno más en la catarata de revelaciones.
En el Comando de Ángeles respiraron aliviados, a pesar de ello se establecieron protocolos más estrictos y trabajadores más avispados.
Rubén fue trasladado a la Sección de Reparación de Plumas, en donde se encuentra muy feliz hasta el día de hoy.
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2 comentarios en “Captado en cámara”
que lindo es leerte ameooo!!!
Muy bueno!! Gracias por compartir.