Cuando es tan ciega la ciudad que no nos vemos

Creí verte cruzar la calle apurada, con tus libros de Cortazar y tu cuaderno rojo, pero al doblar la esquina desapareciste, o quizás sólo fue mi imaginación. Camino las calles como un loco, devorando recuerdos y buscándote en cada calle, en cada esquina, o tal vez esperando el tren, distraída, tarareando una canción de Serú Giran.

Me pareció verte entrar al pasaje San Martín, y cruce la calle corriendo para no dejarte ir, pero cuando entre no estabas más, y me encontré con un pasillo desierto y el grito de tu nombre atragantado.

Cruce a la librería de calle San Martín, y recorrí los estantes con la esperanza de verte hojear alguno de los libros que amabas leer y nunca comprabas. Pero no estabas ahí, con tu sonrisa pintada y tus ojos de acuarela, y me fui sin saber donde buscarte.

Caminé unas cuadras y me senté en un café, ese de la calle 9 de julio al que solíamos ir esas tardes frías, y nos quedábamos horas tomando café y buscándole parecidos a la gente con actores de cine, o discutiendo sobre la mejor película de Woody Allen, hasta que nos echaban por reírnos a carcajadas y nos íbamos avergonzados pero felices.

Fui hasta plaza España, y te busqué, pero no estabas tirada en el pasto, ni sentada en un columpio como solías hacer, ni tomando mate en los bancos. Deseaba tanto que aparecieras y jugaras a taparme los ojos y preguntar quien eras, juego que hacíamos siempre y nunca nos cansábamos de repetir.

Camine por Montevideo y te vi llegar al paseo Mitre. Corrí a tu lado con el corazón acelerado, y al llegar caí en la cuenta de que no eras vos, y que las ganas de verte, o quizás el reflejo del sol, me hicieron creer que te encontraba por fin.

Necesito saber donde te escondes, pregunte a todo el mundo por vos, busqué en cada calle, en cada esquina y ya empiezo a pensar que te he imaginado desde el principio. Demoré mi viaje a casa, sólo para ir tras tus recuerdos, pedazos de vos que te mantienen viva en mi, que me hacen creer que no te fuiste para siempre.

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4 comentarios en “Cuando es tan ciega la ciudad que no nos vemos”

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