Arde el cielo

El cielo es ese lugar utópico que todos conocemos de mil formas. Cada ser humano inventa el suyo a su manera. Todos, creyentes y no creyentes tienen su cielo, como así también tienen su infierno.

El cielo no necesariamente esta expresado de una forma providencial, no, el cielo puede aparecer en cualquier momento y lugar. El amor, la tranquilidad, la familia, los amigos o cualquier cosa que nos haga realmente bien son formas de encontrar el cielo.

Sentirse caminar por esponjosas nubes, respirar aire puro, ver solo la benevolencia de las cosas, esa clase de sentidos divinos que uno experimente son las características de cada edén personal.

En mi caso, puedo encontrar el nirvana (por suerte) de mil maneras diferentes que sería totalmente redundante enumerar. Solo diré que todos los días puedo darme una vuelta por mi cielo.

Afortunados dirán algunos… afortunado. Pero créanme que estoy lejos de serlo.

Creo que de alguna forma tengo mi propio karma instantáneo, porque así como me es fácil alcanzar mi lugar especial, es fácil que se derrumbe en mil pedazos y que quede al descubierto el infierno.

El infierno, ese lugar al que todos los hombres le tememos. Ese rincón de pesadillas a punto de inmolarse por propia reacción en contra de todos nuestros preciados sentimientos. Ese lugar donde la metamorfosis de las emociones se lleva a cabo con total éxito.

A cualquier cielo solo le hace falta un pequeño detonante para que todo se vuelva un infierno. Y por lo general es por causas exteriores, por causas de terceros. Y es que el mismo ser humano tienen como propósito oculto en la parte más podrida de su ser el de acabar con el cielo ajeno y convertirlo en un infierno.

Pero ¿Qué pasa cuando se juntan un grupo de personas empecinadas en abatir tu paz? ¿Cuál es el efecto que los lleva a golpearnos una y otra vez sin moral? ¿Es acaso tan fuerte el deseo de ver el cielo ajeno reducido en cenizas que logra que varias personas se junten para masacrarnos? Muchas veces me convenzo de que es así, de que si uno no está bien consigo mismo, no está bien con nadie más. Buscaran tu lado más débil o tu lado más expuesto y arremeterán contra él. No descansaran hasta ver las puertas de tu infierno resurgir de la nada. Hasta que tu nirvana arda en llamas. Y una vez que te dejen por el suelo, que te vean sumergido en lo peor de vos, solo así se detendrán.

El cielo, el infierno. Todo es relativo, no pueden existir el uno sin el otro. A estas alturas sabemos con seguridad que el humano destruye al humano, pero no puede existir el uno sin el otro. Todo es relativo… maléficamente relativo.

La conclusión que más asusta es que ninguna persona está exenta a esta cruda naturaleza humana, no quiere decir que por ser nosotros los atacados no ataquemos. A nosotros también nos encanta ver el cielo del otro ardiendo en las cenizas de su propio infierno. No voy a dudar en citar a Nietzsche: “Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.”

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14 comentarios en “Arde el cielo”

  1. «…así como me es fácil alcanzar mi lugar especial, es fácil que se derrumbe en mil pedazos y que quede al descubierto el infierno».

    Me quedo con esta frase… Diem Carpé, me encanta cómo escribís!!

  2. Entre el cielo y el infierno existe una tierra, un mundo, y entonces la vida pierde algún dramatismo. Esto implica reconocer que cuando caemos del cielo, no caemos al infierno, y que cuando salimos del infierno, no necesariamente llegamos al nirvana. Hay un punto medio que, al aceptarlo, nos obliga a ver que la vida la hacemos nosotros, y no nos «toca» por azar. En esa «tierra» nos hacemos cargo del daño que hacemos, y entendemos que lo que hacen los demás siempre fue una posibilidad que existió. En esa tierra sabemos que no somos tan buenos como nos gustaría, ni tan malos como nos acusan.

    El creer que ese prójimo iba a hacer algo que nos lleve o nos mantenga en el Nirvana, ese pensamiento, ese es el infierno. Porque llegar al Nirvana depende de nosotros, y el otro pensamiento nos hace esperar que al cielo nos lleven los demás por méritos que no tenemos (no tenemos porque no estamos ahí, sino estaríamos ahí).

    Excelente, Diem!! Muy interesante! Como siempre, me encantan tus notas.

    1. Marcos, genial como siempre. Creo que tocaste una parte de los sentimientos humanos que omití por completo…y que creo que todos nos salteamos en algún momento. La parte intermedia, la «tierra». Creo que todos estamos mas preocupados por adivinar si estamos experimentado un cielo o un infierno, que nos olvidamos rápidamente de lo tangible y verdadero que es vivir.

      Da mucho que pensar Marcos. Ahora, ¿te das cuenta que sos un groso no? Un abrazo muy grande hermano ¡Gracias por pasarte!
      Y aprovecho para decirte que espero con ansias tu próxima entrega.

  3. Sos copado. Contactate conmigo salimos de copas y escribimos algo juntos o en todo caso, creamos una idea que exprimimos los dos por separado. Eso también estaría bueno. Estaré a la espera de algún mensaje suyo estimado colega!

  4. Sos copado. Contactate conmigo salimos de copas y escribimos algo juntos o en todo caso, creamos una idea que exprimimos los dos por separado. Eso también estaría bueno. Estaré a la espera de algún mensaje suyo estimado colega!

  5. «El amor, la tranquilidad, la familia, los amigos o cualquier cosa que nos haga realmente bien son formas de encontrar el cielo» (…)
    creo que depende de cada uno formar ese cielo e instalarse ahi…..a pesar de los bajones, depende de nosotros mirar lo bueno que nos rodea y no quedarnos con éstos bajones….TODO DEPENDE ABOSOLUTAMENTE DE NOSOTROS

  6. Perdon por lo desubicado que voy a ser, pero esto me sono mucho al aparato peronista, no puedo sacarle palabras, es el todo:

    «Pero ¿Qué pasa cuando se juntan un grupo de personas empecinadas en abatir tu paz? ¿Cuál es el efecto que los lleva a golpearnos una y otra vez sin moral? ¿Es acaso tan fuerte el deseo de ver el cielo ajeno reducido en cenizas que logra que varias personas se junten para masacrarnos? Muchas veces me convenzo de que es así, de que si uno no está bien consigo mismo, no está bien con nadie más. Buscaran tu lado más débil o tu lado más expuesto y arremeterán contra él. No descansaran hasta ver las puertas de tu infierno resurgir de la nada. Hasta que tu nirvana arda en llamas. Y una vez que te dejen por el suelo, que te vean sumergido en lo peor de vos, solo así se detendrán.»

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