Caleidoscopio: «El encuentro»
Miguel masticaba horas cada bocado mientras clavaba los ojos en Cami. Se había preocupado por lo que le gustaba Cami, […]
Miguel masticaba horas cada bocado mientras clavaba los ojos en Cami. Se había preocupado por lo que le gustaba Cami, […]
—Cami, no te puede quedar tan bien ese vestidito. —Gracias, Miguel. La galería de arte mostraba desde afuera tres esculturas
Pranna cerró los ojos e intentó dormir, aunque ya sabía que no lo iba a conseguir. Cada vez que lo
Vero llegó hasta la cocina y lo vio a Fran preparando dos tazas de café y una bandeja con tostadas
Fran entró al dormitorio y Vero, tapada, lo miró llegar. —Te traje la comida, Vero. Es todo sano, te va
Dejó los cubieros y juntó sus manos en un puño iluminado por las llamas de las velas y cubriendo su
— ¡Vero…! Vero ¿qué hacés acá? Vero no hablaba. Dudaba. No podía ser. Sintió rechazo, la estaban engañando. Sus ojos
Miguel Robles entró al despacho con una sonrisa divertida. En Roma ya estaba haciendo frío y se quitó la campera
Jacinto estaba contentísimo con su campo nuevo. Era chiquito, pero de buena tierra. La compra había sido barata a pesar
Fran no se enteró en el momento. Como todos se enteró mucho después. En ese momento a él le estaban
Fran salió de la reunión y al rato lo alcanzó Pranna. —Muy bien, Fran. Estuviste muy bien. —No, Rafa, hice
Bomur y Conep intentaban convencerme de que diga algo más llano, más simplón, pero yo estaba empecinado en mi decisión,
Vero llegó a Roma consciente de que le había dicho a Cami que iba para Madrid. El “detalle” era para
Vero volvió a la cama con la cabeza revuelta. Pranna le había metido tantas cosas… ¿Robles estaba actuando de la
Vero se fue de la embajada de Italia contenta y frustrada al mismo tiempo. El dato de que Vittoria viviese
Cami hablaba cómoda, lejos estaba en sus gestos y su mirada la inseguridad que reflejara cuando Lozano le había dicho
Vero entró al despacho y se sentó. -Contame cómo les fue en Roma–dijo Rafael Pranna. -Bueno, ya sabés… nos acostaron
La mesita de plástico estaba escondida por un mantel blanco con bordados también blancos, y sembrada de platitos y cubiertos.
-Chango, necesito que me hagas un favor. -Sí, decime, Eduardo. -Margaux no va a poder tener las destilerías y las
La pelota pica mal en el empedrado y sale hacia un costado, Fran queda corriendo en falso y el gordo