La penumbra de la mente | Octava Parte: encrucijada
Carla entra segura y confiada al interrogatorio pero rápidamente se quiebra, Cornejo la acecha como un animal en cacería y «la bestia» se va a ver acorralada.
Carla entra segura y confiada al interrogatorio pero rápidamente se quiebra, Cornejo la acecha como un animal en cacería y «la bestia» se va a ver acorralada.
La lluvia era cada vez más intensa y el paso para llegar a la casa del asesino se complicaba más y más. No obstante, Cornejo haría lo necesario, si bien tenía un millón de defectos, él tenía una virtud, y esta era su tenacidad. No se rendiría nunca, más ahora que descubrió quién fue el culpable de tan infamen crimen.
Cornejo sigue interrogando a diversas personas mientras lucha contra los fantasmas de su pasado, ¿podrá llegar a una conclusión antes de que todo se esfume?
Olivera, el papá de Clarisa, le confiesa a Cornejo su oscuro pasado. Una desgarradora historia donde el mismo detective se ve reflejado… y en el medio de su confesión aparecen varios datos importantes.
Las pesadillas acosaron al inspector en la primera noche después del interrogatorio. Soñaba que estaba encerrado en la casa, y que el homicida de Clarisa yacía oculto en las sombras, esperándolo, para darle el mismo final.
Matías da su extensa declaración, cuenta sobre su relación con Clarisa, sobre el amor que le tenía, sobre la espesa reputación de su novia. Cornejo va a intentar hacerlo declarar algo que lo implique como culpable… ¿lo logrará?
Cuando el inspector Cornejo ingreso en la habitación de Clarisa, no se jactó inmediatamente de que las tripas de la joven colgaban cual guirnalda de la ventana del dormitorio.
La emoción por volver a la fuerza del detective Cornejo se vio opacada cuando, al ingresar a la casa de la calle del Altillo, se encontró con la cabeza cercenada de Clarisa Olivera sobre la mesa del comedor.
Llega el fin del espeluznante cuento de terror del Sr. Zantata… la laguna los termina de envolver en su gélida trampa, quitándoles la poca lucidez mental que les quedaba.
Ya no había esperanza, solo la desesperación se cernía en la mente de Julián cuando el agua, tan pesada como grandes escombros de un terremoto, apretaban su pecho al punto de dejarlo sin aire; desvaneciéndose en lo más oscuro del abismo.
Julián seguía nadando internándose más en el abismo, sintiendo como criaturas deformes, lo rodeaban y amenazaban con comerlo.
Julián sabía que ya no había más opción, solo le quedaba arrogarse y aventurarse al abismo, después de todo, sabía que de cualquier forma moriría.
Julián no podía concebir con raciocinio la escena que sus ojos presenciaban: Mateo intentaba alcanzar el cuello de Juan Carlos y este último extendía su vida unos segundos más colocando su antebrazo para defenderse
Juan Carlos debía decidir: si ser devorado por las criaturas que circulaban debajo del agua o por su amigo Mateo. El muchacho ya estaba en el extremo de la balsa, sin escapatoria e imaginando como su amigo lo mordía en la yugular.
Los amigos se adentran en la silenciosa laguna y no pican nada, deciden quedarse hasta el anochecer, sin hacerle caso a las advertencias del anciano…. y todo se va a oscurecer.
Unos amigos se aventuran de pesca en una «laguna prohibida», un extraño hombre presagia algo funesto, pero los muchachos deciden seguir su plan.
Un hombre víctima de una cruel y brutal adicción decide intentar cambiar el rumbo de su vida.
La vida de Sofía, así como la de sus amigas, se había tornado más llevadera. Ella les contó sobre lo peculiar de su último encuentro con la parca. Las chicas se estaban asustadas por lo que podía llegar a pasar, sin embargo, se sentían más unidas que nunca. Llega el fin de este juego macabro.
Las semanas siguientes a la visita de la casa del brujo, sumado al dejaste del tratamiento, repercutieron en la salud y en el estado de ánimo de Sofía que, a pesar de ir a la escuela y de usar de mascara de “no pasa nada, estoy bien” frente a sus allegados, se sentía cada vez más sola.
En el ocaso de su vida, un escritor se encuentra confundido en la sima de un lugar de ensueño, perseguido por sus miedos, la furia y la culpa de haber sido un dios creador de letras.