Eterno atardecer – Prologo: «Enriedos de un nonito»
Soy un tipo mayor, un adulto mayor. Un nonito,…si. Vivo solo. Por momentos con un gato que aparece cuando le […]
Entrá a esta sección y encontrá todas las historias capituladas escritas por nosotros. Novelas de amor, de terror, de humor, de historia.
Soy un tipo mayor, un adulto mayor. Un nonito,…si. Vivo solo. Por momentos con un gato que aparece cuando le […]
Te dejamos con el capítulo 4 de esta sensual y picante historia relatada por la atrevida Nancy Botwin
Emma está perdida… camina lentamente por laberintos de roca firme. Intenta salir, no lo logra aún. No consigue ver luz
Negada a esperar todo el fin de semana, hasta que llegase el lunes y encontrarla a María subiendo al colectivo,
Cuando un animal se siente acorralado es capaz de cualquier cosa, fluye su heroísmo y honor. En aquel momento una
El Vicente nos invitó a pasar a la sacristía y abrió un ropero interminable, que topaba contra el techo. En
Te dejamos con el capítulo 3 de esta sensual y picante historia relatada por la atrevida Nancy Botwin
Creo que te deberías ir a pasar la noche en la iglesia, está oscureciendo. No abuela, me quedo acá, terminá
Fui rajando hasta el auto y saqué los papeles, la libretita amarilla, el libro con los raros signos adentro, y
Las semanas siguientes pasaron sin mayores novedades. Bueno, en realidad la novedad era esa. Hacía tiempo que necesitaba parar un
Te dejamos con el capítulo 2 de esta sensual y picante historia relatada por la atrevida Nancy Botwin
Tu abuela subió al altillo y bajó con un baúl lleno de polvo y vejez. Dentro había cientos de recortes
Pensé mucho en los aciertos de Amanda, la bruja. Había pasado todo tal cual lo dijo. El problema era que
Nancy arranca con el primer capítulo: “Profe, no sabe las ganas que tenía de tocarle las tetas…”
El viaje se hace interminable. Transitamos entre estaciones que detienen la marcha de a ratos, esas que de no ser
No te voy a dejar abuela. La casa temblaba más y más fuerte y como un avión que se avecina,
Sir Charles, se acercó con sus pasos en duelo hacia mi presencia estática. Me tomó del cuello con una mano,
Me quedé duro mirando fijo la mesa de Traviata y Teresita. ¡Ella estaba ahí con la copa en la mano,
¿Abuela?… ¿Abuela?… Colgás el teléfono y e intentas volver a llamarla. Nada, no hay tono. Miras el tubo, marcas de
“Crsh, crsh, crrqch…”, crujen nuestros pasos sobre la escarcha del césped congelado. En puntitas y lentos como una morsa, nos